Capítulo 7.

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Puse mis ojos en él. Realmente me gustaba. ¿Por qué no podía haber sido todo normal? Ya lo sabía, de otra manera no me hubiese dado ni la hora.

—No pensé que iba a ser así. Creí que solo íbamos a salir, pasar un rato juntos y ya.

Sonrió.

—Nunca me imaginé que íbamos a viajar, subir a un avión juntos, aguantarte un viaje entero... —largué solo para aflojar el ambiente. Tampoco tenía que agarrármela con él de esa forma.

—Vamos, son solo 5 horas de vuelo hasta California. No puede ser tan malo.

Malo, no. Malísimo. Increíblemente malo.

Suspiré de una manera extremadamente exagerada. Él me miró divertido. Lo odiaba por ser tan relajado.

— ¿Cuándo se supone que...?

¿Qué nos vamos? ¿Qué viajamos? ¿Qué, qué?

Se encogió de hombros.

—No hay apuro. Controlo mis tiempos en ese sentido, ¿cuándo te gustaría irte?

—Nunca —largué, su cara se tensionó.

—No es una opción.

Bajé mi mirada.

—La semana que viene, o quizá la otra, ¿qué te parece?

Asentí. Me daba igual.

— ¿Dónde voy a vivir? ¿Qué tendría que hacer con mi departamento?

—Conservarlo, supongo —dijo mirando a su alrededor, imitándome—. Podrás venir cuando quieras. No vas a estar presa, Oriana, no seas dramática.

Reí.

— ¿No podría ser al revés? ¿Vivir acá e ir cuando quiera allá?

Hizo una mueca extraña.

—Sí eso es lo que querés...

Lo pensé. De todas formas tampoco tendría sentido. Nos habíamos estado mostrando juntos prácticamente todos los días. No podíamos dejar de salir por dos semanas para exponernos solo un día.

Se dio cuenta de lo que estaba pensando.

—No, no se puede —comenté. Él asintió dándome la razón.

—Creo que voy a irme —se levantó de golpe y dejó la libreta sobre el sillón.

— ¿No vas a llevarte tus apuntes? —pregunté sarcástica. Él sonrió ante mi carácter.

—Oriana, todo esto era una broma. ¿En serio creíste que sería tan frívolo como para anotar tus respuestas y memorizarlas luego? —cuestionó.

Bueno, sí. Eso era, exactamente, lo que había pensando.

Lo vi negar con su cabeza algo frustrado. Caminó hasta la puerta obligándome a seguirlo. La abrió él mismo, estaba realmente desesperado por salir de ahí.

—Bien, supongo que nos vemos en estos días.

Asentí, acercándome a su mejilla para saludarlo.

—Nadie te obliga a hacer esto. Recuérdalo. No hay presiones —susurró en mi oído justo antes de desaparecer.

Volví al sillón consumida. No sabía qué hacer, ni para dónde ir.

Me gustaba pasar tiempo con Julián. Me gustaba Julián, de hecho. Pero no se trataba solo de eso cómo lo había pensando. ¿Viajar juntos? ¿Ir a vivir a otro lado solo para que la gente nos viera pasar el rato?

¿Qué seguiría después?

¿Tener hijos, casarnos?

Miré el techo.

Nada de esto era normal, ¿o sí? ¿Estás cosas sí pasaban en el mundo de la fama?

Qué asco.

Dormí todo lo que pude. Cómo si el sueño calmara mis miedos.

Me levanté solo para darme una relajante ducha y tomarme un café antes de ir a la cama.

Por un momento, salí de mi cuerpo y me vi.

Observando el techo. Con la mirada perdida. En la cama, sola. Siempre sola.

A la tarde me había llamado mi mamá, desesperada, preguntándome por qué tenía que enterarse de que tenía novio por los demás. Mi corazón se destruyó. Opté por no mentirle y decirle que le comentaría sobre eso luego.

La puse al tanto de mis entrevistas, de mis cosas. Deseaba tanto poder compartir todo esto con mi familia. Llegar de una sesión de fotos y sentarme a la mesa junto a ellos para comentarle cómo había sido.

¿En qué momento mi vida se había convertido en esto?

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