Capítulo 26.

5.6K 282 17

Gruñó sobre mis labios

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Gruñó sobre mis labios. Estaba incómodo. Rápidamente giré mis piernas y pasé una a cada lado de su cuerpo. Quedamos aún más cerca.

Enganchó sus manos detrás de mi cintura y me sostuvo pegada a él con posesión. No tenía intensión de dejar de besarme, y se lo agradecí.

Abrí la boca y lamió mi labio inferior antes de recorrer la cavidad con su lengua. Suspiré moviéndome un poco. Llevó sus manos a mis caderas, una a cada lado, y enterró con fuerza sus dedos allí, haciéndome repetir el movimiento.

Abandonó mis labios para besar mi cuello. Dejó un camino de besos desde el lóbulo de mi oreja hasta la clavícula. Era una tortura. Escondí mis manos en su pelo y lo sostuve con fuerza contra mí. Succionó. No pude evitar gemir, sentí su sonrisa en mi cuello.

—Julián —susurré, no quería que notara cómo me temblaba la voz.

— ¿Sí? —exclamó sin moverse de allí.

—Paul está esperándote.

"Por favor, decime que te importa una mierda él", rogué por dentro.

—A la mierda Paul —largó, sonreí victoriosa mientras tiraba mi cabeza para atrás.

Aprovechó el momento para sacarme el top en cuestión de segundos.

Rodeó mi cintura sólo con un brazo. Me sostuvo con fuerza mientras buscaba algo al costado de su asiento. Al instante la butaca se reclinó por completo.

La camioneta era incluso más cómoda que mi cama.

Me senté sobre su regazo. Me miró con lujuria desde el asiento. Até mi cabello sin sacarle la mirada de encima. Ahorró tiempo y quitó su remera. La revoleó por los aires.

Ahora era yo la que estaba mirándolo como si estuviese hecho de diamantes.

¿A quién quería engañar? Esos músculos eran mejores que cualquier diamante.

Me acosté ahora sí sobre su torso desnudo. El contacto de su piel con la mía me provocó un temblequeo. Llevó sus manos a mis nalgas para provocar que su pelvis rozara la mía.

Dios.

Ahora sí entendía a todas esas que aceptaban pasar sólo una noche con él. Cómo yo lo había hecho antes. Estúpida.

Sus besos en mi pecho me trajeron de vuelta al mundo. Desabrochó mi corpiño con un ágil movimiento de dedos.

Pasó una mano por debajo de mis piernas y me levantó en el aire, sin quitarme la mirada de encima. Bajó mi pantalón, dejándome sólo en ropa interior. Me apoyó sobre él otra vez.

Me incorporé dejando el peso de mi cuerpo en mis rodillas y desabroché su pantalón, besando su pecho. Movió las piernas para rápidamente deshacerse de él.

Ahora sí, me recosté sobre su cuerpo. Su notable erección me rozó y no pude evitar largar un suspiro.

—Mierda, Oriana —susurró sobre mis labios al notar que estaba tan lista cómo él.

Se incorporó en el asiento, aún conmigo sobre su regazo. Rodeó mi cintura con un solo brazo y me sujetó con fuerza mientras se estira para agarrar de la guantera el pequeño paquete.

Me besó los labios con suavidad mientras hacía que me despegara de su cuerpo un poco para quitarse su última prenda. Hizo lo mismo conmigo.

Un grito ahogado salió desde lo profundo de mi garganta cuando lo sentí en mí. Y nos hicimos uno.

Sentí sus caricias en mi mejilla

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Sentí sus caricias en mi mejilla. Abrí los ojos con suavidad. No quería que dejara de hacerlo.

Manejaba con una mano, la otra no dejaba de mimarme. Me acurruqué ante ella. Julián me muestra sus dientes.

—Ya casi llegamos —dijo.

Apenas me moví me di cuenta de lo cansada qué estaba. Pensé por un momento en lo cansado qué debía estar él. Me incorporé en el asiento sintiéndome mal por eso. Refregué mis ojos aún adormilada

—Te ves incluso más linda después de un polvo —bromeó y yo me sonrojé—. Vas a tener que acostumbrarte a esos chistes.

—Ya lo estoy haciendo. De hecho, ese me hizo gracia —confesé.

Dejó de acariciarme para agarrar el volante con sus dos manos.

—Paul va a cortarme las bolas —exclamó rascándose la nuca.

— ¿Qué necesitaba? —pregunté al verlo inquieto.

—No sé, dijo que tenía que mostrarme algo de la discográfica. Y que tenía noticias para vos.

— ¿Para mí? —levanté las cejas extrañada. Asintió alzando los hombros.—. Estoy hambrienta —exclamé, agarrándome la panza.

Julián señaló el asiento trasero, mientras tomaba su celular para rechazar una llamada entrante y luego apagarlo. Sí, Paul iba a matarlo.

Giré mi cabeza y encontré una bolsa de McDonald's. Me sonrió cuando largué un grito. Nota mental: Actuar exagerada para verlo sonreír.

El resto del viaje me la pase comiendo, sonrojándome y esquivando los desubicados comentarios de Julián.

Apenas estacionó la camioneta en su garaje, la sonrisa desapareció de su cara y todos sus músculos se volvieron a tensionar. Cómo si Paul tuviera el poder de convertirlo en alguien que no es.

Tomó mi mano y me arrastró hasta su casa. Apenas abrió la puerta, lo vi. Se puso de pie y caminó hasta nosotros. Julián soltó mi mano casi al instante.

Paul me observó, cómo si yo fuese la culpable de todos los males en este planeta.

—Espero que tengas una buena excusa —dijo.

Volvió a caminar hasta el sillón y se sentó ahí, esperándolo.

Julián me miró y, con sus ojos, me dijo todo. Subí las escaleras para escabullirme en su habitación. Miré el desastre a mí alrededor. No era, con exactitud, un chico ordenado.

Me quité la ropa y la dejé sobre mi valija. Fui hasta el baño para lavarme la cara e higienizarme. Me sobre-salté con las voces en la planta baja. Salí del baño y observé su habitación.

El reloj marcaba las 02:10 am. "Lindo horario para discutir", pensé.

Me miré en ropa interior, en el espejo frente a la cama. Tenía marcas y chupetones por todo el cuerpo. Me sonrojé sola. Agarré una remera de él que caía sobre la cómoda. Respiré su aroma como una estúpida.

Mi cuerpo se relajócuando cayó en la cama. Mis párpados no aguantaban un segundo más. Me dormí, entre gritos e insultos.

Fake¡Lee esta historia GRATIS!