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-Capítulo 43: "Todo tiene un final. Bueno o malo"-

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Furiosa. Era el único adjetivo que describía los sentimientos de Paula en ese momento.

Ni siquiera había alcanzado a quitarse la remera rosada y el pin en forma de corona que indicaba su nombre —los cuales usaba en el trabajo y la hacían lucir ridícula— antes de lanzarse a correr sin rumbo alguno.

Apenas entró nuevamente al local, vociferó a su colega que se hiciera cargo de su turno; salió corriendo y no había parado de hacerlo desde entonces.

La casa de Guido estaba lejos, por lo que no consideraba factible el llegar hasta allí. Solamente quería escuchar el ruido de la cotidianeidad distorsionándose y llegando en forma de murmullos hacia sus oídos. No deseaba una explicación ni una disculpa... En ese instante, lo único que añoraba era silencio.

A falta de este, se mantenía en movimiento: lo suficientemente concentrada en correr, respirar, mirar a ambos lados antes de cruzar y esquivar gente, como para detenerse a pensar en cómo se sentía.

En algún punto de los siguientes veinte minutos, las lágrimas comenzaron a manchar sus mejillas.

Pero eso tampoco le importaba.

Un semáforo detuvo su carrera.

¿Qué haces, Paula?

¿En serio vale la pena?

¿Vas a humillarte por ese tonto?

Apoyándose en el cartel que indicaba la calle en la que estaba, intentó aclarar su mente y dejar de lado el enojo por unos segundos.

No.

No valía la pena.

Tomó su celular y tecleó un rápido mensaje:

De: Paula.
Hora: 13:59.

"Te odio. No puedo creer que fueses capaz de algo así, Guido. Lo nuestro se terminó"

La respuesta le llegó apenas el texto apareció como recibido.

De: Guido.
Hora: 14:00

"No sé de qué me hablas, Pau".

De: Paula.
Hora: 14:02.

"Por lo menos se sincero conmigo. Me lo debes".

Un vacío se hizo en la línea.

Paula seguía jadeante, aunque al menos sus ojos habían dejado de derramar gotas.

Cuando estuvo a punto de abandonar la batalla, la pantalla de su teléfono se iluminó.

De: Guido.
Hora: 14:10.

"¿Te lo dijo?"

Su ceño se frunció.

De: Paula.
Hora: 14:11.

"Claro que me lo dijo. No soy adivina".

De: Guido.
Hora: 14:13.

"No me puedo creer que me traicionara. Se las verá conmigo".

De: Paula.
Hora: 14:15.

"Sabes que eso no hará que volvamos, ¿cierto?"

Otra vez el celular enmudeció.

Ella lo miraba, expectante, a través de sus ojos cristalizados, como si el aparato pudiese solucionar sus problemas.

Finalmente, vibró; y Pau supo que sería la última vez que lo haría.

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