Capítulo 35.

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No sé bien que fue todo lo que ocurrió segundos después. Un montón de hombres aparecieron por las calles. Me mantuve en una esquina, abrazada a mí amiga mientras veía cómo destrozaban en el piso a uno. Todos, contra uno.

Pisoteaban su cabeza como si fuera una pelota. El estómago se me revolvió y tuve que aguantarme las ganas de devolver.

Chillaban algo extraño y festejaban entre ellos mientras dejaban al pobre hombre inconsciente. "Quizá es un ladrón", pensé.

Jenny me tomó de la mano y procuró caminar por dónde el taxi nos había dejado minutos atrás. Todo era un caos. No hubo un hombre que no nos tocara o dijera algo. Uno incluso levantó mi top. Me defendí quitando sus manos y no tuvo problema en dejar un buen puñetazo en mis costillas.

Mi amiga tiraba de mi mano mientras intentaba sacarse a unos cuantos de encima. Los asquerosos labios de un tipo sobre mi cuello me dieron la fuerza necesaria para golpear su rostro y empezar a correr. Sentí un golpe en mi ojo qué sólo hizo que corriera más rápido.

Estaba asustada como la mierda.

Ellos permanecieron en su lugar, riendo. ¿Qué diablos eran? ¿Qué querían? ¿Sólo molestar? Al ver que su intención no era seguirnos, frené mi marcha para quitarme los zapatos y tomarlos con las manos.

Eché a un vistazo al que habrían demolido a trompadas segundos atrás. Estaba un ochenta por ciento segura de que no iba a despertar.

Continué corriendo por unos metros, observando a Jenny un poco más atrás. Cuándo por fin pude reaccionar de todo lo que estaba pasando y de qué estábamos corriendo hacia la nada misma, saqué mi celular del bolsillo y lo busqué en la agenda.

Un tono.

Dos.

—Julián —sollocé contra el teléfono.

Frené mi corrida para esperar a mi amiga, que se acercaba muy de a poco con mueca de cansancio en el rostro.

¿Ori? ¿Qué pasa?preguntó preocupado.

Fijé mi vista en la batalla campal que estaba ocurriendo unas cuadras atrás.

La piel se me erizó al sentir las gotas sobre mí. Había empezado a llover y ni siquiera lo había notado.

— ¿Dónde estás?

Su voz me hizo volver a la realidad. Jenny tiró de mi brazo para hacer que continúe corriendo. Un grito salió de mi garganta cuando me di cuenta de que estaba caminando sobre vidrios.

¡Qué mierda, Oriana! ¿Dónde estás? —repitió desesperado.

Respiré hondo para ocultar mi llanto desgarrador.

—No...no sé —lloré y tragué con fuerza, esperando que se lo crea.

Activa el GPS del celular y procura mantenerlo encendidopidió antes de cortar la llamada.

Lo obedecí.

—No puedo más —dije viendo que Jenny continuaba tirando de mi brazo.

El ardor en mis pies era insoportable. Ella los miró aterrada. Estaban llenos de sangre y tierra. Vaya infección iba a tener que aguantar.

—Qué...qué mierda.... —tartamudeé mirándolos a lo lejos.

—Son pandilleros —adivinó mi amiga llegando a mi lado.

Oh, no. Lo primero que pensé fue en la regañada que Julián iba a darme apenas me vea.

— ¿Podes al menos caminar? Quiero alejarme un poco más de toda esta mierda —preguntó mientras pasaba su mano por mi cintura y me sujetaba contra ella.

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