『0. 11』

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Me quedé tendida en la misma nada observando como su eminente cuerpo se dirigía furioso a nosotros. Cuando estuve pie, el rubio se colocó detrás de mí. Jungkook frunció sus densas cejas y se inclinó un poco, intentando ver al rostro del chico. Junhyuk era exactamente de mi altura, ni un poco más, ni un poco menos. Era muy bajito, y me hacía sentir bien hablar con alguien de mi altura y no como lo eran mi hermano o todos—en serio, todos— sus amigos.

—¿Qué haces?—correteé con el nerviosismos saltando en mi interior, dándole un manotazo a su mano que intentó llegar al rubio. Él me encaró notoriamente una ceja, se lanzó el cabello hacia atrás con un resoplido y me miró. Se inclinó, intentando ver al chico con una mueca curiosa.

—Quítate, Hara. —yo alcé amas cejas.

—Vaya, ¿Qué vas a hacer? ¿Retarlo a un duelo con espaldas en la arena de Esparta?—ni siquiera sabía si en la historia había existido algo así. Sin embargo, su porte majestuoso y su ceño fruncido, me hicieron recordar a los fuertes guerreros de la película.

—¿Por qué lo defiendes?—el rubio apoyó sus manos en mis hombros y sentí como se encogía detrás de mí. Yo miré sus manos y luego, le dediqué una cara obvia al más grande, que supe, inmediatamente le comprendió. Claro que lo comprendía. Juhnyuk no era el primero en actuar así frente a él.—Déjame hablar con él. —le entrecerré los ojos—De hombre a hombre. —puse los ojos en blanco.

—Unga unga—le espeté.

Pero, el venoso sarcasmo salió al exterior antes de poder hacer algo. Jungkook me sonrió. De golpe. Y yo sentí náuseas y un mareo, ¿cómo podía cambiar de expresiones tan rápido? ¡Era un maldito psicótico! Porque, aunque estuviera sonriéndome de pronto, sentí como si mi comentario fuera la gota que derramó su paciencia. Como si la pólvora en sus feroces ojos se hubiera encendido con mi comentario. De golpe, sin siquiera ser capaz de dejar a mi consiente reaccionar o moverme, él se movió increíblemente ágil, danzando en movimientos rápidos, y sentí como, de improvisto, se había agachado frente a mí y antes de poder soltar algún exabrupto su hombro golpeó en mi estómago repentinamente, quitándome el poco aire que conservaba en los pulmones y sintiendo como sus grandes manos sujetaban mis piernas y todo se volvió de cabezas.

—¿¡Pero qué demonios haces!?—grité, mareándome repentinamente y dando golpes en su espalda. Dudaba mucho que le doliesen. Pero era todo lo que podía hacer en ese instante.

—Ya estabas advertida sobre los límites.—su voz sonó tranquila, imperturbable.

—¡Estas chiflado! —Jungkook dio un ligero golpe en el hombro del rubio, como si estuviera saludándolo. Luego, por alguna razón, lo empujó mucho más fuerte. Y pude ver como el rubio parecía más bien haber visto la muerte misma por su aparente parálisis cerebral y sus ojos casi en blanco. Él mayor comenzó a bajar las escaleras conmigo en brazos, y sentí como la gravedad comenzaba a joderme la cabeza.

—¿¡Qué te crees!? ¿¡Que soy un saco de verdura!?—él abrió la puerta de la sala.

—Podría sacarle más provecho a las verduras, y chillarían menos.

—¡Bájame, simio pulgoso!—él abrió la puerta, sosteniéndome sin más que con un brazo y sentí como la brisa fría, más el estar de cabeza, comenzaba a mover mis cabellos. Un niño del vecindario estaba jugueteando con un golden retriever en la calle, y sentí el ardiente bochorno en mi garganta cuando él abrió sus ojos y nos siguió con la mirada. Me puse histérica—¿¡Qué diantres ves, eh!?—el pobre niño se movió rápidamente, sobresaltado, y luego entró a su casa dejando nada más que el golpe de la puerta.

