Capítulo 1

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Se encontraba tomando una ducha. El reloj marcaba las 4 de la madrugada. Andrew se preparaba para su primer día en “Columbia University”, la mejor universidad privada en Manhattan.
Su amplio y lujoso apartamento se sentía tan tranquilo y con un ambiente de soledad, algo que Andrew siempre le gustó.
Hijo de una familia bastante adinerada, pero lo bastante desunida.
Acomodándose su corbata y contemplándose al espejo de su habitación, sonrió al ver lo presentable que se veía (cómo siempre). «Debo causar una gran impresión -dijo al mirar fijamente su reflejo-. Andrew, siempre causa una gran impresión. Es claro».
Su móvil sonó; lo tomó y vio un mensaje de una tal Susan.

Susan:

Deseo poder verte pronto. Realmente eres un hombre magnífico en todo sentido...
05:34 am.

Andrew borró dicho mensaje. No le fue difícil recordar a Susan: un par de salidas a lujos restaurantes y, después, largas y placenteras noches. «Una mujer usual y poco interesante » dijo tras recordar su último encuentro.

Iba en su porsche 911, camino a la universidad.
«Espero y mis nuevos alumnos sean mejores que los que tuve. Y debe ser así, pues están en la mejor universidad de aquí » pensó al aparcar su auto en el aparcamiento del instituto. Al bajar de él, sintió infinidad de miradas sobre él; miró de reojo por todos lados y sonrió con burla. Cerró la puerta del auto y al dar la vuelta, por poco chocaba con una chica con un aspecto bastante estrafalario; su cabello color azul le llamó mucho la atención a Andrew, quien la miraba con desdén. La chica que viajaba en una bicicleta color turquesa, hizo caso omiso.

- Deberías tener más cuidado -le sugirió él.

- Lo tendré en cuenta -respondió ella, mientras continuaba su camino al aparcamiento de las bicicletas.

Andrew la miró inquisitivo. «Una calienta bancas, de seguro» dijo al poner los ojos en blanco.

En el interior de uno de los edificios de la universidad, Andrew se dirigía al aula donde impartiría su primer clase. Un hombre de mediana edad, larguirucho, y con anteojos algo anticuados para el gusto de Andrew lo miraba con entusiasmo.

- Andrew, un gusto verte -dijo aquel hombre.

«A empezar con bienvenidas falsas».

- Director, Stark. Buen día -saludó Andrew, con amabilidad y una sonrisa fingida.

- Es un honor tenerte entre nuestro equipo. Deseaba trabajar contigo -halago el director Stark.

Andrew sonrió. Ser halagado le encantaba. Y, su ego se  acrecentaba.

- El honor es mío, desde luego.

- Pues no le quito más el tiempo -Stark esbozó una sonrisa-. Nos veremos más al rato.

- Por supuesto.

Andrew siguió su camino. Muchas chicas lo miraban con agrado, y era de esperarse; Andrew era un hombre bastante atractivo y con una personalidad impresionante.
Más adelante de él, se hallaban un par de chicas. No le fue difícil reconocer a la chica del lado derecho, quien se sujetaba su corto y colorido cabello, con una coleta desaliñada. La observó y vio que se adentró en un salón. Rió al ver que era el salón donde daría su clase.

- Veremos que tan cabezahueca eres -dijo en voz baja.

Al entrar al salón, todos los alumnos rápidamente se acomodaron en su lugar.

- Buen día -los saludo con frialdad.

El saludo fue devuelto. Sintió a muchos de sus nuevos alumnos tensos. Otros un tanto burlones. Y otros, bastante relajados. Esa mezcla se le hacía muy usual.

- Supongo que les habrán hecho saber mi nombre, ¿cierto? -inquirió.

- Claro, profesor Collins -respondió una chica bastante hermosa. Él la miró con seriedad.

- Bien, porque me aburre dar presentaciones largas y monótonas para cuando uno es nuevo. En fin, leí sus expedientes y, debo admitir que hubo un par de personas que me dejaron deseo de ver su trabajo, y los demás pues, son como todos. Nada en especial.

- ¿Se puede saber quienes fueron quien le dejaron deseo? -preguntó uno de los alumnos.

- Creo que ustedes mismos lo saben. Es claro, pues éste es su último año y se conocen todos. Así que, la pregunta está contestada.

- Ah..., entonces ya tiene a sus preferidos -musitó una chica con aspecto Hippie.

- No. Yo no tengo alumnos “favoritos”. Eso es algo tan marginal. Es como si los etiquetara -respondió con dureza.

Andrew les pidió hacer una reseña de su libro favorito. Quería ver su forma de redactar y su caligrafía de cada uno. Cuando todos terminaron y le entregaron su trabajo (el cual pidió no tan largo) él los leyó. Muchos se le hicieron simples. Y otros algo buenos, pero hubo uno en especial. Leyó el nombre de quién era y funció el ceño.

- ¿Quién es Dominique Howard Pendragon? -inquirió desde su lugar.

Sonrió levemente al ver quien fue quien  levantó la mano.

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