❝Después de un mes en un campamento de ciencias con Dustin, Will Byers regresa ansioso por retomar sus partidas de Dungeons & Dragons y pasar tiempo con sus amigos. Sin embargo, en el sótano de los Wheeler, hay una cara nueva: Finney Blake, un chico...
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THIRTY —SEVEN. ❝Amarte no sanará lo que él rompió, pero te prometo que aquí estarás a salvo a mi lado.❞ strange things — season four | acto two.
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Will era consciente de lo que pasaba a su alrededor, pero en ese momento no le importaba en lo absoluto.
Había pasado todo el día distraído en clases, ignorando por completo las lecciones de los profesores que no dejaban de hablar e incluso a sus amigos, quienes intentaron hablarle para ir juntos a la cafetería unas horas atrás. Su único pensamiento urgente era Finney. Necesitaba ayudarlo y, sobre todo, encontrar la forma de mantenerlo lejos de su padre para protegerlo de los golpes.
Lo meditó profundamente; buscó cada opción posible que no implicaría terminar la relación, tal como Terrence le había exigido a Finney. Sin embargo, para Will, hacer eso era simplemente imposible.
Tenía la desagradable certeza de que esto se convertiría en una complicación enorme para ambos. Ya no podrían verse con libertad ni salir sin el peso de la preocupación sobre los hombros. Si ya era difícil coincidir a solas en el instituto, ahora que el padre de Finney sabía lo que había entre ellos, era evidente que todo cambiaría de forma drástica.
Las salidas se habían terminado.
Ya no existirían esos encuentros en la casa de Finney, donde solían refugiarse en su habitación para compartir momentos a solas. Recordaba con nostalgia las horas que pasaban acostados, simplemente hablando de cualquier cosa o, cuando las palabras se agotaban, besándose para detener el tiempo. Will era muy consciente de que no volvería a pisar esa casa; hacerlo significaba exponerse a la violencia del señor Blake, quien ahora con seguridad podría asegurar que lo odiaba.
Soltó un suspiro pesado, sintiendo el agotamiento mental de todo un día cargando con ese peso. Con pasos lentos y cansados, subió al porche de su casa y buscó las llaves en su bolsillo. Estaba tan perdido en sus propios pensamientos que tardó unos segundos más de lo normal en encajar la llave, hasta que finalmente escuchó el click de la cerradura y empujó la puerta.