Capítulo 20.

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Me desperté de golpe sin entender mucho. Me moví un poco y casi aterrizo en el piso, en ese momento me di cuenta de que estaba en el sillón.

Levanté la vista y lo vi. Estaba sentado en la mesa ratona, muy cerca de donde yo estaba, mirándome serio y fijo.

Alcé las cejas. Hizo algo raro con su boca y, luego de agarrarse la cabeza con las manos, preguntó:

— ¿Qué hago acá?

Suspiré mientras me sentaba en el sillón. La celebridad malhumorada estaba de vuelta. Enseguida negó con su cabeza, como si su pregunta hubiese sido estúpida. De hecho, lo era.

—No digas nada, me emborraché, te llamé y fuiste a buscarme —adivinó y yo asentí aún adormilada—. Gracias. ¿Dónde está mi camioneta? —cuestionó casi reprochándome.

Claro, lo único que importaba era su Range Rover.

—No sé, Julián, si no sabes vos, ¿por qué voy a saberlo yo?

—Porque fuiste la que me buscó —habló rápido, estaba incómodo.

Yo estaba demasiado relajada como para empezar a incomodarme.

—Volvimos caminando del lugar. Me dijiste que Maxi te había llevado ahí, ¿no lo recordás?

Es qué, ¿ya estaba borracho cuándo fue a ese bar? Chasqueó en el aire con sus dedos cómo si se hubiese acordado en ese instante.

—Necesito mi camioneta. Quiero viajar a Los Ángeles de inmediato. Esta tarde, si es posible. ¿Podes preparar tus cosas?

¿Qu...é?

Acababa de despertarme cómo para que me tirara semejante baldazo de agua. Se levantó rápidamente con su celular en la mano.

—Vamos, resiste —le pidió. Supuse que no tenía batería—. ¡Paul! —gritó victorioso cuándo le respondieron la llamada.

—Julián, ¿podes, al menos, consultarme? —dije apenas me di cuenta de qué, si no me despertaba de golpe, iba a terminar en otro continente en cuestión de segundos.

—Te pregunté toda la semana cuándo querías viajar, ¿preferirías viajar mañana?

Asentí con la cabeza, haciéndole una mueca obvia.

— ¿Podes encargarte del jet, por favor? Cuando llegue a casa te explico. Lo quiero para mañana, a primera hora.

Wow. La vida de la súper estrella. Levantar un teléfono para pedir un avión privado...normal.

—Esto es... ¿común? —le pregunté totalmente sorprendida, poniéndome de pie.

Acostumbrarse a su mundo era...complicado.

— ¿Qué cosa? —dijo natural.

Me di cuenta en ese instante. Sí, era común para él.

—Jenny —largué pensando en voz alta. Él caminó hacia dónde estaba y me hizo una seña con su mano sin entenderme—. Mi amiga, Jenny. Viene a Miami en días. Iba a quedarse acá, conmigo —expliqué desesperada.

—Puede venir con nosotros —dijo, sin darle mucha importancia.

Él y su ejército de mujeres que lo seguían a todos lados. Aunque... tener a Jenny conmigo todo el tiempo no era una mala idea. Y menos cuándo estás rodeada de gente con...este tipo de vida.

— ¿Podes cambiarte? —me preguntó aún con su mirada en su celular. Al parecer, estaba haciendo algo importante. Me eché un vistazo: estaba cambiada. Un poco. —Necesito que vayamos a casa para...aclarar algunas cosas.

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