Cinco

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—¿Puedes apresurarte un poco? Estamos en la puerta.

—¿Estamos?

—Kevin se ofreció a llevarnos. No quiero pasar toda la noche esperándote, ¿Puedes bajar ya?—su voz parecía estar rogándome a través del teléfono.

—Son las seis, Lauren. La noche nisiquiera ha empezado.

—Si no bajas, la noche empezará y terminará y yo seguiré sentada en el asiento de atrás.

Lauren me había cedido el asiento del copiloto. Genial.

Suspiré.

—Bajo en dos segundos.

Corté la llamada y cogí la primera chaqueta que vi. Bajé las escaleras, tomé las llaves y avisé que me iba y que volvería a más tardar a las nueve. Me apresuré en entrar al auto de Kevin y pensé que no le importaría si ocupaba el asiento de atrás junto a Lauren. Sin darme cuenta, ya estábamos a unas calles de la escuela.

Al llegar, Kevin abrió la puerta y con un gesto nos dió pase para salir.—Después de ustedes—dijo él. Lauren fue la primera en salir, y al mirarlo imitó su voz con una mueca de burla. Yo me limité a sonreírle.

Lauren y yo tomamos asiento exactamente al medio de las tribunas, nunca había estado en un partido de futbol. En mi escuela los deportes no tenían gran importancia, sólo llevábamos gimnasia una vez por semana.

—¿Algodón de azúcar?—dijo Kevin uniéndose a nosotras con dos grandes algodones de azúcar, le pasó uno a cada una y él le dió un sorbo a su soda.

—Muchas gracias—dije yo, pensando que había escogido comprar el algodón porque le recordaba a nuestra cita. Él tomó asiento a mi lado.

Lauren nos mandaba miradas sospechosas. Era triste que ella pensara que algo pasaba entre nosotros. No quería dar esa impresión, pero Kevin era tan atento conmigo que me hubiera apenado que sintiera que todos sus esfuerzos no servían de nada.

Los jugadores de ambas escuelas entraron a la cancha.

Lo vi entre los otros jugadores. No soportaba la idea de llamarlo Bur. Sonaba a nombre de perro, o a un escalofrío: burrrr. No lo soportaba. No entendía cómo podía tener tal sobrenombre. Él fue presentado primero, como el capitán.

—Debí imaginarlo—le dije a Lauren, tomando furiosamente un pedazo del algodón de azúcar.—capitán del equipo.

—Hay ciertas cosas que cierta gente hace para obtener cierto prestigio en la escuela.—puntualizó Kevin.

—Como aplastar a ciertas personas en el camino.—dijo Lauren, como si estuviera continuando su propia oración.

Una ola de gritos sonó por gran parte del gimnasio. Un punto para South Chelsea.

El partido terminó 2-1 a favor de la secundaria Westfield. Para celebrarlo, el equipo y todas aquellas personas "importantes" del campus hicieron una fiesta improvisada en casa de uno de los jugadores. Kevin fue invitado, pero pasó. Dijo que ésto ya parecía High School Musical, asi que decidimos ir a tomar algo en un café cerca de la escuela.

Estábamos sentados en una de las mesas de atrás, yo disfrutaba de una malteada cuando cinco chicos con sus chaquetas de la WHS entraron al local. Entre ellos el capitán. Pensé que antes de una fiesta improvisada debían buscar cerveza, no café.

Unas cuántas chicas miraban de reojo al capitán y reían entre ellas. No parecían querer ocultar sus risas y él no parecía estar interesado. Tenía una mirada perdida, como si buscara algo que no pudiera encontrar.

Extrañada por su poco interés y su inexplicable espera por algo que parecía no existir, pregunté:

—¿Qué busca? ¿A caso tiene novia?

—Tuvo una hace un tiempo—respondió Kevin. Sinceramente, había olvidado que él estaba allí—No le duró mucho, como todas sus relaciones.

Lo vi apretar los dientes. Era evidente que no se sentía cómodo hablando de él. Tal vez por un tema de envidia o celos.

—Es extraño que no le preste atención a las chicas que lo rodean. Quiero decir, son muchas. Ninguno resistiría. ¿Tú resistirías? Seguro que no.—tomé un largo y sonoro sorbo de mi malteada, perdida en mis pensamientos.

Vi a Kevin hacer una mueca.

—Ágnes, ¡Despierta!—exclamó Lauren—Es el típico capitán del equipo de fútbol que tiene prohibido enamorarse. Nunca toma nada en serio, créeme.—ella hizo una pausa.—No estarás viéndolo de esa manera, ¿O si?

Vi a Kevin dejar su servilleta en la mesa y salir del lugar. "Iré a tomar aire" dijo él.

Miré a Lauren y compartimos una mirada de preocupación. ¿Qué quería que haga ahora? ¿Ir a consolarlo? ¿En verdad debía hacerlo?

—Ágnes, debes hacerlo.

Genial.

Salí del local en la misma dirección que él había ido dos minutos antes. Lo vi apoyado en las rejas que separaban la calle y el café, con las manos tensas. Con algo de miedo, coloqué una mano en su hombro de manera de consuelo y el me miró. Sonrió cortamente.

—¿Estás bien?—pregunté.

—No sé cómo responder a eso.

Un escalofrío recorrió mi estómago.

—No quise incomodarte... Debí pensar en lo que decía.

—Está bien, sólo decías lo que pensabas. Estoy bien con eso.

—Sólo para que lo sepas—dije mirándolo a los ojos—No lo veo de esa manera.

Él rió.—Tampoco a mi.

Me dolió escucharlo decir eso.

Si debía hacerle daño en algún momento, hubiera hecho cualquier cosa por retrasarlo un tiempo más.

—Eres un gran amigo.—Mi mirada era de compasión y tristeza. Él tenía un brillo especial en los ojos, pero no como el día de nuestra cita. Este no era de esperanza, éste era de resignación.—No quiero que las cosas cambien entre nosotros.

Él apartó la mirada de mi, sonriendo. Pasó uno de sus brazos por mi espalda.

—Fuiste una gran cita.

Reí.

Entré a la cafetería una vez más, le avisé a Lauren que todo estaba bien y ya podía dirigirse al auto. Le pedí un minuto para ir al baño. Lavé mi cara esperando desaparecer las ojeras. Se estaba haciendo tarde, y no tenía más que cuarto de hora para llegar a casa. Sequé mi rostro con un poco de papel y salí por la puerta.

En el mismo instante en que traspasé la puerta, lo hizo Bur. He decidido que si tengo que llamarlo de alguna manera, será asi. Tomando en cuenta que aún no sé su nombre.

Choqué con él y me encontré en la misma situación que dos semanas y media atrás. Él se tomó un segundo para reconocerme y sonrió.

—Dije que tuvieras cuidado, no que te toparas conmigo cada vez que podías.

—No era mi intención.

—No tienes que disculparte, sé que no lo planeaste.—dijo mientras metía ambas manos en sus bolsillos.—Aunque no me sorprendería si fuera asi.

Lauren tenía razón sobre él. Típico capitán de fútbol.

—Conor—continuó, extendiéndome la mano derecha.

—Oh. Ágnes.

—Es un lindo nombre, Ágnes.

Sentí un ligero rubor. "Él cree que mi nombre es lindo".

—Bur, la fiesta ya va a empezar, ¿Vienes?—se escuchó desde unas mesas más adelante. Él asintió con la cabeza.

—Nos vemos luego Ágnes.

Un "claro" con voz desinflada fue lo único que logré decir.

El rubor aún no abandonaba mi rostro.

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