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Pen Your Pride

Prólogo

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          El humo de la chimenea se elevaba en el cielo de la casi abandonada ciudad de Legium, otorgando corta vida a figuras y seres extraños que tomaban forma antes de que se unieran a la gran nube que cubría el cielo estrellado. Las calles se encontraban vacías, muchos años habían pasado desde la última vez que el viejo empedrado sintió los pies de un niño jugar sobre él, tan solo algunos solitarios gatos salvajes paseaban con sus livianas garras intentando conseguir algo de alimento entre las ruinas de lo que antes fue una gloriosa ciudad. Las mañosas ratas corrían por las oxidadas cañerías de metal generando un estrepitoso ruido que hacía volar a las palomas cercanas. Algunas de las grandes casonas que estaban en el centro de la ciudad tenían hermosas estatuas de Gabrielum*, las cuales se encontraban caídas dentro de sus refinadas jaulas. Las ventanas y puertas estaban destrozadas y el pasto y flores que las rodeaban marchitos marca de los años que habían pasado desde la última vez que fueron cuidadas por manos humanas. Algunas de las viviendas ya eran sólo eran ladrillos esparcidos por el frío y oscuro suelo y el resto simplemente no existían. Los hermosos urieles* acumulaban polvo dentro de sus cámaras, algunas liberaban un horrendo olor a putrefacción, aroma que parecía no compatir con la belleza de las decoradas máquinas de metal, pero no había nadie que lo pudiera sentir.

La flores de Zadquiel se encontraban marchitas y sus brillantes pétalos estaban echos fragmentos grises que se esparcían alrededor. Hubo un tiempo en el que el sol brilló fuertemente sobre las flores, haciendo que el vapor se moviera e impulsara las grandes máquinas que estaban conectadas a ellas, pero esos días dorados estaban muy atrás. Años habían pasado desde la última vez que habían saludado a Apolo.

Cerca de un vacío lugar, antes era un hermosa plaza donde los niños jugaban con sus flychers* intentando atraparlos con sus manos mientras rodeaban sus cuerpos, estaba la única luz que aún brillaba en esa deprimente parte de la tierra. Una pequeña casa aún tenía vida dentro suyo, no ratones o gatos, vida humana.
Sentado frente a una vieja mesa de trabajo, afanosamente pulía una pequeña pieza metálica, cerca de lo que parecía ser un cuerpo humano con el cuello abierto con una pequeña ranura. Los anteojos se resbalaban lentamente por su nariz porfiando sus intentos por mantenerlos arriba, mientras el humo de una pipa encendida se elevaba hasta el techo de la habitación con sus curiosas formas. Sus ojos parecían estar cansados, así como la chispa de vida que ellos había, y descansaban bajo dos abultadas cejas, que parecían cepillos para lustrar zapatos en varios tonos de gris. Sus caídas mejillas demostraban que era una persona muy anciana, y ciertamente lo era, había vivido en esa abandonada ciudad desde los días en que era la joya de la humanidad, desde mucho antes de el día de la ascención. A la luz de las velas movía rápidamente el brazo para lograr obtener el tamaño perfecto para aquella última pero esencial pieza. Semanas había pasado buscando aquella pequeña parte de un lanza red de eternauta, y ahora por fin podría terminar su mayor obra, una obra que cambiaría el oscuro mundo en el que vivía. En aquél metálico cuello insertó la última pieza y cerró la tapa, dejando leer la inscripción "Orifiel" sobre ella, abriendo un antiguo libro recitó las viejas palabras de antaño, cánticos prohibidos por las altas inquisiciones siendo observado por aquellos cuatra pares de ojos que rodeaban la habitación. Bajo aquella extraña oscuridad, la última luz que iluminaba la última casa de la antigua ciudad de Eligum se extinguió, pero una nueva surgió de la oscuridad con el sonar de una triste y melodiosa música.


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El Gabrielum es un extraño "metal" que fue descubierto por la famosa aventurera Julieta Hannig Flaming en sus osadas exploraciones marinas que dieron inicio a la Era de la Ascención. Posteriores investigaciones revelaron que el gabrielum no era un metal, sino un compuesto orgánico formado a través de millones de años bajo la presión del océano, el cual tenía bioluminiscencia y poseía propiedades similares a las de un metal, por lo que podía moldearse a voluntad y soportar grandes pesos a través de su composición molecular. Ya que era de origen orgánico sus investigaciones en el campo de la genética fueron muy reveladoras y se obtuvieron curas para un sinfín de enfermedades. Su capacidad de adaptación era extraordinaria, pudiendo combinarse con casi toda la materia tanto orgánica como inorgánica. La Inquisición regulaba que los estudios de este material estuvieran dentro de lo moral y así evitar posibles desastres biológicos.

Los Urieles fueron una invención que consistía en dos cámaras principales, la primera era la "viviente" que quemaba el vapor liberado de la cámara "muerta" la que contenía desechos de origen orgánico (incluso de seres humanos) y acumulaba los gases que estos expelían durante su putrefacción para luego ser utilizados como combustible para la maquinaria de la ciudad de Legium. En conjunto con las Flores de Zadquiel eran utilizados como principal fuente de energía de la ciudad y eran mantenidos por la seguridad civil. Por cada Uriel habían cinco Flores de Zadquiel, esto podía abastecer a un vecindario completo y sustentar además las líneas de transporte de la ciudad.

Flychers: Pequeños juguetes de Gabrielum que volaban alrededor de las personas atraídos por el calor corporal que naturalmente tiene el cuerpo humano.

Las flores de Zadquiel eran pequeños concentradores de calor solar, los que hacían hervir agua después de cierto tiempo, generando vapores que hacían funcionar a las máquinas como los Aquars, o para ser almacenada en recipientes de Gabrielum. Su forma era como el de una flor, y sus pétalos eran espejos que centraban la luz en un pilar central, dado que la punta de estas "flores" poseían un Gabrielum especial, que tenía mucha mayor sensibilidad, se ocultaban cuando el sol se escondía y florecían cuando el sol se alzaba, además seguían su movimiento, maximizando su generación de calor.


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