Tenían muy poco tiempo de vivir ahí, Louis ya comenzaba a acostumbrarse al trayecto que debía seguir del trabajo a su nuevo hogar, y lo disfrutaba. Pero sin duda su parte favorita era llegar y encontrar a su nuevo esposo recibiéndolo alegremente en medio de la reluciente casa que ahora habitaban juntos, y si ese no era su paisaje favorito, no sabía cuál era entonces.

Pero ese día llegó escuchando solo silencio, no estaban las mucamas, y no fue recibido con un efusivo "HOLA, AMOR" como era usual. Su primer instinto fue caminar a la cocina, la parte más cercana a la sala y la recepción, por si encontraba a alguien. Harry lo esperaba con cara de pocos amigos y sosteniendo en su mano derecha un recipiente que Louis conocía muy bien.

-¿Qué significa esto? -fue su saludo.

-Hazz...

-No, Louis, ¿por qué lo estabas escondiendo? -Louis no respondió, Harry soltó un suspiro-. No puedo creerlo.

-No, cariño...

-¿Por qué sigues mintiendo? -preguntó arrojando el recipiente a algún sitio en el estante detrás de él- ¡Prometiste que lo dejarías!

-Lo sé, amor, pero es complicado.

-Ni siquiera lo estás intentando -Harry volvió a suspirar conteniendo el nudo que comenzaba a formarse en su garganta-. Te perdoné los cigarrillos que encontré en el equipaje durante nuestra luna de miel porque prometiste que no volverías a hacerlo, Louis, ahora que decido intentar un nuevo postre y busco en la alacena encuentro esto, ¿creíste que jamás buscaría ahí?

-Amor, lo lamento.

-No, lamentas que te haya descubierto.

Louis caminó los pocos pasos que le faltaban y rodeó con sus brazos la cintura de su esposo. Harry trató de zafarse perezosamente, Louis hizo su agarre más fuerte pegándolo a su pecho.

-Lo voy a dejar ya -prometió, mientras sus labios se pegaban al cuello de Harry, el contacto hizo a ambos estremecerse.

-Mentiroso -trató de responder de forma enojada, pero los pequeños besos lo estaban distrayendo-. Promete que lo vas a dejar, hazlo por mí -echó el cuerpo hacia atrás para poder ver a Louis directo a la cara.

-De acuerdo -puso los ojos en blanco, pero rápidamente recibió un pellizco en uno de sus brazos-. Prometo dejar todos mis pequeños e inofensivos vicios por ti.

-Bien -sonrió triunfante-. Por cierto, me he adelantado y ya he tirado todas tus pipas -se alejó balanceando sus caderas provocativamente.

De ahora en adelante Louis realmente iba a intentar dejar todo lo que en algún momento fueron sus prioridades, ahora la única adicción que tendría era a los besos matutinos de su esposo, se embriagaría solamente con el aroma de su perfume y se enviciaría solamente de contemplar los hermosos ojos verdes brillar.

De lo único que estaba seguro es que la única persona en el mundo que podía arruinarlo de todas las formas posibles, era su Harry.

~*~

No importa por cuántas cosas pasen las personas que nos rodean, mientras no sea uno mismo o alguien muy cercano, la gente continuará con sus vidas sin importarles las de los demás. Es por eso que a los dos días de que Louis se fue, al resto de la calle dejó de importarles lo que sucediera después.

Una semana después Michael continuó con la rutina que había adoptado desde ese día, despertaba, cruzaba la calle, iba a ver si Harry estaba bien, cuidaba que desayunara algo, se encargaba un poco del desastre que hubiera en la casa, y en cuanto Kaya llegara a vigilar a Harry él salía a la escuela. Le había devuelto a Louis la llave que le dio cuando fueron a Jamaica, pero sabía que guardaban una de repuesto en las flores bajo la ventana principal.

Disenchanted || Larry Stylinson¡Lee esta historia GRATIS!