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Jamie entró por la ventana del cuarto de Liam. Llevaba el cabello revuelto y los pies descalzos.
-No me gusta que desaparezcas.-dijo su hermano y ella se metió en la cama a su lado.
-A veces es necesario desaparecer un rato. -dijo ella.
-Yo no quiero que desaparezcas.
-Lo sé. Pero esto va mas allá de lo que queres o no. Yo no puedo evitarlo. Pero siempre vuelvo.
Los brazos de Liam se ajustaron a su alrededor y él besó su frente.
-Dormí, Jamie.

Zayn se había ido hacía ya tres largos días. Jamie, sin embargo, aún usaba su anillo.
No había asistido a la escuela ni había salido por el día, no quería hacerlo. Solo quería permanecer con Liam, sabía que él la ayudaría a sanar ese ardor incesante que le quemaba el pecho y amenazaba con destruirla por completo.

Despertó mientras su hermano la cambiaba, colocándole el uniforme y atándole el cabello.
-No quiero que me dejes.-susurró ella.
-No voy a dejarte.-aseguró él y la sentó, besando sus mejillas y frente.
-Te amo, Liam.
-Yo te amo todavía más. -dijo él.- Ahora vamos, te voy a preparar una rica chocolatada.
Ambos bajaron y Liam le dio su medicina mientras la chocolatada se calentaba. Jamie la bebió sin ánimo alguno y se dejó caer contra la silla.
Al salir, ella no pudo evitar mirar el lugar donde solía estar el auto de Zayn, ese lugar que ahora permanecía vacío.
Liam arrancó y le tomó la mano. Jamie inspiró profundo y cerró sus ojos, intentando olvidar al moreno.
-Te prometo que voy a hacer que todo esté bien.
-Quiero quedarme con vos siempre.
-No esperaba que fuera de otro modo.-dijo él.
La verdad es que Liam no se arrepentía de lo que había hecho. Sabía que el dolor pasaría y él estaría ahí para hacer que ocurra. Él cuidaría de su hermana y no dejaría que nadie la dañara.
Cuando se detuvieron en la escuela, todos voltearon a verlos como el primer día. Niall y Louis se acercaron con rapidez. Mientras el rubio abrazaba a Jamie, el chico de los ojos azules miraba a Liam con reproche y advertencia.
Entonces lo supo, Louis había hablado con Zayn y estaba al tanto de todo. Cuando se acercó a Jamie, Liam dio un paso al frente y él alzó una ceja en su dirección.
El chico se había vuelto una amenaza y, si intentaba apartarlo, contaría todo y Jamie lo odiaría por el resto de su vida. Retrocedió y contuvo las ganas de apartarlo cuando ella se hundió en sus brazos.
-¿Estás bien?-preguntó.
-Voy a estarlo, creo.-dijo ella.-Supongo que eso está bien.
-Vayamos a clase, preciosa. Después podemos ir a pasear un poco.
-Creo que voy a quedarme en casa.-dijo ella en un susurro y entró en el lugar.
Cada uno se metió en su clase y el día se les volvió eterno.
Jamie caminó por el pasillo hasta chocar con su hermano. Él la rodeó con sus brazos.
-¿Podemos ir a casa?-preguntó en un susurro.
Su hermano asintió y le acarició la mejilla con preocupación. Caminó al auto, ella vio a Harry luchando con el cierre de su campera de cuero. Sonrió con suavidad y él la miró unos instantes. Alzó su teléfono y ella asintió para luego subir al auto.

Sonreí, preciosa.-H

No es el fin del mundo.-H.

¿Cómo podes estar tan seguro?- J.

No voy a permitir que sea el fin del mundo.- H.

-¿Con quién hablas? -preguntó Liam.
-Con Louis.-mintió ella.
Liam frenó de golpe porque se le cruzó un perro y ella se fue hacia adelante.
-Perro de mierda.-gritó el chico y Jamie volvió a ponerse contra el asiento con cuidado.-Ponete el cinturón, Jamie.
Ella obedeció con las lágrimas quemando en los ojos. Ocultó la muñeca en los pliegues de su campera y miró por la ventana.
Liam arrancó nuevamente y encendió la música en un intento por tranquilizarse. Escuchó como ella se sorvía la nariz y aparcó a un lado.
-¿Jamie?-preguntó suavemente. La chica volteó y le rodeó el cuello con ambos brazos.-Tranquila, nena. Solo fue un susto. No pasó nada.
Le sacó el cinturón y la pasó a sus piernas, abrazándola con fuerza. Jamie no parecía calmarse, estaba asustada y temblaba suavemente.
-Shh... Todo está bien. No pasó nada. No pasó nada.-ella lo miró pasando sus dedos sobre las lágrimas y deshaciéndose de ellas.-¿Te asustaste?-ella asintió.- Estamos bien. ¿Ves? Nada pasó.
Permanecieron así un largo rato hasta que Jamie se calmó. Volvió a su asiento y su hermano le tomó la mano, entrelazando sus dedos.
-Me duele la muñeca. -murmuró ella. Liam la miró y frenó frente a la casa. Tocó con suavidad su muñeca y le besó la frente.
-Solo es una torcedura. Vamos a ponerle hielo, ¿si?-ella asintió.- ¿Queres comer algo? -Jamie volvió a asentir.
Entraron en la casa y Liam se puso a cocinar mientras ella lo miraba con el hielo contra la muñeca.
-¿Puedo quedarme acá hoy?-preguntó ella.
-¿No queres ir a buscar a mamá y a papá? -ella no respondió y él comprendió que no quería ir al aeropuerto.- Está bien. No voy a tardar mucho.
-¿Llevas tu teléfono? -preguntó ella.
Liam se paró frente a ella y le tomó el rostro entre las manos, acariciándole las mejillas con los dedos.
-Llevo mi teléfono y podes llamarme todas las veces que quieras. Voy a tardar poco y, cuando vuelva, vamos a hacer lo que vos quieras.
Ella asintió y ambos se sentaron a comer.
Liam la miró unos largos minutos sin poder ignorar el hecho de que ella casi no tocaba su comida.
Sabía que él había causado todo eso, pero no encontraba ni una pizca de arrepentimiento en su interior.




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