Capítulo 37.

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—En serio, sos una bestia comiendo —dije mirándolo con asco.

Él levantó su rostro para fijar sus ojos en los míos, con la boca llena. Reí.

— ¿Cómo está tu pie? —preguntó tragando mientras echaba un vistazo por debajo de la mesa.

— ¿Cuál de los dos? —retruqué divertida.

—Los dos —sentenció poniendo su voz gruesa.

—Bueno, podrían estar mejor, creo.

Sí, mil veces mejor. Aún me costaba caminar. El recuerdo de ellos sobre los vidrios me hizo estremecer.

— ¿Qué fue lo que te lastimó así? —indagó arqueando una ceja, limpiando su boca con una servilleta.

Observé cada uno de sus movimientos cómo si estuviese haciendo malabares. Todo lo que hacía me maravillaba.

—Pise algunas botellas rotas.

"No preguntes, por favor." Rogué. Él bajó su mirada entendiéndome a la perfección. Vi cómo hacía fuerza para aguantarse todas las preguntas.

Sonreí.

Bajé de la banqueta con un pequeño salto y caminé hacia la suya, abrazándolo por la cintura. Pasó su brazo por el hueco de mi cuello mientras tomaba la otra tostada con su mano.

—No podes esperar que sólo me siente y no pregunte nada después de verte así, Oriana —susurró contra mi pelo.

Me separé para verlo. Intentaba sonar tranquilo pero estaba bastante alterado por dentro. Se le notaba en los ojos.

—No pasó nada, en serio.

Me apoyé sobre la mesada para continuar verlo comer.

—Sólo bajamos del taxi, escuchamos algunos gritos y vimos cómo destrozaban a uno —aclaré mi garganta, "¿ese estará muerto?", pensé—. Hubo un tumulto de gente, ahí fue dónde uno me hizo esto —señalé mi cuello—. Deje mi puño en su rostro y luego me hizo esto —señalé mi ojo—. Otro me hizo esto cuando lo corrí porque me levantó la remera —apreté mi costilla. Ese golpe realmente dolía más que todo lo demás. Sus ojos se posaron en mí—. Después sólo corrimos. Me saqué mis zapatos para poder correr más cómoda y ahí fue cuando paso esto —finalicé y señalé, por último, mis pies.

—Suena como una buena noche —agregó con una pizca de diversión en la voz.

Estaba intentando quitarle el dramatismo a todo. Se lo agradecí.

Terminó la última tostada y saltó al piso.

—Necesito ir a mi casa para seguir cumpliendo mis obligaciones.

Asentí lentamente. "Fue lindo mientras duró", pensé. Paul iba a darle una buena patada en el culo si seguía ausentándose.

—No perderte de vista ahora también es mi obligación así que vamos —tomó mi mano y me arrastró hasta el living.

Caminó hacia la entrada. Jenny nos miró despreocupada desde el sillón.

La miró. Luego a mí. Y yo a ella.

Miss cagada puede venir también —agregó y abrió la puerta.

—Miss cagada puede venir también —agregó y abrió la puerta

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— ¿Crees que debería dejarme el bigote?

Fue lo primero que se escuchó cuando Julián abrió la puerta de la gran mansión. Revoleó sus ojos mientras colgaba su abrigo en el perchero.

—No, te verías ridículo con él.

Reí muy bajo. La voz de Agustín respondiendo la pregunta de Maxi con total sinceridad me había hecho recodar lo gracioso que él era.

—Eso es envidia, apuesto a que no te sale ni un pelo en la axila. Ni hablar del pecho.

En serio, ¿cuántos años tenían?

Julián negó con su cabeza y caminó hasta el living, bajando los dos escalones que lo separaban de la sala.

—Hermano —le dijo Agustín con un tono entre preocupado y divertido—. Esa es cara de haber tenido mal sexo.

Revoleé mis ojos mientras colgaba mi abrigo. Jenny me imitó unos segundos después. Ellos ni se habían dado cuenta de que estábamos ahí.

—Te equivocas —interrumpió Maxi—. Esa es cara de no haber tenido sexo.

Mi amiga hizo una mueca. La mire atónita, ¿ella también iba a unirse a sus payasadas?

—Cierren la boca.

Cuándo no, super estrella gruñona.

Bajé los dos escalones seguida por mi amiga. La cara de los dos se transformó al vernos. O al verme.

— ¿Por qué te ves para la mierda? —preguntó Agustín mientras caminaba hacia mí.

Maxi me miraba atónito desde el sillón.

—No tuvieron mejor idea que pretender ir a un bar —comenzó Julián mientras se sentaba al lado de su amigo. Aún notaba el resentimiento que tenía en su voz—. Terminaron en una batalla entre Crips y Bloods.

—Bromeas —dijo Maxi, poniéndose de pie.

Ahora tenía a los dos mejores amigos de mi no-novio examinándome cómo si fuese un extraterrestre. Agustín estaba realmente queriendo tocar mi ojo. Lo fulminé para que no lo hiciera.

—Fue culpa de ella —Julián la señaló a mi amiga sin culpa—. Así que encárgate de tenerla entretenida porque, en serio, puede provocar catástrofes.

Crucé el living para sentarme en uno de los tantos y enormes sillones que había. Subí mis piernas después de sacar mis zapatillas. Jenny se acomodó a mi lado. En cuestión de segundos, los tres ya miraban el televisor idiotizados.

— ¿Y vos qué hacías ahí? —indagó después de unos minutos Agustín, golpeando el brazo de Julián con su rodilla, sin quitar sus ojos de la pantalla.

—Fui apenas me llamó —se limitó a decir, estaba muy concentrado en el juego.

—Estoy seguro de que condujiste tan rápido que pudiste haberte matado en el camino —agregó Maxi.

Él ni siquiera estaba jugando pero los miraba idiotizado a ambos. Era incluso peor.

—Sí. Hubiera valido la pena de todas formas —dijo despreocupado.

Mi corazón golpeó mi pecho con fuerza. ¿Por qué estaba diciendo ese tipo de cosas tan naturalmente, frente a todos?

— ¿Qué demonios? —preguntó Julián, tomando el joystick en una mano para alzar la otra en el aire.

No entendí lo que había pasado hasta que miré el televisor.

Agustín había pausado el juego.

—Eso fue hermoso —dijo, mirándolo con nostalgia.

Jenny negó con su cabeza divertida.

—En serio, Oriana, si no lo querés...me lo llevo yo. Yo lo quiero —expresó poniendo sus ojos en mí, fingiendo un tono melancólico con su voz.

Reí.

Pero no.

Negué con mi cabeza.

No iba a dejar que nadie se lo llevara.

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