LO QUE PASÓ: 13.

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No quería levantarme, no quería salir de mi rincón en el que todo está bien y somos solo yo y mi mente. Bueno, y mi caliente cama.

Mi madre entró para decirme que se me iba a hacer tarde. No le contesté, seguía sin hablarle. Me planteé la posibilidad de hacerme la enferma y no ir al instituto ese día. De verdad que nunca había tenido tan pocas ganas de ir. Con lo que pasó el día anterior, luego lo de mi padre y la conversación entre Brian y su amigo no aguantaría nada más y acabaría explotando. Además la cama ejercía una fuerza de atracción más fuerte que de costumbre, como si no me dejara irme.

Suspiré y cerré los ojos, y por un momento deseé no despertarme, quedarme dormida para siempre y así librarme de todos los problemas. Pero esa no parecía la solución. Sentía dentro de mí que no podía marcharme y dejar las cosas así, hechas un desastre. Tenía que tener fuerzas y arreglarlo, acabase todo como acabase.

Por fin me levanté, quedaban diez minutos para que sonara la sirena del instituto. Me vestí corriendo, me puse los cascos y cogí dos magdalenas para comérmelas de camino corriendo.

Cuando llegué ya estaban todos en clase, evidentemente. Tocaba castellano, lo que significaba que me sentaba al lado de Brian, esa clase era nuestra, éramos los reyes. Pero no ese día.

Toqué la puerta nerviosa ya de pensar en lo que pudiera decirme, tenía en mi cabeza la conversación que escuché, y él no sabía que los había oído. La profesora me abrió la puerta y miré a la clase en busca de mi sitio habitual. No estaba Brian, lo busqué por la clase y lo vi mirándome, sentado con otra chica de clase, Hanna. Bajé la mirada avergonzada bajo la atenta mirada de toda la clase y sus risillas de fondo. Me senté en la mesa y no miré a Brian, hice como si no estuviera. Él estaba sentado unas mesas más a la derecha. Saqué mis libros en silencio mientras la profesora retomaba la clase.

"Ya está", pensé, "se ha acabado, lo sabe y no quiere hacerme daño así que, qué mejor manera de no hacérmelo que alejándose de mi y dejando de hablarme, ya está pasando". Sentí como mis ojos se llenaban de lágrimas, pero no iba a llorar. No, no iba a permitírmelo. Luego le echaría la bronca por dejarme de lado y todo volvería a ser como antes y no dejaría de hablarme. No paraba de mentirme a mi misma cuando la verdad seguro que era la que pensaba, dejaría de hablarme. Pero es que esa es la peor forma de hacerme daño. Podría decirme que no siente lo mismo, que me dolería, pero podríamos seguir siendo amigos. En cambio así... iba a ser muchísimo peor, porque yo no me atrevería a hablarle a él por muchas ganas que tuviera, y creedme, las tenía.

Intenté dejar de pensar en todo eso mientras intentaba atender. Quizá había una razón por la que no se había sentado conmigo y yo no sabía encontrarla en esos momentos. En fin, dejaría que pasase lo que tuviera que pasar.

Cogí mi agenda y acaricié ese "Baby, I'm yours" en el momento en que la sirena anunciaba el cambio de clase.

Guardé mis cosas nerviosas y salí de la clase fingiendo evitar a Brian cuando todo lo que quería era cruzármelo. Pasó por mi lado y le dije:

-Ya te vale.

-Ay, lo siento, es que no venías, y Hanna me tenía que contar una cosa –dijo poniendo cara de cachorrito.

-Ya claro, me has abandonado –dije sobreactuando como si me doliera en el alma, aunque de verdad me dolía.

De repente se puso delante de mi y me abrazó con fuerza, tanto que casi no me dejaba respirar. Y aunque deseaba estar así toda mi vida y no apartarme de él, hacía todo lo contrario e intentaba deshacerme de sus fuertes brazos.

Cuando nos separamos se puso detrás de mi y fuimos andando hasta la siguiente clase. Se pasó el camino haciéndome rabiar, como siempre, y cuando llegamos a la clase me preguntó:

EL PRINCIPIO DEL FINDonde viven las historias. Descúbrelo ahora