2 - Uɴ áɴɢᴇʟ ᴄᴀɪᴅᴏ ᴅᴇʟ ᴄɪᴇʟᴏ

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El chico que me habia hablado hace unos segundos atrás, se sentó en el banquito que estaba al lado del mio. Lo observé rápido con cierta desconfianza; llevaba puesto una campera negra con capucha, tenia una gorra y lentes negros de sol... ¿Por qué estaba vestido de esa manera dentro de un boliche? parecia un delincuente, en serio.

No logre ver su rostro con claridad por la cierta oscuridad que abundaba justamente en la parte donde estábamos.

¿Disculpá? no te escuché bien —dije levantando la voz y señalándome un oído.

Eh... —carraspeó su garganta— Si es la primera vez que tomás —reiteró fuerte sin mirarme. Cuando escuché su voz se me puso la piel de gallina. Su voz, se me hacia muy conocida pero no me acordaba de donde la habia escuchado... mierda.

No, tomo de vez en cuando... —contesté su pregunta.

Ah, somos dos —soltó una pequeña risa sin gracia, aún seguía sin mirarme.

Eh... bien ahí —Yo le sonreí y luego volvi a mi expresión normal. Al parecer queria iniciar una conversación, pero qué extraño fue.

Él le pidió una Corona helada al señor que atendia en la barra que por poco se convertía en mi amigo por estar tanto rato ahí. Su celular comenzó a sonar muchas veces de una manera irritante.

¿Hola? —esperó unos segundos— Ah, hola linda —contestó con una voz algo seductora— Si, estoy acá, donde acordamos. ¿Vas a venir? Ajá, buenisimo. Si si, obvio que te espero hermosa...

Parecia estar hablando con su novia, asi que mejor decidí no darle más importancia. Igualmente él se levanto y se fue a la parte de atrás para seguir con la llamada. No pude evitar soltar un suspiro de alivio.

...

No sé en que momento el boliche se habia llenado aún más de gente. Ya habian parejitas chapando, grupos grandes de chicos y chicas más adolescentes en el centro de la pista bailando al compás de la música. Hubo un hombre, de aproximadamente cuarenta años que se me acercó hasta la barra y me invitó a bailar. Era obvio que tenia otras intenciones se notaba desde kilómetros. Su cara de degenerado lo mandaba al frente. Le rechacé, si. Sinceramente me dio asco y aparte no me gustaba bailar mucho. Ni siquiera sabia por qué continuaba en ese lugar.

Yo no era de ese tipo de personas que salian todos los santos fines de semana. Era todo lo contrario. Preferia mil veces quedarme en casa tranquila, estudiando, escuchando música a todo volúmen o mirando mi serie favorita, antes que andar en lugares que... quien sabe, te puede llegar a pasar algo. Esa noche habia hecho una excepción y sólo por mi amiga que no la veia hace mucho.

Saqué mi celular de la cartera y me fije la hora; las una y veinte de la madrugada. Tenía algunos mensajes de Sol que no leí y que tampoco iba a leer. Seguro eran puras disculpas pero ya era tarde.

Le dí el último sorbo a mi jugo de frutilla que pedí después del horrible vodka, y agarré mis cosas para irme. Me metí entre toda la gente donde casi me muero del calor por buscar la salida. Antes de abrir la bendita puerta, hubo un grupo de chicas que pasaron corriendo como locas, casi llevándome por delante. Se dirigian no sé a donde. No entendía el porque de tanto apuro pero solté varias puteadas. Suspiré irritada y por fin estaba afuera.

Apenas sali sentí una brisa que me congeló hasta el alma, hacia un frio de la puta madre pero me parecio un completo alivio comparandolo con la temperatura de ahi adentro. Me coloqué la campera de cuero que sostenia en mi brazo (que era lo mismo que ponerse nada porque el frío traspasaba igual) y me quedé ahí, pensando en como iba a volverme a Capital. Puta madre, eso no lo habia planeado. Para colmo no pasaba ni un taxi.

Di la vuelta a la manzana para ver si pasaba alguno, pero no. La calle estaba literalmente desierta y daba mala espina que no ande circulando ninguna persona.

