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Elizabeth no quiso salir durante los siguientes días. Se veía triste y decaída.
-Mi amor.-susurró Andy en su oído, abrazándola por la espalda.-Ya es tarde, vení a dormir.
-No va a acostarse hasta poder olvidar el whisky que está en la heladera.-dijo Pock.- Quiere olvidarse de Quaquer pero no puede sin el whisky pero no quiere agarrarlo.
Andy se acercó a la heladera y le sirvió un vaso. Lo dejó frente a ella y volvió a abrazarla, dibujando círculos en su estómago.
-Vamos a dormir.-susurró ella, con sus manos sobre las de él.- Por favor, amor.
Él la guió a la habitación y Pock los vio entrar en el cuarto, mientras el vaso con whisky permanecía intacto en la cocina. Era claro que Elizabeth amaba a Andy más que a su propia vida.
-¿Estás bien?-preguntó.
-Necesito que no te vayas.-murmuró ella.- Necesito que te quedes conmigo.
El joven de los ojos color ceniza la pegó a su cuerpo y la besó con suavidad para luego dejarla dormir entre sus brazos.
-No voy a irme a ningún lado.
-Sin vos no puedo.-murmuró hasta quedarse profundamente dormida.
William pasó junto a los demás a la mañana siguiente, para dar por comenzada la gira. Ellos aún dormían y había un vaso con whisky sobre la mesada.
-¿Podemos llevarla dormida? -preguntó Andy, en un susurro.- Lleva días sin dormir tanto.
Harold la tomó en brazos y Toby comenzó a subir las valijas.
-Tranquilo.-le dijo Pock a William, quien miraba el vaso con whisky.-No lo tocó. Ella ya no quiere decepcionarlo.
Eso último le dolió tanto como un puñetazo en el estómago. Elizabeth no quería decepcionar a Andy, él era el único que realmente le importaba.
-Vamos, William.-dijo Toby.
El chico subió al auto con él y vio como Andy sostenía a Elizabeth entre sus brazos y la miraba con amor. La chica se veía tan tranquila que daba la sensación de jamás haber cambiado como lo había hecho.
Entonces William maldijo para sus adentros, todo era culpa de Scott. Ella jamás habría cambiado de no haber sido por él y su estúpida manía de arruinarle la vida a los demás con tal de salirse con la suya.

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