2. Alas rotas

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Aomine se levantó de un salto, dio un par de pasos hacia la pareja de enamorados y... Antes de que pudiera llegar hasta donde se encontraban se detuvo. Parecía ahora una estatua, con los puños fuertemente cerrados, la espalda tensa, los músculos se contrajeron, la tensión que irradiaba me llegaba hasta donde yo me encontraba sentado, completamente perplejo debido a la situación que se desarrollaba delante mío.

Aomine limpió sus lágrimas con su muñeca, dio media vuelta, caminó hacia mi dirección me levantó con brusquedad y me arrastró fuera de aquella cancha, todo se tornó confuso, deambuló en completo silencio sujetando mi mano por largo tiempo, como si no notara que yo estaba ahí.

No me atrevía a romper aquella atmósfera, seguí a Aomine hasta la entrada de mi departamento.
-Lamento... Lamento lo que sucedió, Kise- había creído que él se había olvidado de mí durante el camino pero no fue así, me había llevado a casa. La voz de Aomine estaba a punto de ser quebrada por el dolor, yo lo observé por un largo tiempo y por fin logré decir -No te preocupes, yo solo estoy preocupado por ti Aominechii, veo que te ha afectado el verlos juntos, no sabía que ellos tenían ese tipo de relación...-

No obtuve respuesta, así que continué -Ahora entiendo por qué regresaste, pero ¿cómo te enteraste?- hubo una breve pausa y por fin articuló palabra -Me enteré hace mucho, ellos llevan una relación bastante larga...- la noticia me sorprendió y le interrumpí -Si ya lo sabías, ¿por qué reaccionaste de esa manera?, por un momento pensé que golpearías a Kagamichii cuando besó a Kurokochii- él me miró con enojo así que añadí -Entonces, es cierto que tú estás enamorado de Kurokochii, ¿no es así?- el aludido frunció el ceño y con voz cortada respondió -Será mejor que entres y no te metas en asuntos que no te incumben, lamento haber arruinado la noche, nos vemos- se dio la vuelta y se marchó.

Me quedé contemplando su espalda, temí haber arruinado todo y corrí hacia él, lo tomé del brazo para encararlo -¡Espera!, no te vayas así, ok, lo siento no debí meterme donde no me llaman, no volverá a pasar, pero por favor, no me alejes, Aominechii- esperé ansioso y entre las sombras contemplé su rostro, parecía extrañado por mi forma de hablar, tal vez en ese momento mi rostro lucía ansioso, suspiró por un momento y cambió el semblante -Eres un idiota, antes de encontrarnos con ellos me la había pasado realmente bien, es más me siento bien cuando estoy contigo, no te alejaría- hizo un pausa y mi corazón se aceleró, él sonrió y continuó -Además si te vas ¿quién me divertirá como tú lo haces? Mejor quédate y pasemos un buen rato, Rubia-. 

De nuevo tenía frente a mí al antiguo Aomine, yo me sentí aliviado y algo molesto -¡Basta! Deja de llamarme así, no me gusta- él desordenó mi cabello mientras me calmaba -Ya, ya, no llores, Kise- le retiré la mano, ordené mi cabello y me alejé un poco apuntándolo con el dedo -A partir de ahora, hasta que tus vacaciones terminen, pasarás conmigo todo tu tiempo- él se empezó a reír a carcajadas -Y así se desperdiciará mi tiempo... Bien ya entendí el punto, entonces ¿quedamos mañana?- Sonreí ampliamente al oír su propuesta -Claro, nos vemos- di la vuelta para una salida súper genial pero su voz me detuvo.

