Cuando abrió la puerta, lo primero que vio fue a Tate, corriendo fuera de la casa para hacer sus necesidades en el jardín. Esperó a que hubiera terminado para tomarlo en brazos y entrar junto con él. La casa no estaba en buenas condiciones, otra vez. Probablemente Harry hubiera roto cosas durante la noche nuevamente. Olía a encerrado, tampoco abría ya las ventanas y en ese momento, Michael creyó que si salía a la piscina seguramente le daría asco el estado del agua. Tate se encontraba tranquilo en sus brazos, pero evidentemente ni siquiera el pequeño cachorro podía ignorar que algo estaba muy mal, así como la ausencia de uno de sus padres.

Michael escuchó algunos de los mensajes de la contestadora y subió las escaleras y lo dejó en el piso. Tate corrió a la habitación principal, indicando que lo siguiera. El cuarto estaba vacío a simple vista, pero él le ladraba a la puerta del armario. Michael suspiró y la abrió. En el espacio vacío sobre los cajones, el hueco que se formaba debajo del tubo donde Louis solía colgar sus trajes, Harry estaba con los ojos muy hinchados abrazado a sus rodillas.

-¿En verdad pasaste aquí toda la noche?

-Huele a él -murmuró apenas un hilo de voz.

-Harry -negó con la cabeza-. Vamos, necesitas salir adelante.

-Pero... -sollozó- lo amo, Michael, lo extraño muchísimo.

-Sé que lo haces, lo sé -se acercó para abrazarlo y al mismo tiempo buscar sacarlo de ahí.

Harry no se resistió mucho. Un minuto después ya estaba de pie en el centro de la habitación, calzando con movimientos torpes las pantuflas de leopardo de las que Michael había dejado de quejarse hace mucho. El más joven lo guio escaleras abajo a la cocina, donde como ya era costumbre de la última semana, prepararía té y calentaría pizza de la noche anterior en el microondas para que desayunaran, y mientras la pizza se calentaba le serviría comida a Tate porque ciertamente no confiaba en que Harry lo hiciera en medio de su estado actual.

Casi sin hablar, sin ganas de nada.

-¿Cenaste algo anoche? -preguntó sirviendo las rebanadas.

-Kaya me dio un sándwich antes de irse -respondió mirando fijamente a un punto vacío de la mesa.

-¿Y te lo terminaste? -Harry asintió ligeramente.

-No se fue hasta que lo hice.

-Bien -puso el plato de Harry frente a él-. Por cierto, tenías un mensaje de ella en el teléfono, dice que llegará un poco tarde hoy, y que trates de sonreír.

-¿Sabes qué debería hacer? -Harry alzó la vista cambiando de tema drásticamente-. Color menta... sí, pintaré toda la casa de color menta.

-¿Por qué harías eso?

-Y la puerta será rosa... -se levantó mirando a su alrededor, ignorando la pregunta de Michael- voy a cambiar este piso por mosaicos baratos y que no combinen... y voy a pintar el pórtico de rojo, ¿no se vería espantoso de rojo? ¿y si pongo vitrales oscuros en las ventanas?

-¿Harry? -Michael se acercó a él sujetándolo por los hombros? ¡Harry! ¿para qué?

-Es que... -su expresión comenzó a deformarse, a punto de llorar otra vez- tal vez así Louis regrese a regañarme por hacer todo mal.

Volvió a romper en llanto en los brazos de Michael. Y demonios, que en cualquier otra situación se habría ido hace mucho, pero no podía, y solo se sentía peor de no poder hacer nada para ayudarlo, ni saber nada de Louis. Harry lloraba con tanta fuerza que lo hacía estremecerse, tal vez ese día debería faltar a clases, no se arriesgaría a dejarlo solo.

Disenchanted || Larry Stylinson¡Lee esta historia GRATIS!