Prólogo

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Deslicé las manos por sus muslos y la acariciaba lentamente mientras recorría sus hombros entre besos, aspirando el aroma de su piel y experimentando cada sensación producida al tenerla bajo de mí. Sus delgadas manos acariciaban mi espalda y su cuerpo desnudo se agitaba con solo mis besos en su piel.

Bajé la lengua por su cuerpo hasta llegar a sus pezones, en donde introduje al derecho a mi boca para empezar a succionarlo y mordisquearlo lo suficientemente fuerte para hacerla gemir y lo suficientemente delicado como para no lastimarla. Sus pechos son grandes y blancos, hermosos y suaves... su piel es delicada, suave, tersa, dulce y con un aroma que me lleva a imaginar mil placeres a su lado. Sus labios son delgados y rosados, delicados y generosos. Ella es perfecta... a ella la mujer amo tanto.

-mmmm—la oía gemir bajo mi cuerpo mientras succionaba sus pezones endurecidos y erectos por el placer. Masajeaba al pezón libre mientras mi lengua jugaba con el pezón atrapado por mi boca. Me gustaba oírla gemir, me gustaba escuchar que le producía tanto placer estar conmigo. Abandoné el pezón derecho y atrapé el otro para repetir lo mismo que con el anterior, succionándolo y mordisqueándolo, presionando mi rostro en él y llenando mis pulmones del exquisito aroma de su piel. Como disfrutaba hacerle el amor.

Continué descendiendo por su vientre plano, reposando besos pausados y explorado cada milímetro de ella, sabiendo que jamás me cansaría de hacerlo, la amaba más que nunca... era la mujer de mis ojos, mi sueño despierto.

Separé sus pierdas y hundí la lengua entre su intimidad, escuchándola gemir con fuerza mientras separaba más las piernas. Ella sabía tan bien. Ella era tan perfecta. Moví la lengua en su interior, lamiéndola y deslizando mi boca por sus pliegues hasta centrarme en su clítoris para morderla y generar aún más placer, escuchándola gritar mi nombre, jadeando y pidiéndome que no me detuviera.

-Oh... Hae. Ahhh--- Ella gemía con fuerza. Sus palabras me hacían desearla hasta el punto de querer jamás terminar momentos como estos. Hacer el amor era una de las cosas que solo lo había hecho con ella; quiero decir, toda mi vida solo he tenido una mujer en la vida: (TN) Brown, mi primer y único amor.

Continué dándole sexo oral hasta que saboreé un líquido en mi boca, ella se había corrido en mí. Me aparté de ella y me recosté en su vientre, con el rostro a la altura de sus pechos y entreabriendo los labios derramé sus fluidos de mi boca en centro de sus pechos, recorriéndolo hasta su vientre y volviendo a lamerlo de su piel, saboreando cada centímetro de ella. Volví a sus labios y deslicé mi lengua en su cavidad bucal, explorando también a esta, masajeando su lengua y jugueteando con ella, mientras nuestros alientos se convierten en uno, nuestros labios se saborean entre sí una y otra vez. Tenía los ojos cerrados pero podía verla claramente tras esa cortina de oscuridad, podía sentir su respiración chocando con la mía, podía sentir sus manos deslizándose por mi espalda y sus pechos apachurrados debajo de mi cuerpo. Su delgada silueta debajo de mí, y mi cuerpo aprisionadora contra a cama, el sabor de ella en nuestras bocas mientras que nuestras lenguas se encontraban una y otra vez, acariciándose y entrelazándose.

Su temperatura era elevada al igual que la mía y su cuerpo se sentía tan pequeño junto al mío. Su pequeña cintura y sus suaves pechos eran perfectos. Me aparté de ella y la miré por segundos, sus ojos también se abrieron y me miraron con cierto sonrojo. Unos ojos color cielo, color del horizonte al mirar hacia el interior del mar en plena luz de día. Era mi chica perfecta. Volvió a cerrar los ojos llevando sus manos hasta mi cabeza para jalarme hacia ella y volver a besarme. Ella era tan hermosa para mí, ella era un ángel que duerme entre mis sueños y busco cada mañana desesperadamente para estar a su lado. Pero eso pronto terminaría. Ya no más, ella y yo ya no estaremos separados por más tiempo.

Daydream. Lágrimas de hielo¡Lee esta historia GRATIS!