8. Adiós Aqua buena, hola Aqua destruye-todo-a-su-paso.

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Después de cenar me fui directamente a la cama. Carter estaba en el primer piso quizás saludando o lo más probable, conversando con su novia. Me hervía la sangre de solo pensarlo. Él no debería de gustarme, no debería soportarlo. Tenía que pintarme un lindo y atrayente carisma hasta que él caiga rendido.

Wow, ya entendía porque las hijas de Afrodita se entretenían con esto del jugar con los hombres. Era algo adictivo. Pero no tanto como la adicción que yo iba a causar en Carter.

Esto ya no era un juego de niños. Le podría jurar amor eterno, decirle lo que sea, hacer lo que sea para que él no me deje. Haría todo eso solo para que mi verdadero amor, Percy, no me olvide por completo.

Dentro de la mochila con la que Hera me dejó el primer día, había encontrado cosas muy curiosas. Aquellas pijamas no me las pondría en frente de nadie, salvo quizás él. Cerré la puerta de la habitación y rebusqué entre ellas. Carter también era hombre... quizás esto le parecería encantador. Encontré un top de satin blanco de tirantes y unos diminutos shorts del mismo material. Jamás me había puesto algo así para dormir. Deje caer mi cabello. Oh, cariño, necesitaba más volumen... ¡y rápido! ¿Cómo... como iba a hacer eso? Busque entre la mochila otra vez, y como si fuera por arte de magia... aunque sabemos exactamente quién fue... apareció una secadora. La conecté y encendí. Después de un rato peleándome con el cepillo ya estaba listo. ¡Solo necesitaba el maquillaje! Me miré en el espejo mientras pintaba mis labios de rojo puta. Listo.

El abrir la puerta me daba escalofríos. ¿Y si hacia el ridículo? ¿Y si él solo se reía de mi intento de wannabe perra?

¡Eres Aqua McCartney, eres la hija de Poseidón, o sea eres la puta ama y patrona! ¡No vas a dejarte intimidar por un mocoso que no sabrá lo que se pierde!

Antes de arrepentirme, abrí la puerta de un empujón y fui directo a su habitación. Dos chicos morenos y un pelirrojo me miraron estupefactos mientras caminaba por el pasillo. Sonreí tontamente.

El Cráter abrió la puerta antes que yo si quiera la toque. Mi "hola" fue ignorado.

Me miró completamente confundido y sus ojos parecían querer desviarse a mi escote. Quizás mi plan estaba dando frutos al fin. ¡Hera estaría muy orgullosa!

—Prometiste que me ibas a leer —dije. Vi que Zia me miraba desde la computadora completamente hecha una furia.

—Ajá —dijo Cárter embobado y sus ojos volvieron, o mejor dicho trataron de volver, a mi cara.

—Te espero —dije y empecé a caminar por el pasillo a mi cuarto. Había un chico pasando y este me miró como sin poder creerse que yo estaba ahí.

Cuando cerró la puerta me pegué a ella para espiar lo que pasaba.

—Carter, ni se te ocurra... — empezó Zia y Carter le respondió:

—Le prometí que la ayudaría leer.

—Ja, qué tonta, ni sabe leer. Rubia tenía que ser —dijo Zia.

No la culpaba porque me odie, si yo fuera ella, yo también lo haría. Pero me irritaba que esté cerca de él como chicle todo el tiempo.

— Aqua es disléxica.

— Puede comer y vestirse sin ayuda al parecer. -hubo una pausa. ¿Para qué leer? No dudo que tenga una vida fácil sin tener que aprender. Puede ganarse la vida de otros modos.

— No seas tan dura con ella. Apuesto a que tú también necesitaste ayuda alguna vez.

—Sí, pero iba por ahí pidiéndola en ropa interior al primer chico con novia que conozco.

Griegos y... ¿egipcios?¡Lee esta historia GRATIS!