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Ignis parte 1

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-¡Kate despierta! –Sentí un golpe en mi cara- ¡Ya es tarde!

- ¡Aaahhh! ¡Natalia te voy a matar! –Le grité aventándole una almohada-

Todo mi cuerpo dolía, mis piernas estaban entumecidas, mi cabeza estaba a punto de explotar, sentía mis brazos acalambrados, estaba cansada. Me levanté y me fui directo al baño, el agua caliente relajaba mi cuerpo, no entiendo porque me siento así, no creo que limpiar tantos libros me haya cansado tanto.

-Buenos días papá –Dije sentándome en la mesa-

-Buenos días cariño, ¿Qué tal dormiste? –Dijo mientras servía el desayuno-

-Bien, gracias

-Kate te llamó Sebastián, dijo que pasaba a recogerte en una hora

-Gracias…espera… ¿Una hora? ¿Hace cuánto habló?

- Hmmm –Mordiendo su tostada me miró divertida- Hace una hora

- ¡NATALIA!

-¿Crees que estemos haciendo lo correcto? –Pregunto una mujer alta de cabello castaño y ondulado, sus ojos eran azules, usaba pantalones vaqueros con una blusa escotada café. En su cuello colgaba un largo collar verde con incrustaciones de plata y oro y una gran esmeralda en el centro-

-¿También dudas de nuestras tradiciones Sara? –Le respondió otra mujer de cabello negro corto, usaba un pantalón, botas hasta la rodilla y una blusa negra. Al igual que la otra mujer esta usaba un collar de plata con un gran diamante en forma de gota el cual estaba rodeado por cordones de oro-

-¡Claro que no Sabina! Pero ¿Y si Anastasia tiene razón? Este crimen lo probaría –Dijo apuntando a un montón de cenizas-

-No podemos hacer especulaciones, todavía no sabemos lo que paso

-¡Sabina por dios!

-Disculpen –Un hombre de cabellos blancos las interrumpió- Mis señoras hemos encontrado esto-Dijo y les entrego un pañuelo rojo, cuando lo abrió se pudo observar un brazalete de plata, en el centro había un sol envuelto en cordones de oro-

-¡JANE! ¡OH MI DIOS! –Se tambaleo y se dejó caer al suelo

-¿Estas segura?

- ¡Sabina yo hice ese brazalete! ¡Se lo di cuando la asignaron como mi guardiana! –Se levantó y le arrebató la joya al hombre y empezó a llorar- ¿Quién pudo hacer esto? ¡Cómo se atreven! –Gritó. La tierra comenzó a temblar, los árboles se movían violentamente y las rocas del suelo brincaban-

-¡SARA! ¡SARA TIENES QUE CALMARTE!

Los ojos de Sara se pusieron blancos, su cabello se erizaba mientras que el movimiento de la tierra era cada vez más fuerte, varios árboles se rompieron por la mitad, las rocas de las colinas provocaban grandes deslizamientos, Sabina corrió y agitó a Sara de los hombres, gritando una y otra vez, el suelo se movía tanto que las pocas personas que estaban en ese lugar  caían al suelo al no poder mantener el equilibrio. Sabina sacó una daga de su bota y la enterró en la pierna de Sara. Grito. Sus ojos regresaron a la normalidad y todo lo demás se detuvo.

-¡SARA! ¡SARA! –Gritaba Sabina -¡DESPIERTA HERMANA!

-¡JANE! ¡O POR DIOS! –Consternada miro hacia Sabina- ¿Quién pudo hacer esto hermana?

-No lo sé hermana –La jalo hacia sus brazos, Sara lloraba desconsoladamente- ¡Pero quien quiera que haya hecho esto lo pagara! Eso te lo juro

-¡Mi vida es un asco!

-Claro que no…lo que pasa es que la profesora Wilson te odia

-¿Por qué me odia? Quiero decir…yo también la odio pero eso no es suficiente ¿O sí? –Sebastián comenzó a reírse-

Los siguientes días tuve que quedarme con la señora Wilson en su oficina limpiando libros, las tardes se pasaban muy rápido y mi padre me esperaba hasta terminar para poder ir a casa juntos. Últimamente el “Adrián Sobreprotector” estaba al acecho, de hecho, Sebastián es igual, no podía ir a ningún lado sin que alguien me acompañara. Me encantaba la idea de pasar más tiempo con el…pero todo tiene un límite. Se había convertido en mi sombra, no importaba cuan insignificante fueran mis actividades diarias, Sebastián estaba ahí.

Volví a soñar.

Una mujer me veía fijamente. Sus negros ojos me desarmaron. Su largo cabello negro era hermoso, unos mechones rojos le cubrían los hombros, vestía un traje formal negro, comenzó a caminar y se sentó en la gran silla dorada en el fondo de la habitación.

-¿Por qué no has vuelto? –Su tono de voz era casi un regaño- ¿Crees que te esperaré para siempre?

-¿Quién eres?

-¿En serio? ¿Esa es tu pregunta? –Se llevó las manos a la cabeza, estaba furiosa- ¡Tienes que volver a casa! ¡Ya es tiempo!

-No sé quién eres   ¿Porque me gritas?

-¿Cómo que no sabes quién soy yo? –Se levantó indignada- ¿Eso qué significa?

-Significa que nunca te había visto en toda mi vida…

-¿Qué?

-¡Además! Eres solo un sueño, no existes, ¡Y no tienes por qué gritarme!

-Mi niña –Estaba dolida, Genial,  ¿Ahora que había dicho?- ¿Cómo es posible que no sepas quién soy yo?

-Se lo repito señora, no sé quién es usted –Una lágrima cayó de sus ojos-

-Mi niña…ten mucho cuidado…no confíes en nadie más que en ti misma…por favor mí querida niña…no te dejes engañar

Desperté.

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