Capítulo 6.

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Asintió sacándose el cinturón.

—Claro. Hay algo que quiero hacer.

Levanté una ceja sin saber a lo qué se refería. El portazo que pegó me trajo al mundo nuevamente y saqué el cinturón para bajar de la camioneta a los apurones.

Lo vi mirar hacia una esquina, un tipo dentro de un auto estaba sacándonos fotos. Otra vez. Suspiré.

—Tranquila —dijo mientras ponía su brazo en mi cintura y me animaba a caminar hasta la entrada del edificio—. Wow, sí que son rápidos —exclamó mirando su celular mientras yo presionaba el octavo botón del ascensor. Giré para mirarlo y me extendió el móvil: "Julián Serrano recoge a su chica", seguido de unas quince fotos. Su camioneta estacionada, su sonrisa y la mía a través del vidrio, él invitándome a subir con la mano—. Al menos somos fotogénicos —agregó divertido.

Apenas entramos al departamento él examinó todo muy rápidamente y me pidió permiso para ir al baño. Aproveché esos minutos para entrar desde mi celular a la página dónde estaban las fotos. Las pasé una y otra vez. Abajo había una nota también con las fotos del día anterior. Los dos riendo juntos en la camioneta, yo caminando pegada a él, con la vista en el piso tal como me lo había dicho.

Sí, parecíamos todos unos novios que se divertían juntos. Y no había sido tan difícil.

Bloqueé mi teléfono apenas lo vi venir por el pasillo.

—Qué lindo lugar, ¿vos lo decoraste? —preguntó y asentí sonriente. Me mostró algo en sus manos mientras se aceraba al sillón. Lo miré curiosa—.Toma —dijo y me estiró un anotador.

— ¿Qué es esto? —pregunté, examinándolo por todos lados. Era mío. ¿De dónde lo había sacado?

—Un cuaderno —respondió irónico. Le hice una mueca—. Se supone que si vamos a ser novios tenemos que saber algo del otro, imagínate si me preguntan en una entrevista algo básico sobre vos y no tengo idea.

Oh.

Nada más falso, ¿en verdad íbamos a hacer un punteo de la vida del otro en un cuaderno, para después estudiarlo por las dudas?

— ¿Hermanos? —preguntó sin previo aviso, con la mirada en su anotador.

—Una. Tiziana —largué, ¿se supone que yo tenía que responder o preguntar también?

—Igual, Yolanda —agregó antes de que pudiera pensarlo. Anoté, "Yolanda"—.  ¿Cuántos años tiene Tiziana?

—16.

—19.

"Diecinueve", escribí.

— ¿Comida favorita?

¿Qué tan bizarro era esto?

—Sushi —me limité a responder. Alzó su mirada de golpe. Parecía un nene de tercer grado copiando del pizarrón.

— ¿Es en serio?

—Sí, ¿qué tiene?

— ¿Sushi, Oriana?

—Bueno, no sé, si te preguntan sobre mi comida favorita inventa alguna vos —respondí molesta. Él sonrió.

—Qué lindo carácter.

Bufé sin mirarlo.

— ¿Playa o montaña? —indagó. Estaba cansada de este maldito interrogatorio.

—No sé, me gustan las dos —respondí, solo para no tener que aguantarlo.

—Bien, me alegro. En L.A podes tener un poco de cada una.

Levanté la ceja confundida, ¿de qué estaba hablando?

—Estoy de vacaciones en Miami, Oriana —explicó con una sonrisa—. Tengo que volar a Los Ángeles para continuar con el disco.

Asentí. "¿Te felicito?", pensé.

—Vas a venir conmigo, pensé que David te lo había comentado.

¿QUÉ?

Cómo si fuese poca cosa estar viviendo sola en un país ajeno, tengo que pasar mis días detrás de una súper-estrella que no va a hacer otra cosa que arrastrarme de un lado a otro para exponer nuestro "noviazgo".

No. No quería.

Tenía trabajo acá, estaba consiguiendo cosas nuevas. Poco a poco estaba logrando lo que quería. Para lo que había venido.

Aunque...David. Él lo sabía. Y no me lo había dicho. ¿Acaso ya nadie pensaba comentarme nada? Solo acepté y, ¿listo? ¿A partir de ahora era una marioneta de ellos?

Cerré los ojos.

¿Viajar juntos? ¿En avión? Eso implica: aeropuerto y paparazzis por doquier ¿Y dónde viviría? ¿Qué pasaría con el alquiler de este departamento?

Abrí los ojos solo para decirle:

—Ni lo sueñes.

—Oriana, no tiene sentido que nos mostremos juntos y después dejemos de vernos por tres meses.

¿¡Tres meses!?, pensé.

—Sí, tres meses —adivinó mis pensamientos—. Además, quiero que vengas conmigo. Me aburro solo. ¿No la pasas bien conmigo? —preguntó de la nada. Alcé las manos sin entender lo que estaba pasando.

—Sí, por supuesto que la paso bien con vos, pero... ¿en qué estás pensando? ¿Te vas de viaje por meses con cualquier persona con la cual la pasas bien? ¡Nos conocemos hace días! ¿No tenés amigos? —grité. Estaba increíblemente frustrada.

Bufó molesto. Apoyó su cabeza sobre el sillón cansado de escucharme, supongo.

— ¿Cuándo iban a decirme esto?

— ¡Creí que David se iba a encargar de eso! —se justificó levantando la voz.

— ¡Agh! —chillé enfadada.

No, de ninguna manera. No pueden manejarme la vida cómo se les diera la gana.

La bronca se convirtió rápidamente en tristeza y tuve que cruzar las piernas para esconder mi rostro ahí.

Julián se quedó quieto en su lugar, respetando mi espacio. Permanecí unos largos minutos de esa manera, intentando calmarme un poco.

Levanté el rostro cuándo sentí que mi cuerpo se relajaba. Él me miraba intrigado.

— ¿Por qué aceptaste esto? —preguntó en un susurro, supuse que no quería volverme más loca de lo que estaba.

Me lo pregunté también a mí misma, ¿por qué lo hice?

—No lo sé.

—Entonces, sí te va a afectar de esta manera...creo que deberías pensarlo una vez más.

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