Me moví junto a los hombros de Jungkook, justo antes que liberara una grave y fuerte carcajada que hizo que se me encogieran los órganos internos.

—Jungkook..

—No voy a soltarte, iremos a mi auto.

—Me estoy mareando.

—Mientes.—si, lo estaba haciendo. Me molestó que lo supiera.

—¿A dónde rayos vamos, falta mucho?—de seguro apenas había deambulado tres pasos luego de aquél pobre niño, no obstante, sentir mi cabello rozando mis mejillas y la gravedad presionando en mi cabeza me jodía bastante. —¿Ya llegamos?

—No

—¿Ya llegamos?

—No.

—¿Ya llegamos?

—No.

—¿Ya..?

—No.

—¿Lleg-

—Hara—respiró hondo. Bufé, inflando mis mejillas, y decido callarme por el evidente tono de amenaza en su voz. Normalmente nunca hacía caso a sus tonos de voz fuera cuál fuera, pero ahora mismo él me está sosteniendo en el aire. 

Soy odiosa pero no imbécil.

Apoyé mis manos en los lados de su cadera fuertemente y con la limitada fuerza que atesoraba me aferré a estas y alcé mi cabeza por tres segundos. Saqué la cabeza a un costado, retorciéndome como gusano y distinguí a la distancia su Jeep negro. No faltaba mucho, y yo estaba sin fuerzas. Por lo que simplemente esperé.

Jungkook movió sus hombros y se colocó nuevamente de cuclillas, haciendo que mis pies tocaran la tierra. Aferré las manos a sus grandes brazos, viendo al piso. Sentir la gravedad en mi cuerpo me afectó terriblemente. Aunque no impidió que intentara escapar, fracasando de un forma mordaz. Forcejee inútilmente cuando sus largos brazos me sentaron en el asiento de copiloto y me colocaba entre empujones el cinturón. Cuando cerró la puerta intenté desabrocharlo, y cuando lo logré, él ya se encontraba en el asiento de conductor, inclinándose velozmente para que no escapara. Aún estaba mareada, por lo que mi plan de escape no podía ser tan falible, teniendo en cuenta que escapaba de alguien como lo era él.

—Te odio —solté llena de fastidio, cuando mi cabeza ya no punzaba y me sentía mayoritariamente bien. Me escurrí como un niño haciendo berrinche en el asiento y subí los pies al salpicadero, provocando una resoplido furioso desde su garganta y a continuación propinó un manotazo a mis piernas para que las bajara. No entendía como me soportaba tanto. ¿Qué no era mejor simplemente dejarme ir o... matarme?—Además, —me acomodé más arriba del asiento—¿A dónde diablos quieres ir? Estoy de pijama. —me señalé con evidencia.

Él me sonrió—¿Recuerdas lo de los límites?—no me agradó el tono de su voz. Tragué saliva antes de susurrar un leve "si". Él sonrió de aquella forma perversa lánguidamente, provocando un ligero escalofrío en mi espalda y apoyé la cabeza lentamente en la ventana, intentado alejarme. Se rió de mi actitud—¿Quién dice que vamos a movernos de aquí?—su voz sonó casi dura, como el alarido ronco de un animal.

—¿Qué?—aún estaba mínimamente mareada. Pero aquello no me impidió que notara que algo andaba mal con la situación.

—Tu padre nunca te enseñó a compórtate, ¿verdad?—me tensé por alguna razón. Y sufrí un sobresalto cuando los candados de las puertas se cerraron abruptamente dejando un eco en mi mente.

—¿Y a eso a ti qué?

—¿Nunca nadie te demostró lo que se le hace a los niños no se comportan, verdad?—le hice una mueca. Jungkook comenzó a inclinarse pausadamente hacia mí, y como me fue posible me pegué aún más a la ventana. Fue como si un gigantesco manto negro acaparara toda mi visión. 

(PRONTO EN FÍSICO) destruyendo un ególatra || jeongguk¡Lee esta historia GRATIS!