Capitulo 2: Hogar dulce hogar.

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Caminamos juntos a lo largo de todo el puente. Estaba oscuro, ni la luna podía alumbrarnos, ya que el cielo y el viento parecían advertir una gran tormenta.
Era un largo camino, pero nos dió la oportunidad de conocernos mejor, después de todo se siente bien que alguien te escuche y entienda lo que estás pasando.

Llegamos a su hogar, a pesar de su fama podría decir que era bastante humilde. Vivía con su banda, ya que pronto tendrían que viajar a dar sus conciertos.
Él tomó las llaves y las introdujo silenciosamente en la puerta, al abrirla nos encontramos con sus amigos mirando la televisión, que al escuchar a la misma, se levantaron rápidamente como si de un ladrón se tratara. Asustados, que casi ni notaron mi presenciar.

-Luego hablaré con ustedes- les dijo y ellos asintieron con algo de alivio.

Subimos la escalera y me llevó a una habitación.

-Puedes quedarte por un tiempo, de todos modos no usamos esta habitación- dijo

Me senté en la cama y suspire, estaba agotada por la caminata. Observé todo detenidamente.

-Es acogedora- sonreí.

Él me devolvió la sonrisa.

-Si quieres cambiarte hay ropa en aquél armario- dijo señalandolo. Era grande, y de madera.- No es la ropa más nueva del mundo, pero creo que estarás bien por el momento.

-No tienes que hacer esto..-Insistí

-Vamos, es lo mínimo que puedo hacer- dijo con una sonrisa de lado.

Me quedo viendo un momento y caminó hacia la puerta.

-Ahm, Dan..- murmuré

-Si?- preguntó volteando hacia mi.

-¿Crees que pueda ducharme?

-¡Claro!, ven- dijo abriendo la puerta.

Lo seguí por el pasillo y me guió al cuarto de baño. Me explicó como funcionaba todo y se marchó, no sin antes decir:

-Si necesitas algo estaré abajo-

-Gracias- grité, aunque dudo que me haya escuchado

Me miré al espejo casi automáticamente, y tal como lo pensé, estaba destruida. Mis ojos estaban rojos, y tenía ojeras lo bastante grandes y oscuras para revelar mi insomnio. Mis labios estaban secos y mi rostro tenso, como si la muerte me consumiera hasta tal punto de dejarme así, irreconocible.
Me desvestí con cuidado, como si incluso la ropa pudiera lastimarme,  y entré a la ducha. Giré las llaves como me había indicado Dan y al instante comenzaron a caer chorros de agua, se sentía bien, como si hubiera olvidado esa temperatura, tan común como una ducha caliente.

Senti haber estado ahí por horas, algo que me ayudó a relajarme y renovarme.

Rodee mi cuerpo con un toalla. Abrí la puerta y saqué mi cabeza para verificar que no haya nadie, no quería caminar desnuda por el pasillo y que alguien me vea, no iba a dar esa impresión el primer día. 

Salí literalmente corriendo y cuando llegué trabe la puerta, abrí el armario gigante, y me encontré con ropa de toda clase, seleccioné un par de prendas cómodas para dormir.

Apenas terminé de cambiarme tocaron la puerta, abrí pensando que era Dan, pero no.

-¿Alison, verdad?- preguntó uno de los tres chicos.

-Ahm.. si- respondí sin entender.

-Soy Daniel, él es Ben, y él Wayne- dijo señalando a sus compañeros.- ¿Podemos pasar?

-Claro- dije apartándome de la puerta .- ¿Pasa algo?

-Pues..- procedió a hablar Ben- Sabemos lo que has hecho por Dan.

Iba a hablar pero Wayne me interrumpió.

-No digas que no fue nada-

Me quedé callada.

-¿Por qué?- preguntaron casi inconscientemente. 

-¿Por qué?- repetí la pregunta desconcertada- Simplemente.. humanidad. No sólo muere el cuerpo de la persona que salta. También sus seres queridos.

Me callé, siempre era lo mismo, cuando alguien me daba la oportunidad de expresarme, lo hacía como si fuera una lección de vida. Tragué saliva para aflojar un nudo en la garganta pero era inevitable que no notaran mis expresiones de dolor.

Se acercaron a mi y me abrazaron, me alejé un poco, pero nadie que necesite cariño puede resistirse al calor de un abrazo.

-Gracias- llegué a decir antes de ser interrumpida.

-No- dijo uno de ellos- te debemos mucho más-

Sonreí y costosamente nos separamos, como si no fuera la única que lo necesitara. 

Me apoyé en el marco de la puerta mientras miraba como se iban. Estos chicos eran geniales.

Di unos pasos hacia atrás, y cuando iba a cerrar la puerta Dan cruzó frente a mi.

-Hey- lo llamé y él se detuvo de repente.

-¿Qué? ¿Necesitas algo?- espió la habitación

-No, descuida- sonreí- Buenas noches.

-Buenas noches- repitió-

Empujé la puerta pero él impidió que la cierre.

-Espera- exclamo y sosteniendo la puerta me miró unos segundos- Gracias.

Sonreí.

-Descansa- dijo guiñándome el ojo.

Finalmente cerré la puerta y me derrumbe en la cama.

Sonreí otra vez, confundida por todo lo que había pasado. Es curioso pensar cómo tu vida puede cambiar de un momento a otro, por una persona, por un lugar, un día y un momento justo.

No sé lo que me espera mañana, ni pasado, pero créanme cuando digo, que estoy segura que algo muy dentro mío, dice que será bueno.

Es lo que somos (Dan reynolds)¡Lee esta historia GRATIS!