Mientras caminaba de vuelta a la entrada, escuché pasos detrás de mi. Comencé a temblar y no se si del frío o del miedo, pero los pasos se hacian escuchar mas y más cerca y tenia la certeza de que algo malo iba a pasar.

Sentí como alguien me agarró bruscamente y me apoyó contra una de las paredes. Me quedé estática al ver al hombre que me habia invitado a "bailar" hace unas horas atras. Estaba a punto de gritar pero alcanzó a taparme la boca con su asquerosa mano.

Shh. No grites, muñequita. No te conviene —una sonrisa burlona aparecio en su rostro. Sus oscuros ojos se posaron en mis pechos y en el momento que tuvo la intención de tocarlos, saqué su mano bruscamente de mi boca.

¡Soltame, viejo asqueroso! —logré escupirle en la cara. Estaba a punto de llorar pero no lo iba a hacer al frente de esa mugre.

¿Asqueroso? —él se limpió y su risa me causó un profundo miedo más del que ya tenia— ¿Querés ver lo que puede llegar a hacer este viejo asqueroso? —quiso subir mi vestido pero le quité la mano y lo empujé. Me lancé a correr pero fue en vano porque me alcanzó y respondió con una fuerte bofeteada en mi cara, llegando a marcarme.

¡Podria ser tu hija, loco! ¡¡soltame!! —lloré con desespero cuando me aprisionó de nuevo. Mi mente estaba a punto de bloquearse y las piernas no me respondian.

Yo te voy a enseñar lo es bueno, bebé —comenzó a manosear mis piernas de una manera repugnante.

Esto no podía estar pasándome...

¿¡Qué haces!? —mi corazón se aceleró y golpeé sus brazos inutilmente— ¡¡Ey, no!! —Grité todo lo que podia, lo que mi garganta me permitia. Traté de soltarme las veces posibles de su agarré pero tenia demasiadas fuerzas.

De pronto, pasó algo que no me lo esperaba.

Che, ¡te dijo que la sueltes! —aquel chico de melena rubia, apareció de la nada a defenderme— ¿no escuchaste?

¿Y quien sos vos? ¡Tomatelás pibe! —dijo el imbécil, prestando su atención al chico. Sin darse cuenta aflojo la fuerza que tenia sobre mi cuerpo y pude pegarle un empujón debilucho que permitió liberarme pero por pocos segundos. Me volvió a apretar de la muñeca por acto de reflejo y me dejó esta vez en el suelo con brusquedad, logrando así lastimarme. Gemí de dolor al sentir como el asfalto ramillaba mis piernas y brazos— ¡Te quedas acá zorrita!

¿No estás un poco mayor para andar acosando pibas en la calle? —el rubio se aproximó lo suficiente para estar frente a frente del otro. Desde el suelo pude notar que tenia sus puños cerrados y apretaba con fuerza, tomando un color rojizo— ¿Por qué mejor no vas a laburar o te internas en un geriátrico? ¡La puta que te parió!

El hombre enfurecido intentó pegarle tras el insulto pero el de melena fue más rápido. Actuó al instante proporcionandole el mejor puñetazo que vi en la vida. Lo dejó en el suelo un buen rato quejándose de dolor y no le dio tiempo a levantarse que ya lo agarró otra vez del cuello y siguió golpeandolo hasta hacerlo sangrar. Yo miraba la escena en un estado extremo de pánico acurrucada en el suelo, con lágrimas en los ojos y mi cuerpo temblando demasiado. Parecia que estaba a punto de convulsionar de los nervios y miedo. Sentia frio y una extraña pesadez en los ojos.

Lo último que recuerdo tras eso fue escuchar unos ásperos gritos de súplica y luego ver una silueta escapando a los léjos con dificultad.

El ángel caido del cielo que me salvo la vida se agachó a mi altura no sé en que momento pero sé que su perfume me embriagó hasta las entrañas. Corrió delicadamente mi cabello de mi cara con sus manos y pude ver que quedaron algo ensangrentadas. Me miró directo a los ojos y sus facciones demostraban preocupación.

Dios... no lo podía creer..

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Mucho más que un sueño ; Guido Sardelli | PAUSADA | ¡Lee esta historia GRATIS!