Capítulo I: Mi nombre es Sam.

Cuando alguien llama a mi puerta tan temprano y con tanta insistencia, dos cosas pudieron haber ocurrido:

a) Que mi madre por fin haya cumplido su promesa de resbalarse en la tina y ahora más que nunca, requiera mis servicios de enfermera. (Dios, no permitas que sea eso)

b) Que mi descuidado, sexy, atormentador, risueño y poco observador vecino, se haya quedado sin suministros de cerveza.

No es que tenga favoritismo entre una y otra pero estando a minutos de salir para el trabajo, pues la verdad no me gustaría tratar con ninguna. Supongo que la de mi madre no necesita explicación y en cuanto a Jace (así se llama mi vecino), vale la pena la aclaración.  

Que sea desatento, sexy y cualquier otro apelativo que haya utilizado para describirlo, no es el problema. Es más ni siquiera me molesta que se tome mis cervezas, pero ese día y en ese preciso momento, no estaría demás vivir junto a una persona normal. No pido nada muy exagerado, no sé, quizás un solitario y sus gatos, una adicta al sexo por teléfono o de esos que escuchan música a toda hora y para todo el mundo. Pero no, yo vivía junto a Jace.

Exactamente hace un año, tres meses, catorce días y algo así como…siete horas. ¡Vaya! Se había levantado temprano.

En fin, no piensen que llevo la cuenta. ¡Qué va! Ese es el tiempo exacto en que me mudé a este piso, ¿qué tan psicótica parezco?

—¡Voy!—grité con el cabello enredado tratando de comerse otros de mis cepillos favoritos. Salí del cuarto de baño y rescaté al guerrero entre mis hebras, antes de abrir la puerta.

Mi madre estaba bien, por si alguien se quedó con ese pensamiento.

—Ya era hora—Él entró como de costumbre, sin pedir permiso o esperar invitación.

—¿Qué haces aquí? Es lunes, ¿lo sabes? “Trabajo”

Jace tenía problemas de memoria, entre muchos otros defectos. Defectos que la mayoría de las personas pasaba por alto con tan solo verlo a la cara. Verán, él es de buen ver. Tiene todos los rasgos ideales para ser un actor famoso de novelas románticas o quizás un estupendo modelo de ropa interior. Aunque Jace no era nada de eso. Cuando lo miras, no puedes evitar pensar que el mundo es injusto con algunos, pero que obviamente la injusticia no llegó a la casa de ese muchacho.

¡Caramba! No piensen mal de mí, sólo estoy señalando un hecho. Jace es guapo; él lo sabe, yo lo sé y estoy casi segura que la mitad de la ciudad también lo sabe. Pero eso no significa que yo guarde algún sentimiento romántico hacia mi vecino, somos amigos en el mejor de los casos. Nada más y les aseguro que eso no me quita el sueño, así que pueden ir descartando la idea de que ésta es la historia de la tonta enamorada del chico imposible.

—Sé que día es, gracias—miró a su alrededor como buscando cámaras ocultas o algo por el estilo. Yo fruncí el ceño, por alguna razón su actitud precavida me dio la pauta para adivinar lo que pasaba.

—Rompiste la regla número uno, ¿verdad?—Él se mordió su perfecto labio inferior, emulando a un crío travieso y encantador.

Oh tonta de mí, la regla número uno es:

—Nunca lleves a una cita de una noche a tu casa. —Gracias por aclararlo, Jace.  

—¿Y qué pasó?

—Creo que bebí más de la cuenta.

Puse los ojos en blanco al oír eso.

—Como si eso existiera en tu diccionario.

La Lista del Hombre Perfecto. (Sólo Primeros Capítulos)¡Lee esta historia GRATIS!