-Gracias, Kise- me quedé, paralizado, observando la entrada de mi casa sin poder encararlo, -No hay nada que agradecer, Aominechii- aguardé una respuesta, sin poder mirarlo y él comenzó a hablar -Creo que al menos hoy, he podido liberar mucho de lo que he mantenido en mi corazón y confesarle a un amigo que estoy enamorado de un imposible me aligeró la carga- sonreí, y me di la vuelta -Yo estaré aquí, apoyándote siempre, no importa lo que hagas- me di la vuelta una vez más y entré a mi casa sin esperar su respuesta o sin siquiera meditar sobre esa expresión que puso al escuchar mis palabras, quizá antes de irme escuché una pequeña risilla pero de eso nunca tuve certeza.

Esa noche medité mucho sobre mi reacción, sobre el pensamiento de querer ser yo a quien él amara y el dolor que me daba no poder serlo. Pero en aquel momento me negué a creer que yo estuviera enamorado de Aomine, no podía afrontar que, aquel al que había visto siempre con admiración y después un rival a vencer, provocara en mí algo más que una amistad, los sentimientos siempre suelen confundir a la gente, a veces las circunstancias te llevaban a sentir algo de lo que no estás cien por ciento seguro y quizá eso es lo que me pasaba con Aomine, tal vez el no haberlo visto por tanto tiempo y su repentina aparición y esa verdad que yo creía saber me hacían confundir mis sentimientos, pero entonces ¿por qué no sabía cómo afrontar el dolor de no ser yo al que amara? Si ese dolor era causado por celos... tal vez yo sí sentía algo, ese pensamiento me atormentó bastante tiempo y como un niño que huye de sus miedos me refugié en el sueño, creyendo que las cosas mejorarían en un estado donde las ilusiones sí podían hacerse realidad, pero parecía que el destino jugaba conmigo porque aun en sueños no logré conciliar mis deseos.

Cerré los ojos lentamente, el cuerpo cedió poco a poco, mi mente ya no me pertenecía, ahora me encontraba en otro mundo. Esa noche dormí profundamente pero entre pesadillas, entre fragmentos de recuerdos donde Aomine y Kuroko protagonizaban una historia de amistad y después una bella historia de amor. El dolor de verlos juntos, produjo en mí una tristeza indescriptible, no podía fingir que ahí la felicidad de Aomine me resultara grata, porque la sonrisa de Aomine amplia y franca, me producía una impotencia infinita, lo único que podía pensar era "no soy la causa de su felicidad, y no podré serlo", la idea se enraizó tan profundo que me costaba pelear contra el dolor que me causaba.

Pero el sueño seguía su curso, tras un momento de felicidad pura de la pareja que yacía felizmente enamorada, el sueño se desvaneció en cristales que se convirtieron en trozos de espejos y al caer en una especie de suelo oscuro, los trozos se fundían y formaban un espejo enorme en el cual podía verme completamente solo, entre tinieblas, con la expresión desencajada como si lo que estuviera viendo no fuera creíble, el ceño fruncido la boca un poco abierta con los labios partidos, la piel lucía marchita y los ojos, carentes de vida, sabía que era yo pero también era incapaz de reconocerme. 

Poco a poco mi mirada descendió, mi cuerpo desnudo, en completa decadencia, se hallaba, y en mis manos yacían un par de alas negras de aspecto frágil. Cuando quise levantarlas para apreciarlas mejor, éstas se desmoronaron sin que yo pudiera hacer nada. Cuando nada quedó en mis manos sentí un raro sentimiento, no me conmovió, no lloré, mucho menos me sentí vacío, es como si el ver la destrucción de las alas no me importase, pero había algo que seguía siendo melancólico.

Este sueño se repitió cada noche, y siempre acaba igual, una repetición asquerosa donde yo solo era un espectador, nunca pude cambiar ese aspecto, porque ahí yo resultaba ser solo un estorbo. Cada noche me despertaba con dos preguntas en los labios -¿Por qué las alas están rotas? ¿Acaso nunca podré volar con ellas hasta donde estás?- pero estas preguntas jamás fueron respondidas...

Continuará...

Estrellas en el firmamento ~Kuroko no Basket~Donde viven las historias. Descúbrelo ahora