Cincuenta y cinco.

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-Hola campeón.-Escuché la voz de mi novio desde la sala de estar, donde yo había dejado a Norman en su porta-bebé.

-Hola Sam.-Salí de la cocina y observé que Sam estaba quitando a nuestro hijo del porta-bebé y lo tomaba en brazos.

-¿Segura que quieres ir?.-Me preguntó y asentí muy segura, estaba más que segura.

Hoy era uno de los días de visita para Andrew, sentía la necesidad de ir a visitarlo y hablar con él.

-Vámonos..-Le dije segura, él asintió y me miró fijamente.

-No quiero arriesgarte..-

-Sam, está en una celda, no me pasará nada, lindo.-Acaricié su mejilla, y él besó mi mano.

También tenía miedo, y sabía que él tenía más miedo que yo.

Me subí al auto, Nate nos llevaría allá y después él volvería a pasar nosotros en una hora.

El camino fue realmente silencioso, el llanto de Norman solamente, y de inmediato lo calmaba, pues su llanto me estresaba un poco.

-¿Qué es lo que quieres?.-Su voz fría me dolía.

Me dolía verlo ahí, hacía media hora que habíamos llegado a su visita, pero hace quince minutos que Andrew nos había querido recibir.

-Andrew, quiero que sepas que aún el daño que me hiciste, aún te estimo.-Y mis palabras le dolieron, pues sus lágrimas comenzaron a descender.

-Perdón, Camila. Enserio lo siento, y mucho..-Eso también me dolía a mi, pues él era mi amigo.

-Estás perdonado.-La mesa que nos dividía era algo angosta y no pensé dos veces para darle un abrazo.

-Gracias.-Pronunció, asentí

La visita no era por mucho tiempo, además Andrew me había pedido ver a Norman y fue más el tiempo que estuvimos con Norman que a solas.

Al salir, Nate llegó por nosotros y los chicos iba en el auto.

-Éste no es el camino a casa.-Dije, el camino que Nate había tomado no se parecía a ninguno de los posibles caminos a casa.

-¡Vamos a Disneyland!.-Dijeron ambos Jacks al unisonido, Nate sólo asintió.

Llegamos al lugar más feliz del mundo y algunas personas que reconocían a los chicos se tomaban fotos con ellos, conmigo y con Norman.

Veía a los chicos realmente felices, un gran brillo en los ojos y una gran y bella sonrisa en el rostro.

Amaba verlos felices, por fin era feliz al lado de mi novio y de mi hijo.

Volvimos a casa, yo estaba totalmente agotada, pero Norman y los chicos parecían no tener la batería agotada.

-¿Qué hacen aquí?.-Preguntó Sam.

-Trato de dormir a Norman.-Le dije, él río y me cubrió con una manta.

-¿Puedes creerlo?.-Preguntó tomando asiento junto a mi.

-¿Qué cosa?.-Pregunté, mirando a mi hijo dormir.

-Somos felices, por fin.-Sentí su brazo rodear mis hombros y sonreí.

Ya era feliz, ya nadie nos podía impedir serlo. Me recargue en el pecho de Sam, sintiendo sus latidos.

-¿Recuerdas que un día te prometí que te haría volar alto y tocar el cielo?.-Me preguntó, eleve la mirada.

-Lo recuerdo...-Él sonrió.

-Me he dado cuenta, de que junto a ti, el límite no es el cielo..-Se acercó a mis labios y los besó.

Transmitiendo en un beso toda la felicidad que sentía.

-Te amo, Samuel.-Dije, a centímetros de sus labios.

-Yo te amo más, Camila.-Volví a recostar mi cabeza sobre su pecho y así lograr admirar el gran y estrellado cielo.

••FIN••

The Sky isn't the Limit | Sammy Wilk¡Lee esta historia GRATIS!