Capítulo 38.

4.5K 248 9

¿Cuándo pensabas decírmelo? —gritó furioso.

Todo había sido muy bueno para ser real: Julián se había encargado de traernos de vuelta a casa un poco antes de que anochezca. Había hablado con mi familia y no había tenido necesidad de mentirles en nada: mi relación con él estaba siendo tan genuina que asustaba.

Los moretones de mi rostro y mi costilla habían cambiado su color verdoso a uno un poco más azul, dolían igual pero estaban menos inflamados.

Y ahora, tenía a David regañándome en el teléfono por haber recibido una golpiza. Apreté mis dientes de sólo pensar que Paul había corrido a contarle esto cuando me había visto en la casa de Julián. Ese inútil seguro hasta había disfrutado de verme así.

—No es nada, en serio —dije.

Me senté en la cama, frente al espejo, para desenredar mi pelo recién lavado frente a él.

¿Qué no es nada, Oriana? Trabajas con tu imagen, mujer, ¡debes tener cuidado!

Revoleé los ojos, aprovechando que no pudiese verme.

—Lo siento, ¿de acuerdo? Fue una situación que se salió de control, y no fue algo que yo pude controlar —expliqué—. Créeme, me hubiese gustado no recibir un par de golpes, si hubiese podido elegir...

En serio, ¿cómo podía pensar que yo estaba arriesgando mi culo sólo por diversión?

¿Crees que los moretones pueden irse antes del desfile?

Lo único que importaba.

— ¿Cuándo es? —pregunté totalmente desorientada.

Vaya, jamás te escuché así de desorganizada, ¿qué está pasando con vos?preguntó sarcástico. ¿Por qué lo estaba odiando? Iba a cortarle el teléfono—. Es el jueves.

Acomodé el calendario en mi cabeza. Teniendo en cuenta de que era domingo...No, no había forma de que los moretones desaparezcan en cuatro días.

—Sí, todo estará en orden para el jueves —mentí.

Bueno, espero que me mantengas al tanto de tu vida a partir de ahora.

—Lo haré.

Asentí, cómo si pudiera verme y corté.

Terminé de peinarme y me recosté en la cama unos minutos antes de cenar.

Mi día había terminado cenando sushi con mi mejor amiga, en un lujoso departamento de Los Ángeles, mientras recordábamos anécdotas  y ella hacia bromas sobre mi ojo. Nada mejor.

Me revolví en la cama preguntándome por qué no había cerrado a la perfección la cortina la noche anterior

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Me revolví en la cama preguntándome por qué no había cerrado a la perfección la cortina la noche anterior. Un rayo de luz daba derecho en mis ojos. Me corrí para esquivarlos pero era en vano: ya estaba despierta.

Fake¡Lee esta historia GRATIS!