3. Annie

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A tres meses de haber iniciado en el negocio, las cosas iban bastante bien, ya con 18 años había logrado dejar el orfanato e instalarme en un pequeño apartamento cerca de la ciudad.

Los días avanzaban y mi producto se vendía como pan caliente, a diferencia de Ronald, (el chico que me había ayudado a entrar en el negocio), yo no me encargaba solo de una cuadra, sino que me movilizaba por gran parte de la zona este de San José. Los clientes me amaban, no solo por mi buen producto, sino también por la calidad de mi servicio al cliente.

A tres meses, ya tenía más dinero que el que hubiera conseguido en tres años en el orfanato con mi ridícula beca de ayuda social.

Como todos los martes, tocaba entregar el dinero que le correspondía a Manuel, me dirigí al Bar. La rutina era la misma, en especial la parte de la sobre tocada revisión de John Eloy. Entré en la oficina de Manuel, quién se encontraba vuelto en su silla, hablando muy enojado por teléfono:

-¡Encuentra a ese hijo de puta ahora! ¡Y trae mi dinero a como dé lugar!- Colgó muy enfadado.

-¿Está todo bien?- pregunté

-¡Oh, Fabrizio! No me había enterado que habías llegado, lamento que hayas tenido que escuchar eso, disculpa hijo, es solo que el hijo de puta de Ronald no viene a entregar dineros desde hace más de dos semanas, el idiota me debe más de $800 y no aparece por ningún lado. Juro que si lo encuentro y no tiene mi dinero, lo mataré, lo siento por él, pero no tolero los robos, al menos no en MI negocio- Dijo Manuel realmente enfadado.

No podía creer lo que escuchaba, Ronald era solo un niño de 14 años, y Manuel sonaba realmente seguro de sus palabras, aun así, me conformé con responder:

-Espero que recuperes tu dinero-

Yo esperaba entregar el dinero, recibir más mercancía, e irme de ahí a continuar con mi trabajo, sin embargo, Manuel no pensaba lo mismo, justo cuando decidí retirarme de la sala, escuché su voz.

-Fabrizio- Me dijo seriamente. -En este poco tiempo que llevas con nosotros, te has vuelto un empleado de confianza, confío mucho en ti, eres un buen muchacho, y has aprendido todo muy rápido, por lo que te voy a encargar esta tarea; Por favor, encuentra a Ronald, donde quiera que esté metido, búscalo en todas partes, y tráelo ante mí. Te aseguro que te beneficiaré en grande-

Quedé en shock, no sabía qué hacer, lo único que sabía bien era vender droga, simplemente eso. Pero por lo que veía, Manuel pensaba que también podía jugar al detective, y yo lamentablemente, no le podía negar una orden al jefe, por lo que me vi obligado a aceptar.

No sabía cómo lo iba a hacer, simplemente, tenía que encontrarlo, a cualquier costo.

Mi semana normalmente terminaba los martes, era el día que iba a entregar dineros, y recibía la mercancía, estaba tan cansado que decidía tomarme toda la tarde-noche libre para ir a ver una película clásica al cine.

Como rutina, me dirigía al cine a comprar mis boletos, iba por unas palmitas de maíz, una gaseosa, y algunas otras cosas que me acompañaran en mi soledad, sin embargo, ese día, como por obra del destino, Mi cuerpo rechazaba la idea de tener que comer más comida chatarra, por lo que me dirigí a un supermercado cercano a mi casa, para intentar cocinar una comida un poco más formal, aunque fuera para mí solo.

Pero justo en el momento en que echaba unos tomates a la bolsa, la vi, ahí estaba, con su pelo castaño y ondulado, su camanance al lado derecho de la boca, sus mejillas un poco rojizas, y la misma hermosa mirada de cuando teníamos 10 años, con aquellos mismos ojos cafés, los cuales me resultaban fascinantes. No lo podía creer, ahí estaba frente a mí, ¡Annie estaba frente a mí! Después de 6 años, lucía igual de hermosa.

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