Capítulo 8.

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Mis últimos días parecían de una película de terror. Mis ojeras me daban el personaje principal.

No había hecho más que entrenar, dormir, y tomar café.

En algún momento pensé en agarrar mis cosas y tomarme el primer vuelo a Argentina. Por suerte, no era tan impulsiva.

Hoy era viernes. Sí, hoy tenía la sesión de fotos para Cosmopolitan y eso había despejado todas mis preocupaciones. Me había levantado distinta.

Agarré mi celular para distraerme y hacer que pasara más rápido la mañana. Mi twitter, wow. Caos. Revolución. ¿Qué estaba pasando ahí? Tenía millones de notificaciones y, por supuesto, en casi ninguna me decían cosas lindas. Opté por eliminar las aplicaciones de mis redes sociales por unos días. Sí, me estaba volviendo loca.

Me busqué en Google.

¿Por qué hacía eso?

La primer nota que aparecía era "Julián Serrano abandonando la casa de su chica". Lo habían fotografiado yéndose de mi departamento dos o tres días atrás.

Suspiré mirando las fotos.

Era tan lindo y tan celebridad. No se lo notaba incómodo para nada. Solo caminaba con sus lentes mirando al piso. Parecía algo normal para él. Y es que lo era.

Dejé el celular en la cama para entrar a la ducha y liberar tensiones. Me vestí rápidamente viendo la hora, se me había pasando volando la mañana y ya tendría que haber estado en el estudio.

Salí prácticamente corriendo del departamento y caminé hasta el lugar, no estaba tan lejos de todas formas.

Tomé mi celular para ver la hora. Ya estaba llegando y no se me había hecho tan tarde. Decidí caminar más tranquila para no llegar como si estuviese corriendo una maratón. El icono de las llamadas perdidas me llamó la atención. Desbloqueé el celular para verlas pero, de pronto, este se iluminó con una llamada entrante.

—Julián —saludé.

— ¿Cómo anda mi modelo favorita?

Bueno, sí que sabía cómo hacerme empezar el día de buena forma.

— ¿Qué estás haciendo? Tengo que pasarte a buscar, me dijo Paul que ya es hora de mostrarse juntos otra vez.

Suspiré. "No todo puede ser como querés, Oriana", pensé.

—Bien, estoy yendo a una sesión de fotos —exclamé. Un ruido me hizo asustar.

Era una cámara.

Vamos, era una broma, ¿cierto? Un paparazzi. ¡Un paparazzi estaba siguiéndome! ¡Yo no soy la famosa, hombre! Se supone que Julián es la celebridad. ¿Por qué a mí?

—Julián, me está siguiendo un paparazzi —susurré como si hubiese visto un zombie. Lo escuché reír. Lo imaginé manejando, con una mano sobre el volante y la otra en el celular. Sonriendo ante mi estupidez. Sonreí yo también.

—Tranquila, seguí con lo tuyo como si no estuviera ahí —me ordenó y yo asentí, aunque no pudiera verme—. Bueno, pásame la dirección cuándo llegues y me llamas cuando termines. Podemos almorzar juntos después.

—Bien, nos vemos.

Guardé el teléfono y continué mi camino con pasos largos y rápidos. No me divertía todo esto.

— ¿Vas a matarme sí comemos en McDonald's? —preguntó serio y lo miré levantando una ceja

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— ¿Vas a matarme sí comemos en McDonald's? —preguntó serio y lo miré levantando una ceja.

— ¿Por qué te mataría? —cuestioné confundida.

—Salí con una modelo hace tiempo que no comía comida chatarra —explicó encogiéndose de hombros—. Decía que su manager podía llegar a matarla si consumía tantas calorías y que las modelos no podían darse todos los gustos. Fue probablemente mi relación más aburrida —comentó poniendo sus dos grandes brazos sobre el volante para girar a la derecha. Sonreí.

—Las modelos podemos hacer lo que se nos dé la gana.

— ¿Lo que se les dé la gana?

Su cara divertida y su sonrisa pícara me llevaron a otra dimensión.

"Sí, lo que se nos dé la gana. En este momento muero por besarte.", grité por dentro.

—Oriana, ¿qué vas a querer? —lo escuché de fondo y, aunque no lo había escuchado antes, supe que era la segunda vez que me preguntaba eso. Estaba muy ocupada pensando en lo que se me daba la gana.

—Lo siento. Solo...no sé, ¿BigMac?

Asintió sonriéndome y habló con la chica del Auto-Mc. Adelantó la camioneta hasta la siguiente parada, la fila iba lenta.

—Quiero llegar a dormir, lo juro —exclamé solo para decir algo. Estaba realmente cansada.

— ¿No estás hambrienta? —preguntó divertido. Lo miré. Era tan natural, ¿cómo podía estar siempre divertido y sonriente?

—Prefiero dormir que comer —dije acurrucándome en el gran asiento.

—De acuerdo, eso es ser suicida.

Largué una carcajada, ¿por qué me reía tanto con él?

Llegamos por fin hasta el sector donde retirábamos la comida. Se estiró un poco para alcanzar las bolsas y ponerlas con total normalidad sobre mis piernas. Lo mire entretenida.

—Y bien, novia, ¿qué te gustaría hacer ahora?

La piel se me erizó. Tuve que encogerme de hombros para evitar hablar. Se puso sus anteojos mientras encendía el estéreo. Podía observándolo durante todo el día. Todo lo que hacía era tan normal pero increíblemente sexy.

—Podemos ir a mi casa —propuso.

Mierda.

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