Capítulo 4

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Ladeo su cabeza para poder observarme mejor. Estoy segura de que pudo notar mi nerviosismo, aunque me esforcé para no sacar la vista de la carretera.

—Sí, algo —lo miré solo unos segundos. Hizo una sonrisa de costado. Su ego ya podía sentirse en el ambiente.

— ¿Cuánto, del uno al cien?

Agarré el volante con las dos manos para disimular la humillación. Opté por no dar vueltas.

—Doscientos.

Rió triunfante.

—Lo sabía.

— ¿Qué cosa?

—Sos una fan —remarcó su última palabra. Oh, no, por favor. Lo miré, estaba tentando. Se agachó en su asiento. Revolvía entre sus pies cómo si buscara algo.

— ¿Qué haces? —pregunté extrañada.

—Estoy recogiendo tu orgullo.

—Imbécil —dije entre dientes. Bueno, ¿ahora sí podía pedirle una canción?

—"Julián Serrano saliendo con una fan", no suena nada mal, ¿verdad? —preguntó irónico.

—"Julián Serrano soltero por siempre" —largué frenando la camioneta a un costado. Amagué a sacarme el cinturón y su cara de espanto me hizo reír.

—Oriana, no, solo bromeaba... —lo miré triunfante y se cruzó de brazos para levantar una ceja divertido—. Bien, si querés jugar, juguemos —me desafió. Volví a poner en marcha la Range Rover con una sonrisa en la cara. Pude ver la suya también reflejada en el vidrio. Bueno, después de todo, pasar el rato con una superestrella no estaba tan mal.

Nos encontrábamos tomando un café y compartiendo una porción de torta en un Starbucks en las afueras de la cuidad

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Nos encontrábamos tomando un café y compartiendo una porción de torta en un Starbucks en las afueras de la cuidad. Estábamos solos en el local, con la chica de la caja y una que no dejaba de mirar a Julián desde atrás del mostrador.

—Voy a aceptar —largó. Lo mire estupefacta —No puede ser tan malo, ¿o no?

Mis labios no podían decir nada. Se suponía que hoy tenía que ser tranquilo.

—Mi mamá me llama para decirme que me controle con los excesos —carcajeó melancólico—. Creo que con esto la dejaré más tranquila.

— ¿No sería mejor si te alejaras de la noche, el alcohol y las mujeres? —pregunté irónica. Mi malhumor ya no se podía ocultar.

—Voy a tener que hacerlo de todas formas. No tiene sentido que en una nota en televisión diga que estoy con vos y luego me vean saliendo del boliche con dos mujeres —exclamó siendo obvio. Me encogí de hombros—. Además, teniéndote a vos, tengo un motivo para hacerlo. De otra manera, no. Me sería aún más difícil.

Suspiré y jugué con la cuchara de mi taza.

—Aparte de qué...necesito alguien con quién pasar tiempo acá.

Se lo notaba melancólico, ¿estaría solo en el país? Solo igual que yo.

— ¿No te aterra? —le pregunté sin vueltas. Me miró confundido.

— ¿Qué cosa?

—Esto. Estar hablando de esta forma de una relación. Estar tratando un tema así como si fuese un negocio —estaba atónita. Me miro sereno.

— ¿Qué es lo que más te preocupa? —preguntó. Estaba tan acostumbrado a ser una súper estrella que no se podía poner un segundo en mi lugar.

—No lo sé.... mi familia, ¿te parece normal mentirle a tu familia de esta manera?

Su cara se transformó.

—Supongo que podemos hablarlo con Paul y David luego —y ahí está otra vez, negocios. Asentí para complacerlo—. ¿Qué sabes de los paparazzi locales? —preguntó sacándome de tema.

—Leí que son insoportables.

—No te podes imaginar —largó. Al menos me lo estaba advirtiendo—. De hecho, hay uno allí, al costado de mi camioneta —rió y me señalo a través del vidrio.

—Eso es bueno, supongo —agregué nerviosa. Significa que estamos haciendo las cosas bien, ¿no?—. ¿Y qué hay de tus fanáticas? —pregunté, ese tema me tenía mal. Levantó una ceja extrañado.

—No te preocupes por eso, de ellas me encargo yo.

«Cómo digas»

—Y bien, ¿qué se supone que deberíamos hacer?

— ¿Vas a aceptar? —se le iluminó la cara.

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