Capítulo 10.

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Cuando llegamos a la casa, Agustín y Maxi estaban nuevamente frente al televisor. Los dos tenían sus pelos mojados así que adiviné que ya habían salido de la piscina.

Casi ni se enteraron de nuestra presencia allí. Julián me tomó la mano una vez más para arrastrarme hasta el jardín.

Wow.

Era realmente enorme.

Tenía un rectángulo con algunos cerámicos en el piso, cerca una mesa, un enorme sillón y una parrilla eléctrica.

Lo demás era todo verde. La pileta estaba entre unos grandes pinos.

Me detuve a mirar el sol, al final del campo. Era de día por apenas unos segundos.

Julián caminó unos pasos. Se sacó la remera de un ágil movimiento y no pude evitar observar cómo se marcaban los músculos en la espalda. Se dio vuelta para mirarme divertido. Sabía que lo estaba mirando.

— ¿Te vas a meter así? —preguntó sólo para darme a entender que me sacara la ropa.

Se recostó sobre él pasto y apoyó todo el peso de su cuerpo en sus codos. No dejaba de mirarme y ponerme incómoda.

—Ya deja de mirarme así —dije mientras me sacaba la remera y se la reboleaba. La tomó en el aire y se acomodó para quedar de costado, apoyado ahora solo en un codo.

— ¿Así cómo? —arqueó una ceja para seguir mirándome de la misma forma.

—Así, como si estuviese haciendo un streep tease solo para vos —dije divertida mientras desprendía mi short. Apenas bajé el cierre, este cayó por mis largas piernas. No dejó de mirarme un segundo.

—Bueno, si querés podemos intentarlo otro día... —agregó con una sonrisa en su rostro mientras se levantaba—. En mi cama, o en la tuya. Dónde te guste más.

Miré para abajo para que no me vea mordiéndome el labio.

—Vamos a bañarnos, necesito un poco de agua fría —largué una carcajada apenas lo vi correr. No podía ser así.

Me acerqué a la piscina con pasos cortos. La verdad es que tenía frío. O estaba nerviosa. Julián ya estaba chapoteando feliz.

Increíblemente sexy.

Salió a respirar luego de nadar un par de largos, sacudió su cabeza y peinó su cabello para atrás. Tuve que sentarme en el borde para digerir la imagen.

— ¿No vas a meterte?

Hice una mueca.

— ¿Me vas a dejar solo? —preguntó divertido mientras se acercaba. "No lo hagas. No sé cuanto voy a poder aguantar sin tirarme encima tuyo", pensé.

Acarició la piel de mis rodillas con una suavidad única. Sentirlo sobre mi piel solo me provocó más frío. Se posicionó entre mis piernas y las abrió con ligereza. Deleitó mi cintura con sus grandes manos. De un rápido movimiento me pegó a su cuerpo, metiéndome al agua con él.

Me soltó solo por un segundo. Sumergí mi cabeza bajo el agua para tranquilizarme. Salí. Respiré.

No hacía pie. ¿Por qué Julián sí? No era mucho más alto qué yo.

Lo miré. Estaba mirándome como si fuese una obra de arte. Tenía las pupilas dilatadas. Me mordí el labio divertida.

—Basta —golpeé su hombro, intentando esconder mi incomodidad.

Enredó mi cintura con un brazo. Tuve que poner mis manos en sus hombros para sostenerme.

Nunca habíamos estado tan juntos. Nunca había sentido su piel contra la mía de esta forma.

Me acomodé mejor y pasé mis brazos por su cuello. De un inconsciente movimiento clavé mis uñas en la parte alta de su espalda.

—Estás matándome —largó, ya sin su sonrisa.

Me abracé aún más a su cuello, provocando que nuestros cuerpos casi desnudos se rozaran por demás. Lo sentí.

—No debiste hacer eso —dijo con voz ronca. No sé bien porque pero repetí el movimiento—. Oriana... –me advirtió. Lo hice una vez más, ¿qué más da?

Acarició mi cuello con su nariz. Dejó un suave beso ahí para luego chocar su frente con la mía. "Besame ya, por Dios, esto es una tortura".

— ¡Julián!

Se escuchó un grito desde el rectángulo de cerámica, justo al lado de la puerta. Aferré aún más mi agarre, él hizo lo mismo con sus manos en mi cintura. Escondí mi rostro en su cuello. Julián tiro su cabeza para atrás, algo frustrado. Acarició mi nuca con su mano, acercándome más a su cuello.

Unos segundos después, miró en la dirección para poner los ojos sobre su amigo.

— ¡Es Paul en el teléfono!

Asintió con la intención de que se vaya. Maxi hizo una mueca rara.

—Ahora...vuelvo —exclamó tartamudeando. Me limité a asentir. Salió de la pileta y en un segundo ya estaba al lado de su amigo—. ¿Vos sos idiota? —le preguntó en un tono lo suficientemente alto como para que pueda escucharlo.

—Dijo que está llamándote hace dos horas a tu celular y no obtiene respuestas—. Maxi se encogió de hombros justificándose.

—Me importa una mierda lo que tenga para decirme.

Bueno, celebridad a la vista.

Los dos desaparecieron por la gran puerta y me quede sola. Estaba ya prácticamente de noche. ¿Qué hacía sola ahí?

Lo esperé por unos minutos. El frío me estaba matando. Escuché un ruido detrás de mí. Maxi se acercaba con una toalla en sus manos.

—Juli... tuvo que salir por una reunión urgente —me explicó mientras llegaba al borde. Se agachó y me estiró su mano. La tomé para que me ayudara a salir de ahí. Abrió rápidamente la toalla y me envolvió en ella.

—Gracias —me limité a decir. Asintió mirándome.

—Perdón por lo de recién. Ya sabes, la interrupción...

—No es nada —negué con mi cabeza, muerta de vergüenza.

—Creí que era todo mentira...

Oh, no.

—Lo es. Sólo bromeábamos —mentí y, por suerte, no me tembló la voz. Soné bastante convincente.

— ¿Segura? —preguntó dudoso.

—Segura.

Hizo un gesto raro.

—Bueno, será mejor que entres a darte una ducha.

Caminamos juntos por el gran parque y entramos a la casa. Me guió hacia el baño de la planta alta. Dejó dos blancas toallas sobre la mesada.

—Sí necesitas ayuda me avisas —comentó antes de desaparecer.

Me miré al espejo. ¿Estaba coqueteando conmigo?

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