Lo observo moverse por la estancia desde la cama. Tal como lo anunció, de nuevo dormiré con él. Me gusta estar aquí, todo tiene su aroma y me hace sentir protegida, segura. Sigo dándole vueltas a la situación que acontece dentro y fuera del muro. Me siento irritada con las palabras de ese desagradable vampiro y al mismo tiempo, no dejo de pensar en el encuentro con Pen. Armen no ha dicho mucho al respecto. Como de costumbre se mantiene reservado y aunque me gustaría preguntarle los detalles de esa propuesta, no deseo importunarlo.

Fijo mis ojos en su figura. Se ha cambiado de ropa y ahora su aspecto es menos formal, cosa que lo hace lucir aún más joven y atractivo. Tiene el pelo revuelto por la ducha y camina descalzo. Lleva unos pantalones flojos y una camisa blanca con un par de botones abiertos en la parte superior, que dejan ver su piel nívea. Armen es tan hermoso, tan... perfecto. No puedo evitar devorarlo con la mirada. Aunque de sobra sé que no es un buen momento para pensar en ese tipo de cosas. Me muerdo el labio, removiéndome incomoda entre las sabanas al recordar la conversación con Irina. ¿Qué pensaría si pudiera leer mi mente?

Aunque eso no importa ahora. ¿Hay riesgo de una guerra y yo pienso en otras cosas? No es eso, desde luego que me preocupa, pero la atracción que siento por él se mantiene latente y verlo de este modo no ayuda demasiado. Instinto primitivo, Supongo.

Sin que lo espere, sus ojos enfocan los míos y el calor invade mi rostro. ¿Se ha percatado de mi mirada? Me siento como una niña pequeña siendo atrapada en una fechoría, lo que aumenta el ardor en mis mejillas.

Ladea el rostro y esboza una ligera sonrisa, que es casi imperceptible, pero que el brillo de sus ojos lo delata. ¡Dios! ¿De verdad lo sabe? ¿Sabe lo que pensaba? Se acerca despacio a donde estoy y una sensación de vacío contrae mis entrañas, al mismo tiempo que mi corazón acelera su ritmo.

―¿Pasa algo? ―pregunta sentándose en el borde de la cama, mientras estudia mi rostro. Intento contestar, pero me pierdo en la intensidad de su mirada―. ¿Gema? ―musita de forma cariñosa.

―¿Eh? ―balbuceo denotando mi desasosiego. «Piensa algo, no seas boba, Gema», me reprendo mentalmente―. No realmente, solo pensaba que no has bebido. ―Frunce el ceño y niega relajando su expresión, descartando mi idea.

―Estoy bien ―afirma encogiéndose de hombros.

Sin embargo, ahora que lo tengo tan cerca, puedo notar que su palidez es más pronunciada y que luce cansado. «Usar sus habilidades los desgasta. Es una arma de doble filo y necesitan beber para reponerse». Me arrastro sobre la cama, hasta llegar a él; sin perder el contacto visual, bajo el tirante de mi camisón y ladeo la cabeza, dejando expuesta mi piel.

―Yo también. ―Se cuánto le importa que mi cuerpo este bien y quiero que le quede claro―. Lo necesitas. ―No solo por lo de la otra noche, sino porque está bajo demasiada presión.

Me observa unos segundos. Baja la mirada a mi cuello y mi corazón se desboca expectante. Armen recorre la curva de mi hombro con las yemas de sus dedos, provocando un escalofrió que sube por mi columna.

―De acuerdo ―dice colocando una mano en mi espalda baja y la otra en mi nuca, de manera que me arrastra hasta que estoy sentada sobre sus piernas. Cierro los ojos al sentir sus labios sobre mi cuello, preparándome para el pinchazo y la succión, pero para mi sorpresa no ocurre. Deposita un beso y luego otro más, se mueve ascendiendo por mi barbilla hasta alcanzar mi boca―. Te necesito ―susurra tumbándome sobre la cama, cubriendo mi cuerpo con el suyo.

No titubeo. Yo también tengo necesidad de él. Respondo a sus caricias, a la intensidad de sus besos, de su lengua jugueteando con la mía. Gimo al sentir la presión de su cadera contra la mía y me olvido de lo demás. Quiero sentirlo.

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