-¿Por qué tuve que arruinarlo todo?

Michael no se atrevió a contradecirlo, la última vez que había intentado decirle que no todo era su culpa, Harry había comenzado a llorar peor que lo usual, lo único que pudo hacer fue abrazarlo contra su pecho y esperar a que se calmara, por lo regular siempre era cuando Tate se acercaba frotando su esponjosa cabecita contra su espinilla.

-Vamos a desayunar -habló cuando todo parecía estar más tranquilo. Harry asintió mientras se sentaba frente a la barra de la cocina. Tampoco había vuelto a desayunar en la mesa principal, el ver el lugar vacío de Louis o que alguien más se sentara sobre él era otro factor para que una crisis comenzara-. Vi algunos papeles sobre posibles empleadas. Creo que necesitamos comenzar a hablarles -propuso.

-¿Para qué?

-La casa lo necesita y tú también.

-¿También me quieres dejar? -preguntó rápidamente. La expresión de Harry le rompió otro poco más el corazón a Michael. Nunca había visto a alguien tan indefenso y asustado. En efecto, el no dejaría solo a Harry, no solo por el hecho de que Louis se lo había pedido, sino porque realmente sentía como a un hermano al rizado.

-No, no -se corrigió-. Harry, la casa necesita estar igual de bonita como solía estar. Necesitas a alguien que te haga un buen desayuno, yo puedo sobrevivir de recalentado de pizzas, burritos y hamburguesas -inflamó su barriga al propósito mientras la señalaba-, tú no.

-Supongo -murmuró. Michael sonrió complacido.

El desayuno transcurrió demasiado tranquilo y lento por parte de Harry. Una rebanada le tomaba más de quince minutos poder terminarla. Por primera vez después de una semana, también se había ofrecido a lavar los trastes de la forma tradicional, había leído una vez en alguna revista sobre que la acción y el contacto con el agua servían como un relajante. Sirvió por unos minutos fregando una y otra vez las piezas de la vajilla, sin embargo el pensar en Louis se había hecho una constante en su vida. No podía pasar más de dos minutos sin traerlo a la mente.

Simplemente comenzó a llorar, no de la forma desgarradora, solo sollozos que no pasaron desapercibidos por Michael.

-Lo extraño -sorbió su nariz.

Un pequeño ladrido del cachorro parecía el sumarse al sentimiento de Harry.

-Lo sé, y no estoy diciendo que no deberías hacerlo, solamente tú sabes el fuerte dolor por el que estás atravesando, pero esta pequeña cosa también te necesita -tomó en brazos al cachorro mientras se deshacía en caricias que le daba Michael-. Sabes que adoro cuidarlo, pero al final del día es tú bebé, ¿no?

-Lo es -limpió su cara con su muñeca. Estiró sus brazos de forma que Michael le pudiera a dar al canino-. Soy un desastre ¿no? -le habló al cachorro-. Discúlpame, sé que lo extrañas igual, y no estoy seguro poder recuperarme pronto, pero seré un mejor padre-. Tate comenzó a lamer con su pequeña lengüita la mejilla aún húmeda por las lágrimas en respuesta.

-Sé que es pronto, pero tenemos que comenzar a sacar las cosas que quedaron de él en ese armario.

-¿Cuáles cosas? -fingió confusión.

-No me vas a engañar, Styles, he visto que te encierras ahí porque aún quedan cosas de él.

-¡No! -gritó, haciendo brincar a los otros dos-. No quiero sacar nada, por favor, Michael.

-Acabas de decir que no crees poder superarlo pronto y estoy completamente de acuerdo, pero necesitas dar pequeños pasos -explicó.

-Tengo miedo.

Disenchanted || Larry Stylinson¡Lee esta historia GRATIS!