Capítulo 13.

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Pasé el día y la tarde en el sofá sin hacer nada. Me había acostumbrado a estar con él, o con alguien.
Cuando me propuse ducharme, mi teléfono sonó.

—David —dije, saludándolo.

—Ori, ¿cómo va eso?

¿A qué, exactamente, se refería?

—Bien —me limité a responder.

—Vi las fotos con Julián, me alegro de que estén pasando tiempo juntos.

—Sí, estamos llevándonos bien —acoté.

—Solo llamaba para preguntarte como estabas —exclamó. Asentí sonriendo aunque no pudiese verme—. El lunes, ¿podrías acercarte a la oficina? Quiero que discutamos el tema de Los Ángeles.

Justo en la llaga.

—Sí, claro. Nos vemos –exclamé y finalicé la llamada.

Revoleé el móvil por el aire mientras largaba un suspiro. Fui al baño para poner a llenar la tina. Era justo lo que necesitaba.

Había quedado con Julián en que pasaba a buscarme por la medianoche. No me apuré. Eran las nueve cuando entré a la ducha y salí de ella casi una hora después, en un estado completamente zen.

Estaba tan relajada que podía dormirme parada. Fui hasta la cocina, aún envuelta en la toalla, para tomar una porción de pizza de la heladera. ¿Cuántos días hacía que estaba ahí? No tenía idea. Mi vida no era, con exactitud, el estereotipo de vida de una modelo.

Me encogí de hombros ante mis propios pensamientos y fui hasta la habitación para decidir que ponerme.

No tenía idea de cómo era el lugar dónde íbamos a ir. Nunca había salido en Miami tampoco.

¿Julián saldrá a esos lugares extremadamente caros y fanfarrones, como todos los famosos?

Opté por una falda tubo de cuero. Busqué un top que fuese corto pero no demasiado. Encontré uno que tenía una textura extraña, se ajustaba a mi cuerpo y permitía que solo se vieran unos centímetros de mi piel. En mis pies mis sandalias, claro.

Arreglé mis pelos y me maquille naturalmente. El único toque que quise darle fueron mis labios. Un rojo tan oscuro cómo fuese posible.
Por último, me bañe en perfume.

Asentí conforme mientras me miraba al espejo.

Caminé hasta el sillón para fijarme la hora. Cuando lo desbloqué, tenía tres mensajes de Julián. El primero lo había enviado casi diez minutos atrás.

"Estoy esperándote abajo".

Corrí hasta la puerta e intenté cerrarla con llave mientras leía el segundo.

"Tengo ganas de verte pero tampoco para que te hagas rogar así..."

Reí pidiendo el ascensor. Era un idiota. Abrí el último mensaje.

"Novia, no me hagas subir a buscarte".

Novia.

Prácticamente me tiré del ascensor. Saludé al portero y abrí la gran puerta. La Range Rover estaba estacionada justo en la entrada.

Subí a la camioneta apurada.

—Perdón. Tenía el celular en silencio —dije torpemente.

Lo miré. Me miraba agarrándose de la puerta, con los ojos abiertos como nunca.

Rápidamente jugó con los botones en su volante y bajó todos los vidrios exagerando. Se abanicó. Reí ante su actuación. Me sonrojé cuando vi que Maxi y Agustín venían atrás.

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