Capítulo 24.

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—Oh, galán —exclamé nerviosa para evadir el tema.

Él se dio cuenta al instante y no hizo más que sonreír triunfante. Amaba saber que estaba incómoda con él.

Después de casi una hora más de viaje, la ciudad desapareció y el verde nació alrededor. Era ya de tarde, en poco tiempo iba a oscurecer. Pero ese lugar brillaba como si fuese el medio día.

Miraba para todos lados maravillada, Julián sólo sonreía.

— ¿Qué es esto? —pregunté maravillada, bajando de la camioneta.

No había nada cerca. Sólo césped. Verde y más verde.

—Un bosque, creí que todavía quedaban de estos en Argentina —agregó divertido llegando a mí lado.

—Nunca pensé que te podía llegar a gustar un lugar así —me sinceré caminando hacia la nada misma.

— ¿Por qué no? —inquirió intrigado, mientras se ponía ambas manos en el bolsillo.

Lo miré de reojo. No podía ser tan lindo. Y egocéntrico, así que lo disimulé...sólo un poco.

—No sé, siempre te imagino rodeado de alcohol y mujeres.

Reímos juntos.

—Estoy harto de eso —largó, mirando a la nada.

Lo miré girando mi cuerpo y frenando el paso.

—Es lo único que te escucho decir. Eso y que todo te importa una mierda —agregué seria.

Sonaba...casi preocupada. Él sonrió con sus labios pegados.

—Todo me importa una mierda —admitió. Asentí, sabía que lo decía en serio cada vez—. Estoy tan harto que mandaría todo a la mierda y volvería al país para encerrarme en mi casa, con mi familia, y no salir por los próximos diez años.

Agarró mi mano y me arrastró hacia el lado opuesto. No había nada allí tampoco pero él parecía conocer el lugar de memoria. Lo miré extrañada y señaló el horizonte, como si quisiera explicarme por qué nos dirigíamos ahora allí. No lo entendí, estaba muy entretenida escuchándolo. Le hice una seña con la mano para que continuara. Sonrió.

—Nadie te explica nada sobre esta vida. Se vive fácil visto desde afuera —me miró—. Es entendible que pienses que mi vida se basa en boliches, alcohol y mujeres. Sé que pensas lo mismo sobre mis lujos, mi camioneta y mis casas.

Levanté la vista para mirarlo algo apenada. Sí, eso mismo pensaba.

—Creo que tu relación con Paul no es la mejor —largué para darle un hincapié y pretender que dejara de pensar en lo que yo opinaba de su vida.

—Él me importa una mierda. Y yo le importo una mierda a él —sintetizó. Se encogió de hombros—. Siempre busca sacar provecho de todo. Todo lo piensa en billetes. No se molesta en preguntar si me parece bien, si me parece ético. Sí me siento bien. Sí estoy cansado. Me chantajea constantemente. No puedo siquiera elegir bañarme por las mañanas o a por las noches —rió sarcástico—. Tengo como dos malditos años de contrato con él todavía.

Fijó su mirada en la lejanía. Sus ojos estaban cristalinos.

Yo sólo estaba ahí, caminando junto a él. No entraban en su cuerpo las ganas de salir corriendo y escapar. Me había dado cuenta, en los últimos días, lo mucho que necesitaba hablar. Lo que necesitaba una persona al lado para que lo escuchara.

Lo miré cuando vi que trago con fuerza, aclarando su garganta.

Oh, no, por favor.

—Ni se te ocurra largarte a llorar, marica —dije sólo para verlo reír. Nota mental: Hablar cómo si fuese un amigo varón para hacerlo sentir mejor.

Cerró sus ojos y los mantuvo así unos segundos. Los abrió y me miró como si nada hubiera pasado.

—Me eligió una novia muy sexy y linda, al menos.

Se encogió de hombros. Negué con la cabeza divertida, no paraba nunca.

Caminamos un poco más. El ruido del agua me indicó que había una cascada próxima. Me pregunté, por un segundo, cómo hacía Julián para ubicarse en un lugar así, ¿cuántas veces debía haber venido para manejarse así?

—Hagamos un trato —dijo, sentándose en una roca. Me estiró la mano para que me sentara a su lado. Lo miré expectante—. Creo que la tensión sexual entre nosotros está al límite... —empezó.

Oh, por dios. ¿De dónde sacaba esa capacidad de naturalizar las cosas y mantener su cordura, su voz, su postura cuándo las decía?

—Y, visto y considerando qué vamos a tener que seguir pasando tiempo juntos y, tarde o temprano, voy a perder mi postura y discreción...

— ¿Por qué estás hablando como Maxi? —la pregunta se me escapó de los labios cuando escuché todas esas palabras, ¿por qué estaba hablando así?

Utilizando un vocabulario qué no era suyo. Julián era más de los "maldita sea", "jodidamente" y "a la mierda".

Me miró serio y se tomó el mentón con una mano.

—Felicitaciones. Arruinaste el momento.

Largué una carcajada. Habría caído al agua de no ser por Julián. Me sostuvo con fuerza en el aire cuando vio que, de la risa que me había provocado, casi caía de la piedra.

—Lo siento —exclamé todavía riendo..

Negó con su cabeza. Quería reírse pero no iba a hacerlo. Cerré los ojos y respiré con fuerza para intentar ponerme seria.

Posó su mirada en el agua que caía sobre las rocas, estaba nervioso.

—Quiero escuchar el trato —pedí intentando retomar la conversación.

En ese momento me di cuenta de que sí, lo había arruinado por completo.

—No quiero que salgas corriendo ni me des vuelta la cara de una cachetada —advirtió.

—Julián —rodeé los ojos, ya empezaba a dar vueltas.

—Promételo.

—Lo prometo —dije rápidamente, queriendo terminar con la intriga.

—No vayas a tomarlo para mal, no quiero que pienses qué...

—Julián —lo interrumpí, pidiéndole que largara la idea de una vez.

Estaba alterándome. No iba a juzgarlo, sólo necesitaba que lo diga. Sabía en lo que estaba pensando.

Era lo mismo que había pensado yo desde el episodio en el depósito del bar. Sí, la tensión sexual la notábamos ambos. Y... era un tema a solucionar.

–Necesito una noche. O una tarde, una mañana, lo que más te guste. Juntos. Solos. Y nada más —largó.

¿Me estaba pidiendo que me acueste con él?

Y nada más.

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