Capítulo 39.

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Largué un enorme suspiro harta de escuchar los golpes en la puerta. El ding, dong del timbre me estaba volviendo loca.

— ¡Maldita sea! ¡Que ya voy! —repetí en voz chillona.

Jenny había bajado a comprar algunas cosas para el departamento y, al parecer, no se había llevado la llave.

—Abrí la puerta, ya —exclamó del otro lado y supe que no era una sugerencia.

¿Qué hacía acá? Me tensé por un momento al escucharlo. Quedé mirándome a mí misma en el espejo empañado del baño. Mi pelo goteaba, estaba increíblemente mojado debido a que hacía pocos segundos había salido debajo del chorro de agua.

—Oriana, no es broma. Voy a tirar la puerta abajo.

Revoleé los ojos mientras me envolvía en una toalla. Maldije cuando salí del baño y casi termino en el balcón de lo resbaladizo que se sentía el piso.

Bufé. Iba a tener que secar todo el departamento sólo por correr a abrirle la puerta a una súper estrella con los humos altos.

Llegué hasta la entrada: sus golpes en la puerta no habían cesado ni un segundo. Su dedo en el timbre me estaba matando. Tomé el picaporte y lo tiré con fuerza.

— ¿Qué es lo que te pasa? —pregunté alterada.

Él entró dando grandes pasos, sacudiendo algo y con cada uno de sus músculos tensos.

— ¡Te dije que no lo hicieras! —gritó y arrojó al suelo lo que tenía en su mano: la misma revista que Jenny había comprado en la mañana.

Lo miré atónita. No podía creerlo. «Tómatelo con calma», me dije a mí misma. Suspiré antes de abrir los ojos. Su mirada estaba puesta en la revista, ahora desparramada en una esquina de la casa.

—Y yo te dije que iba a hacerlo.

«Sí, así se hace. Enséñale lo que tenes.»

Levantó la cabeza y me vio. Su rostro cambió de un segundo al otro. Me observó con detenimiento: estaba prácticamente desnuda.

— ¿Qué haces así? —cuestionó levantando las manos en el aire, cómo si todo lo que haría de ahora en más lo irritara.

—Me estaba bañando hasta que te prendiste al timbre y no me quedó otra opción más que salir a abrirte —expliqué con calma. No iba a dejar que la celebridad me alterara. Estaba demasiado relajada unos segundos atrás, con el agua caliente alrededor de mi cuerpo.

Negamos al unísono con la cabeza. Miró nuevamente la revista en el suelo.

— ¡Se supone que sos mi novia! —gritó.

Era cómo si cada vez que la mirara, se transformara. O sólo se acordaba de que estaba haciéndome una escena.

— Pero no lo soy.

Oriana 1, Julián 0.

Estaba increíblemente asombrada de lo tranquila que estaba siendo. Él pareció ignorar mi comentario.

— ¿Sabes lo que hacen los hombres con esto? ¡Agh!

Tomó algunos mechones de su cabello y lo tiró con fuerza. Se agarró la cabeza entre las manos mientras hacía algo extraño con sus caderas.

Levanté una ceja, extrañada.

— ¿Podes calmarte? ¡¿Cuál es tu problema?!

Toda la calma había desaparecido en cuestión de segundos. El "no somos novios en serio" me lo ahorré para mis pensamientos. Pero es qué, ¿desde cuándo creía que podía intervenir en mis decisiones?

Pensé por un momento si le había dejado en claro que no iba a dejar de modelar ni desfilar sólo por ese estúpido contrato. ¿Se lo había dicho? O, ¿tan sólo lo había pensado?

Lo miré. Ahora tenía las manos apoyadas en sus rodillas. Respiraba entre cortado. Sus ojos se cerraban con fuerza. Estaba petrificado.

Aproveché esos segundos para observar cómo se marcaban sus músculos con la remera negra que llevaba. Sus puños estaban tan apretados que hasta se marcaban las venas en sus brazos. Nota mental: Hacerlo enojar hasta que no pueda más. 

—Julián —lo llamé después de observarlo durante un rato.

Ahora estaba completamente calma y embobada. Me miró. Su mirada se había tranquilizado también.

—Ya lo sé —dijo antes de que pudiera continuar.

Tragó con fuerza. Caminó a través de la sala y cerró la puerta.

Se fue, así, sin decir nada.

Me quedé mirando todo a mí alrededor, como si me hubiesen clavado al suelo.

A los pocos segundos, él timbre volvió a sonar.

Abrí los ojos, no estaba entendiendo nada. Caminé hasta la puerta cuando pude reaccionar. La abrí de par en par y él volvió a entrar. Pasó por delante de mí sin siquiera mirarme. Caminó a través del living para agarrar la revista que minutos antes había revoleado por los aires.

—Al menos, quiero tener una para mí.

Me aguanté la risa. Se encaminó de vuelta hasta la entrada. Y se fue. Negué con mi cabeza.

La súper estrella estaba completamente fuera de sí.

El viento que entró por la puerta me hizo tiritar. Rápidamente la cerré para correr al baño y terminar mi ducha. Cada músculo se relajó al sentir el cambio de temperatura.

Me quedé unos minutos debajo del agua para pensar en todo lo que había pasado momentos atrás. Diablos, jamás pensé que Julián iba a ponerse así. Parecía celoso, y posesivo. De hecho, lo era. Pero no lo creí capaz de aparecerse en mi departamento haciendo una escena, pegando gritos y revoleando cosas. Él nunca dejaba de sorprenderme.

— ¿Qué mierda fue lo que hiciste acá, mujer? —preguntó Jenny apenas abrí la puerta del baño.

Caminaba en puntas de pie pretendiendo llegar a la cocina sin acabar en el piso.

Reí al verla.

Me propuse cambiarme rápido para ocuparme del desastre que había en todos lados. Me puse el primer jean que encontré y un largo buzo arriba. Desenredé mi pelo con la mano para no perder tiempo.

Justo cuando estaba por poner un pie fuera de la habitación, el celular chilló en la cama.

Lo tomé casi al instante.

"Perdón. En serio."

Confirmado: Nunca dejaba de sorprenderme.

"¿Por qué?"

Tecleé rápidamente al verlo en línea.

"Por comportarme como un idiota. Por meterme en tu trabajo, en tu vida y tu edificio haciendo una escena de un pendejo alterado"

Le sonreí a la pantalla.

"Sé que no te importa pero estoy enojado. Y sumamente celoso de que otro pueda verte así."

Las manos me temblaron tanto que pensé, por un momento, que mi celular iba a terminar en el piso.

Oh, no, celebridad. Claro que me importa. Y no tenes idea de cuánto.

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