Capítulo 2 -

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Capítulo 2

Pelea en el mesón.

      –¡Maldito patán! –gritó MacBheann cuando llegó finalmente a la taberna donde se había emborrachado el día anterior. Mervin estaba comiendo cuando dejó de masticar un trozo de pollo y le miró de soslayo algo confuso.

      Gilbride había aparecido por la puerta dando un fuerte portazo y se acercó con celeridad a él cuando lo encontró.

       –¿Patán? –preguntó tras masticar y tragar.

      Su mejor amigo tomó asiento y la silla crujió bajo su peso. Mervin reparó en las facciones tensas de Gilb y supuso que venía a culparle a él de alguna cosa. Que Dios le diese fuerzas para aguantar el mal genio de ese rudo salvaje.

      –¡Hay una mujer en mi casa!

      –Felicidades, ¿eso es bueno? –Bromeó Mervin. 

      Gilb le agarró de una oreja y tiró con fuerza haciéndole gritar.

      –¡Au! ¿Qué mosca te ha picado? –chilló atizándole un puñetazo a Gilb en el muslo y éste se lo devolvió triplicado y Mervin casi cae de la silla.

      –¡Ay!

      –¿Piensas que me puedo quedar de brazos cruzados?

      –¡Es que no se dé qué me estás hablando, Gilbride! ¡Deja de zurrarme!

      –¡Me has metido a una moza en casa! –lo acusó–. Buena actriz tengo que recalcar. ¡Esa niña me ha echado de mi propiedad alegando que la casa estaba abandonada y que no tengo ningún derecho sobre ella! No contenta con la victoria, me dice que puedo pasar de vez en cuando a visitarla! ¿Quién es la mujer, Mervin?

      A Gilb la guerra lo había dejado tonto. Tanto golpe en la cabeza y caídas le habían dejado el cerebro machacado, hecho puré.

      Cuando Mervin se hubo colocado de nuevo en la silla y puesto distancia entre los puños del highlander y él, cogió su jarra de vino y bebió de forma lenta, mirándole por encima del borde.

      –Yo no te he metido a ninguna moza en ninguna casa. –Dejó la jarra a su lado y siguió comiendo, pero de vez en cuando vigilaba a Gilbride, porque era difícil de predecir. Maldito animal…

      –¿Seguro?

      –En el hipotético caso que sea yo el culpable, no tienes pruebas contra mí. Además, no me he movido de la zona para buscar a ninguna actriz.

      –Pues entonces han ocupado mi casa. ¡Me han robado! – al asimilar la fatídica noticia se aterró–. ¡Esa niña vive con una veintena de gatos! Maldita sean los dioses, me pica todo el cuerpo. –Se rascó el cuello y los hombros–. ¿Cómo tengo la espalda?

      Mervin extendió el brazo y enganchó el bajo de la camisa para levantársela.     

      –La tienes llena de manchas rojas –acarició algunas con los dedos y Gilbride se encorvó buscando que Mervin le rascase con las uñas–. ¿Dices que una niña te ha quitado el hogar?

      –Una muchacha más bien, no creo que tenga más de diecisiete años...

      –¡Oooh, que terrible tragedia! –expresó burlesco–. Te lo tienes bien merecido, te dije que esa casa era tentadora y que un día volverías y no serías el señor indiscutible de villa idiota. –Sonrió.

      Gilbride se acarició las puntas del cabello, jugando con los adornos de las trenzas y le contó con todo lujo de detalles el descubrimiento de la chica, hasta que había pensado que él la había contratado para asustarlo. Mervin no pudo remediar escupir el vino y ponerse a reír a voces como una vieja chiflada.

Highlands- published 2013 Editorial Circulo Rojo +18 ©¡Lee esta historia GRATIS!