Louis esperaba mordiéndose las uñas junto a la alfombra de rosas, si la respuesta a su propuesta era negativa, no sabía qué haría con el oso que Zayn tenía en su auto. Su corazón se detuvo por fracciones de segundo en cuanto distinguió la expresión eufórica de Harry saliendo a toda velocidad del edificio y arrojándose a sus brazos con tanta fuerza que por poco los tira a ambos. Antes de que respondiera, ya sabía que Harry estaba aceptando ser su novio.

-¡Sí! -gritó.

Fue la palabra mágica para el momento más feliz de su vida, hasta el momento.

*

La cena había sido exquisita, y Louis podría asegurar que Harry se veía más hermoso que nunca. Mientras tanto a él le hormigueaban los dedos, y los labios también mientras caminaban lentamente por el sendero previamente adornado con cuidado y él le expresaba lo mucho que lo amaba y cuánto deseaba pasar toda la vida a su lado, entonces se arrodilló, sacó la cajita que llevaba en el bolsillo y abriéndola dijo las palabras que más nervios le daban:

-¿Quieres casarte conmigo?

Los ojos de Harry se llenaron de lágrimas mientras asentía frenéticamente.

-¡Sí!

Y al demonio con el día que aceptó ser su novio, este, era definitivamente el mejor día de su vida.

*

Dos días después de su primer aniversario de bodas, desde aquél día en el que Harry le pidió el divorcio, no habían hablado mucho. Pero Harry acababa de levantarse y se dirigía a la cocina por su desayuno, mientras Louis tomaba sus cosas para salir al trabajo.

-Harry -llamó desde la puerta para captar su atención-, recuerda que tenemos una cita a las doce en el juzgado.

Para hablar con sus abogados. Harry asintió acercando la taza a sus labios.

-Sí.

Y si bien esa palabra había sellado los momentos más felices de la vida de Louis, esa vez no se sintió tan lleno de júbilo. La diferencia era que esa vez, no expresaría sus emociones.

~*~

La mayoría de veces entre el planear algo y hacerlo hay un abismo de por medio, tan grande que se puede caer antes de darse cuenta, el alcohol por ejemplo, fue la piedra que hizo tropezar a Harry.

Tenía más de veinte minutos proponiéndose abandonar el bar, pero los movimientos torpes y el claro efecto del alcohol le habían golpeado fuertemente debilitando todos su sentidos. El transcurso de cada segundo se sentía como un flash que alumbraba una imagen en su cabeza por ratos.

Se encontraba frente a la barra riendo con un par de chicas igual de ebrias las cuales ni siquiera había recordado que estuvieran ahí, ni mucho menos recordaba el hecho de haber comenzado hablarles, cerró fuertemente los ojos y la luz desapareció dejándole ver destellos debajo de sus párpados. La segunda escena que se iluminó quién sabe cuánto tiempo después, las mujeres ya no estaban alrededor, ahora un hombre rondando la misma edad que él estaba a su lado hablando con dificultad el inglés, aun estando ebrio Harry se dio cuenta del acento francés mezclándose torpemente con su pronunciación.

Sin poder evitarlo Harry comenzó a reír torpemente.

-¿Qué es tan divertido? -preguntó el sujeto tratando de que su lengua no se enredara.

-Como hablas -Harry gritó entre risas. El hombre rió contagiado con la alegría del rizado sin importarle que fuera por un comentario de burla contra él-. Un extranjero embriagándose en otro país debe ser divertido -intentó beber un poco más de su vaso pero ninguna gota se derramo por sus labios-. Otro -exigió al barman.

Disenchanted || Larry Stylinson¡Lee esta historia GRATIS!