54.-Las partituras.

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Quizá no sea una verdadera pianista, quizá sólo sea una intérprete de piano.

Traté de componer una canción para mi perro, y él no ayudó mucho, me ignoró.
Frustrada de ese ambiente, decidí ir al bosque, donde estaba la pianola pegada al árbol, para perder la noción del tiempo, y componer algo por mí misma, sin necesidad de ti o de la escuela. Y con naturaleza inspirándome en vez de los ladridos de mi perro.

Mala idea, muy mala idea. Los mosquitos se esconden en el bosque, y me molestaron, no podía tocar con gusto. ¿Cómo es posible que la primera vez que vine aquí no sucedió eso? ¿Por qué las cosas salen perfectas solo cuando estás tú?
Me desesperé por segunda vez. Estaba a punto de irme cuando apareciste.

— ¿Qué estás haciendo aquí?—preguntaste poniendo tu guitarra en el césped.

—Tú—sonreí, tan sólo verte cambió mi estado de ánimo—. Me alegra verte.

—Estoy de paso, ayer olvidé unas partituras adentro de la pianola. Sólo vine por ellas.

—Ah—aun así seguí entusiasmada—¿Son ensayos para tu disco?

—Exactamente—sacaste las partituras de una parte trasera de la pianola, por un trozo de madera que está roto.

— ¿Por qué las escondes ahí?—pregunté.

—Nadie se imagina que haya algo de valor ahí, solemos deducir las cosas por su apariencia, así que es un escondite muy bueno.

—Curioso—respondí —¿Puedo verlas?—me entregaste las partituras y las examiné con ritmo en mi cabeza—. Suenan bien.

—Gracias—cogiste tu guitarra para retirarte.

—Oye espera...—volviste hacia mí—. Ya que hablamos de partituras me gustaría saber si me puedes prestar las que hemos escrito, para que me dé una idea ya que voy...

—Tengo que decirte algo sobre eso—resoplaste—. Ya no las ocuparé para mi disco.

— ¿En serio?—por un momento me entristeció, sin embargo, me di cuenta que tenías razón, lo mejor sería que no las usaras—. Está bien, no son profesionales, podían haber hecho un mal trabajo en tu proyecto. No importa.

—¿De verdad lo entiendes?

—Claro, todo con tal de que sea lo mejor para ti y para tu disquera.

—Me quitas un peso de encima—suspiraste con tranquilidad—. Bueno, no te quito más el tiempo.

—Aguarda—quise detenerte—. Ya que no las utilizas... ¿Me las puedo quedar? También tengo algo que contarte.

—Manos locas de pianista...—hiciste una pausa buscando las palabras—. Quemé las partituras.

— ¿Qué? no, no puede ser ¿estás de broma?—repliqué.

—No, lo hice ayer en esta mismo lugar—esa fue la gota que derramó el vaso.

— ¿Y lo dices así como si nada hubiera pasado?—comencé a alterarme.

—No eran tan importantes ¿O sí? —de nuevo volviste a dejar tu guitarra en el pasto.

—¡Por supuesto! ¡Fueron nuestras primeras composiciones! Momentos de nosotros, se podría decir que eran como si nos tomáramos fotos, tenía tantos recuerdo ahí. Aparte las quería para darme una idea de las composiciones que quiera lograr hacer, sólo que por mi cuenta.

—Perdóname. No es para tanto, luego podemos hacer más.

—¿Eso crees? ¿Y cuándo piensas que lo haremos? Nunca tienes tiempo–reclamé.

—Por favor, sólo son hojas de papel.

—No, no son únicamente las partituras, estoy luchando con decir que nada ha cambiado, pero en realidad sí. Ahora cada vez que nos vemos me tratas como si fuera una persona a la que acabas de conocer. ¿Qué paso contigo? Te has vuelto tan egoísta, sólo piensas en ti, ya no me cuentas secretos, sueños, o anhelos; te has alejado de mí  y de tus amigos, tu madre me hablo ayer diciendo que ha tenido problemas contigo, nosotros también los tenemos, pero he tratado de ignorarlos y darte mi apoyo, y ni siquiera le das importancia a eso.

—Es complicado.

—Di algo en verdad por favor, me preocupo por ti... y por nuestra relación.

—Nada es para siempre—respondiste y me retaste con la mirada.

No conocía en absoluto al chico con el que estaba peleando, tus palabras eran hirientes, con cacofonía, tu rostro yacía rígido y el mío pálido.

—Tienes razón, nada es para siempre... Ni siquiera tu guitarra.

Te quedaste absorto mientras yo me dirigí a la salida del bosque, pero antes regresé para agregar algo más:
—Y no sólo estás quemando las partituras, estás quemando lo nuestro.

A un músicoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora