Capítulo 28.

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Me separé de mi amiga cuando vi que estaba dejándola sin aire. Ella rió divertida. Julián nos miraba con ternura desde el marco de la puerta.

—Julián, ella es Jenny —la presenté y el asintió con agrado—. Jenny, él es Julián.

—No, sí, tranquila, ya sé quien es —dijo entre risas.

Julián rió por lo bajo y llevó su mirada al piso. Se había puesto nervioso. ¡La celebridad estaba nerviosa! Era la primera vez que lo veía sonrojarse por completo.

—Yo... —comenzó a hablar y aclaró su garganta—. Las dejo ponerse al día. Vuelvo en la noche, no rompan nada.

Asentí con la cabeza y él desapareció, cerrando la puerta. Sí, se había puesto increíblemente incómodo.

—Bueno —comenzó mi amiga mientras entraba a la habitación y miraba para todos lados—. Creo que es un buen momento para contarme en qué momento te enganchaste al artista del momento.

Siguió caminando para llegar a la ventana y echar un vistazo por ella. Hizo un gesto algo raro.

—Es complicado.

¿Por dónde, exactamente, debía empezar a contar las cosas? Giró sobre sus pies para mirarme divertida.

—Es sólo una falsa relación entre argentinos viviendo en el exterior para qué él venda más discos, ¿no? —bromeó.

"Sí, y para que yo salga en más revistas", pensé.

Su cara se transformó cuando vio que no se movía un solo músculo de mi cara.

—Espero que sea una broma.

Cerré los ojos para tirar mi cabeza hacia atrás. Ella se sentó en la cama expectante, aún conversaba una pizca de ironía en su rostro.

—Vamos, ¿o vas a decirme que también tienen un contrato? —largó una carcajada.

Todo era tan bizarro que le parecía gracioso de solo pensarlo. A mí también me hubiese resultado divertido, de no ser yo.

— ¿En qué momento se te cruzó por la cabeza meterte en este lío? —preguntó retándome, luego de haber escuchado la historia.

Alcé mis hombros.

—Ni yo lo sé, creo que todo se me fue de las manos.

—Sí, no creo que tener sexo con tu falsa pareja esté en el contrato.

Bufé. Me acosté a su lado.

— ¿Por qué estamos acostadas en la cama de Julián Serrano? —inquirió rápidamente antes de levantarse de un salto.

La miré divertida mientras me sentaba.

—No preguntes, ni pienses mucho.

Sí, en eso se habían basado mis últimos días. Aunque...no estaba resultando demasiado.

— ¿Ya te cantó algún tema?

Reí al ver su cara de emocionada.

—No, y ni se te ocurra mencionar que escuchamos sus canciones antes de irnos de fiesta—la amenacé, señalándola con el dedo.

—Oh, hablando de fiestas... imagino que esta noche vamos a salir a festejar. No sé exactamente qué, pero lo vamos a hacer. Y, obviamente, solas.

Levanté una ceja.

—No sé ni dónde estoy parada, Jenny —expliqué.

No conocía nada de Los Ángeles, más que la casa de Julián y el bosque que parecía estar a unos infinitos kilómetros.

— ¡Ni yo! Y eso, ¿qué?

—Julián me dijo que la ciudad es peligrosa.

—Julián te dijo que seas su falsa novia —replicó instantáneamente.

Touché.

Largué un interminable suspiro y, finalmente, me encogí de hombros.

—Bueno, supongo que podemos buscar algún lugar para salir a festejar.

Después de un largo festejo por su parte y un par de sonrisas de la mía, bajamos las escaleras para recorrer cada rincón de la casa. Estábamos completamente solas en una lujosa mansión.

Todo estaba muy limpio y ordenado así que rápidamente deduje que Julián tendría personas contratadas que trabajaran en ella, pero no había nadie ahí.

Jenny subió después de un rato a ducharse en el baño de la habitación de él. Aproveché el momento para cambiar mi ropa. Hacía frío en el cuarto pero un calor increíble en el resto de la casa, ¿había algún sistema de calefacción? ¿O simplemente hacía ese calor?

Me puse el primer top que encontré cuando abrí la valija y me quedé en culotte. Estaba fresca y cómoda.

La escuché cantar en la ducha antes de bajar las escaleras, con mi short en la mano. ¿Por qué motivo me estaba tomando las cosas con tanta tranquilidad? ¿Por qué me paseaba en ropa interior por toda la casa? ¿Por qué estaba sola en esa gran mansión?

Caminé hasta la cocina y abrí la heladera. Completamente vacía, ¿de qué vivía este chico?

Bufé y volví al living. Estaba hambrienta.

— ¿Cuál es tu problema? —preguntó mi amiga de un grito y giré a mirarla.

Me observaba divertida desde el borde de la escalera.

— ¿Cuál es el tuyo? —repliqué riendo.

Estaba envuelta en una toalla mientras su pelo goteaba.

—Mi valija está ahí —la señaló y caminó unos pasos hasta ella—. No tengo muchas intenciones de andar desnuda por la casa, cómo vos.

Reímos juntas. La observé desde mi lugar.

El ruido de la cerradura robó mi atención. Jenny me miró aterrada mientras la puerta se abría. No alcancé a decirle nada.

Agustín y Maxi entraron por la puerta principal.

¡Había olvidado por completo que llegaban hoy!

Agustín. Maxi. Jenny desnuda, con su cabello completamente empapado, envuelta en una toalla. Yo en un estúpido culotte, un top que no llegaba a mi ombligo y un short colgando en mi hombro.

Oh, no.

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