Capítulo 16.

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Estábamos sentados en una mesa del patio de una lindo restaurant terminando nuestros bocados. Todo estaba tan tranquilo en esa zona. No tenía idea de dónde estábamos, Maxi se encargó de todo.

—Y bien... —dije cuando me di cuenta de que ya estábamos acabando la comida y aún no me había dicho nada, sólo que en estos días tenía que devolver el auto que había alquilado cuando llegó a Miami.

—Oh —comentó dándose cuenta de lo impaciente que estaba. Tomó un sorbo, se limpió la boca y dobló la servilleta sobre la mesa. Observé todos sus movimientos. Era tan tranquilo—. Quería hablarte de...ayer.

Lo miré expectante. Centró su mirada en su vaso. Sonrió a medias.

—Oriana...yo...

Diablos, ¿cuánto iba a tardar? Me estaba poniendo nerviosa. Hice una mueca para que continuara. Él rió ante mi desesperación.

—No tengo intenciones con vos, sí eso es lo que estás pensando.

Oh.

—Perdón, que descortés sonó eso. Sos hermosa, nadie puede negarlo. Pero no me interesa avanzar si lo de Julián va en serio.

¿De qué hablaba?

—El primer día me comporté como un idiota, realmente me arrepiento de haberte coqueteado —rió—. Sólo quería aclararte eso. No voy a meterme en ese terreno. Julián me cortaría el pene...

Reí por dentro ente el vocabulario que usaba conmigo, no quería espantarme.

—...Y lo necesito para muchas cosas —finalizó la idea y reímos juntos.

—No tenes que preocuparte, al menos por mí. Me alarmaba el hecho de que Julián pueda pensar que estoy ocultándole algo, nada más.
Lo que pasa con Julián no es en serio.

Levantó una ceja divertido.

—Ayer me tiró su trago encima porque no dejaba de mirarte.

¿Qué hizo qué?

—Estuvo un poco perdido últimamente. Bueno, todos lo estamos...

Agradecí que se haya incluido con Agustín. Los dos estaban tan desesperados por la noche y las mujeres cómo Julián. Lo decía Google, y Google era la Biblia.

—Supongo que es raro para él pasar tanto tiempo con una misma chica –carcajeó, ¿qué era lo gracioso?

Se levantó de la mesa y yo lo seguí. De pasada, dejó el dinero en la mano de la moza no sin antes regalarle una sonrisa. Sí, estos chicos no podían controlar sus hormonas.

Caminó hasta el auto y, antes de poner marcha, preguntó:

— ¿Y vos como lo llevas?

Gracias a Dios, creí que nadie iba a pensar en mí.

—Bueno, no es muy agradable encontrar todos esos comentarios sobre mí en las redes —dije con una sonrisa fingida.

—Oh, chica valiente, ¿cómo te atreves a subir una foto a Instagram?

Hice una mueca. Julián había dicho que haga lo que se me de la gana.

El viaje hasta mi departamento fue agradable. Maxi era un gran chico. El hecho de que haya venido a buscarme para aclarar las cosas antes de que empeoren hablaba muy bien de él.

Su auto había frenado en el frente del edificio hacía unos minutos pero estábamos muy divertidos hablando de la situación de la foto.

Pasamos un rato ahí hasta que la situación se puso tensa.

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