Capítulo 22.

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— ¿Qué va a pasar con la Range Rover? —pregunté.

Estábamos en pleno vuelo con destino a Los Ángeles. Julián juraba que el jet no se movía pero yo estaba increíblemente mareada. Todo era muy lujoso. Los tapizados eran de cuero claro y las cosas alrededor hacían juego con tonos neutros.

Habíamos tomado el vuelo muy temprano. Nadie nos había visto. Agradecí al cielo por ello.

Miré la hora en el gran televisor. Eran las 6:30 am. Sólo llevábamos una hora y media volando.

Bufé. Paul dormía en un asiento más adelante, estaba alejado pero no tanto, ¿qué tan lejos podía ir ahí dentro?

Julián miraba cómo el sol aparecía por su ventanilla.

—Estará esperándonos en el aeropuerto cuando lleguemos —dijo, sin quitar su vista del cielo.

¿Cómo? ¿Cómo su camioneta estará en Los Ángeles antes que nosotros? ¿En qué la mandaban? ¿En barco? ¿Una persona se encargaba de viajar hasta Los Ángeles en ella sólo para que Julián la tenga en todos lados?

—No entiendo tu vida —largué, casi sin pensarlo.

Sonrió levemente, sin mirarme.

—Ni yo —se limitó a decir.

Lo había notado nostálgico los últimos días, pero no lograba encontrar la excusa perfecta cómo para preguntar algo tan personal. Teníamos confianza, ¿sí o no?

Una luz se encendió dentro de mí.

—Así qué...en paz —comenté en un susurro, algo dudosa.

—Se me hacía raro que no preguntaras sobre eso antes, ¿cuánto estuviste aguantando?

Por fin había logrado que me mirara. Giró su cabeza y luego su cuerpo. Se hizo una bola y apoyó su rostro en su hombro. Se rascó con él sin sacar sus manos de los bolsillos. Después de unos segundos, apoyó su cabeza en el respaldo y se acurrucó en él. Sí, todo un bebe. Y yo tenía el gusto de admirarlo.

—Nunca hay paz en mi vida.

Una sonrisa melancólica se asomó en él. Miré de reojo a Paul. ¿Tenía sentido que hablemos frente a él? Estaba dormido pero, quién sabe.

Julián me hizo una mueca de que no le importaba.

—Te importa una mierda —bromeé.

Me mostró sus dientes. Nota mental: Usar sus frases para verlo sonreír.

—Nunca hay paz en mí vida pero, normalmente, yo siempre estoy en paz conmigo mismo —continuó hablando y me acomodé de tal modo para quedar igual que él, en espejo. Estábamos increíblemente cerca—. Y estos últimos días ni siquiera había podido lograr estar tranquilo por dentro. No podía ni dormir en las noches, estaba volviéndome loco.

Quería abrazarlo.

—Después de arreglar todo con Maxi y luego hablar con vos, lo logré.

Así que eso había logrado, estar en paz con él. ¿Qué tan loca y anormal podía ser su vida para nunca estar tranquilo?

Necesite decirlo, aunque no me creyera o sonara muy cliché:

—Todo estará bien.

Sonrió de lado y se encogió de hombros. "Le importa una mierda", pensé. Reí ante mis pensamientos.

Nos quedamos en silencio, mirando al otro por unos segundos.

Era increíblemente tierno y lindo. Una parte de mí se relajó al conocer al Julián dentro de ese cuerpo. Ese me gustaba más que la súper estrella.

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