-Tú tampoco estás nada mal.-debía seguirle el juego si quería la información.

Nadie sabía que le había conocido, ni que estaba aquí con él. De detrás de su espalda sacó una rosa sin ninguna espina que pudiera cortarme. La rosa era roja, y el comentario una rosa para una rosa  fue muy típico. Puse la mejor sonrisa que pude y nos fuimos al parque que había cerca de aquella tienda. 

-Cuéntame más de tu trabajo.

-¿Qué quieres que te cuente?-dijo con el ceño fruncido y la sonrisa de oreja a oreja que tenía desde que me vio salir del coche. Me ponía nerviosa, de los nervios malos.

-No sé... Cuéntame algo de esas carreras. Y de los corredores, por ejemplo.

-Losiento, eso es información privada.

-Venga,-le puse ojitos y morritos.-no se lo diré a nadie.

-Vale.-suspiró- Tenemos mucha prisa en encontrar a Álvaro, es el mejor corredor de toda la zona. También tenemos que encontrar a su amigo, Carlos. Así con todos los buenos hasta tenerlos a todos. Pero nos ha salido un imprevisto.-le escuchaba atenta cada palabra que decía.

-¿Cuál?

-Hace unos días, una chica ganó a Álvaro. 

-Lo que significa que vais a por ella primero.

-Exacto.-respiré hondo y miré al frente. 

-¿Qué sabeis... de esa chica?-intenté no sonar muy nerviosa.

-Poco. Es una chica bastante jóven, de entre 17 o 20 años. Creemos que conoce a alguno de los corredores o que es una familiar de alguno. 

-Pero no sabeis de quien.

-No tenemos ni idea. Ni siquiera le hemos podido verle la cara.

-Bueno. Cuando la cogais... ¿ireis a por Álvaro?

-Por supuesto. Pero primero buscaré a esa chica y la meteremos en la cárcel. Aunque tenga que recorrer todo el país.

Tragué saliva. La sonrisa le había desaparecido hace un buen rato y tenía el rostro bastante tenso. Me dio miedo al pronunciar aquellas palabras.

-Bueno, ya nos veremos.

-Quédate un rato más, por favor. Me queda un rato más antes de entrar a trabajar.

-Losiento. Además he quedado con unas amigas y no quiero llegar tarde. Hasta luego.

-Adiós.

Cuando llegué al garaje, apagué el motor y respiré hondo. Me miré en el espejo retrovisor y estaba pálida. Tenía que calmarme un poco y volver a mi tono de piel normal aunque no fuera muy distinto del que tenía ahora mismo. Cuando me calmé un poco y mi piel era más o menos normal, cogí mi mochila del maletero y subí al piso. 

Cuando entré, estaban todos los chicos sentados en el sofá. Al verme entrar con aquella cara de susto, David y Álvaro se levantaron. David se acercó hasta mí y me preguntó por mi estado.

-¿Estás bien? Estás muy pálida.

-Si... necesito descansar cinco minutos es todo. Tranquilo,-miré a Álvaro y después a todos-enseguida nos vamos chicos. 

Fui a la habitación a cambiarme. A los pocos segundos, María, Carla, Yoli y Sandra entraron por la puerta de mi habitación todas con vestido. Todas estaban vestidas. Yoli tenía un vestido de noche con un tono amarillo bastante suave que dejaba uno de sus hombros al descubierto con un pequeño ajuste en la cintura. A partir de ahí hacia parecer que llevaba una falda debajo. En la cadera, justo por la zona más ajustada del vestido, decidió ponerse un pequeño pañuelo oscuro que hacía de cinturón. Llevaba su melena rubia suelta con poco maquillaje. Adornando llevaba un llamador de ángeles y un par de pulseras de plata.

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