Capítulo 27.

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Nunca lo había visto tan vulnerable.

Su rostro estaba relajado en su totalidad. Me revolví en la cama, intentando no moverme tanto para no alterarlo. Apoyé mi mentón con suavidad sobre su hombro desnudo. El calor que su cuerpo largaba me hizo estremecer.

Había sido fácil quitarnos la ropa y tener sexo. Pero... abrir tu alma, dejar que se tranquilice para que otro descubra tus miedos, tu futuro, tus sueños. Dormir juntos, dejar que el otro te vea en un estado increíble de...sensibilidad. Eso era estar realmente desnudos.

No sabía bien que era lo que había ocurrido anoche. Pero Julián, sin decir ninguna palabra, me había aclarado un par de cosas.

Nunca imaginé verlo así. Jamás me imaginé ver a la super estrella en ese estado. Pero él no dejaba de sorprenderme.

—Bonita vista, ¿no? —preguntó de golpe e hizo que me sobresaltara.

¿Por qué siempre tenía que adivinar todo? Largué un suspiro irónica, pero no me moví un solo centímetro.

Vaya. Sin darme cuenta, lo estaba mirando como una acosadora.

Hizo una mueca de dolor y levantó su cuerpo de la cama. Al segundo lo dejó caer otra vez. Lo miré extrañada.

— ¿Qué pasa?

Largó un suspiro.

—Preciosa... —exclamó en un susurro y se me puso la piel de gallina—. Dormir con vos es una tortura. No te das una idea de lo que está pasando allí abajo —finalizó mirando su entrepierna.

Me relajé: La celebridad estaba de vuelta.

Negué con la cabeza divertida mientras me alejaba un poco. Se tomó unos minutos para observarme. Me sonrojé al recordar que estaba vistiendo sólo una camiseta suya.

Pensé por un momento, ¿tenía que preguntar sobre lo ocurrido en la madrugada? ¿Él iba a querer contarme algo de eso? O, ¿estaba pretendiendo mucho?

— ¿Cómo amaneciste?

—Bien —me limité a responder. Él asintió con la cabeza y se rascó su nuca—. ¿Cómo amaneciste vos?

—Con una increíble erección y un humor de perros.

Reí sólo por dentro. Intenté no demostrarle que me gustaba, exactamente, todo de él.

—Suena como un mal comienzo.

—No te imaginas cuánto —negó con su cabeza y me miró—. Podría ser peor, podría haber amanecido sólo con el humor de perros.

No pude evitar largar la carcajada. Lo odiaba por ser tan espontaneo. Sonrió de costado.

— ¿Y?

Estaba ansiosa y no podía disimularlo.

—Y, ¿qué? —preguntó arqueando una ceja.

— ¿Qué fue lo que hizo que te levantas con un humor de perros? —indagué , y su rostro automáticamente se tensó.

Tragó saliva y miró hacia el techo.

—Paul quiere que confirme nuestra relación.

Wow. Me acomodé a su lado y lo imité. Quizás en el techo encontraríamos la solución a todo esto.

—No quiero hacerlo —susurró.

¿Cuál era, con exactitud, el plan? No había siquiera leído el contrato.

No tenía idea si lo que querían era que saliéramos un par de veces, que fuéramos vistos por ahí, pasando el rato juntos. O sí pretendían una relación al estilo novela romántica, dónde yo vaya detrás del culo de Julián a dónde él quiera.

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