Ya había pasado un mes desde que Lauren entró al cuarto de Camila. Ella seguía igual, no quería hablar ya que sus palabras se deformaban. Quedó completamente muda.

Era una flor marchita.

Lauren, por su parte, no tenía tiempo de verla. Estaba doblemente vigilada desde lo ocurrido la última vez.
Louis había cumplido y le había traído el libro, ella quedo fascinada con éste.
Confirmó que Camila padecía discapacidad intelectual grado 1.

Cada día se había hecho más y más amiga de la pelirroja Amanda, aunque el fantasma del beso que se dieron seguía allí.

Un día a principios de diciembre; a la madrugada, mientras todos dormían, entro la pecosa al cuarto de Lauren, llorando.

Lauren estaba teniendo la misma pesadilla de siempre, hasta que siente que está en esos momentos entre sueño/realidad y los llantos de bebé se convierten en llantos de pelirroja.

—¡Lauren! —sollozó Amanda.

Y despertó.

—¡Amanda! —la abrazó—, ¿Qué pasa?

—M-me vi-violó... —sollozó en su hombro.

Lauren la abrazó aún más fuerte, hasta darse cuenta de que ella estaba completamente desnuda de no ser por la sábana que torpemente cubría su cuerpo.

Pero como todos estamos desnudos bajo nuestra ropa, lo ignoró y hundió sus dedos en la gran melena naranja de la chica.

Lo único que repetía era "me violó" una y otra vez. A Lauren la violaban en promedio 8 veces al día, seguramente a ella también. No entendía por qué lloraba, ¿acaso la había lastimado tanto? Lauren mataría a quien la hiciera sufrir así. En su cuerpo no habían golpes como los del sádico George, pero tal vez los golpes esten escondidos en su alma.

~•~•~•~•~•~

Camila estaba aún despierta, sola.

No podía dormir, quizás eran los antidepresivos que su madre le daba —que por cierto, no daban ningún efecto en ella— y que le quitaban el sueño.

Ya le habían retirado el yeso y podía aplaudir para expresar su felicidad libremente cuando quisiera, pero lo único que le faltaba para hacerlo era felicidad.

Sin pensarlo dos veces, se levantó y se dirigió a la puerta. Con un movimiento incomprendido la abrió rápidamente.

Pasó a través de ésta, y una vez que se adentró, la puerta a su cuarto se cerró tras de ella; quitándo hasta el último rastro de luz que había en el pasillo.

Camila ahogó un gritó, pues le tenía miedo a la obscuridad, y ahora mismo se encontraba perdida en un pequeño y cerrado lugar negro... ¿Olvidé comentar que sufría claustrofobia?

La desesperación la invadió, comenzó a llorar en lo que sería un gran ataque de pánico. Tocó una pared y comenzó  a golpearla mientras las lágrimas salvajemente corrían por sus mejillas. Quería salir de allí, y no encontraba la puerta.

Rodó por la pared hasta otro punto de ésta, apoyó todo su peso allí y de la nada, una puerta se abrió.

Camila paró de llorar para atravesar esa puerta, aliviada de que ésto ya habría terminado; pero las lágrimas no tardaron en volver al ya estar dentro del lugar que daba la puerta: no era su habitación.

La chica del sótano se asombró mucho al encontrar ese lugar.
Era un pasillo con muchas opciones de hacia dónde ir, pues habían pasillos a la izquiera, a la derecha, entre paredes...
Todo estaba hecho de ladrillos, y alumbrado por... ¿faroles? Camila no supo lo que eran, pero habían muchas luces amarillas que le daban esa tonalidad al lugar, que era como un laberinto.

Ojos Alegría (La chica del sótano) - Camren.¡Lee esta historia GRATIS!