Capítulo 1

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Por fin ha llegado el día. Estaba deseándolo. El día en que me independizaría, sin padres, sin preocupaciones que no fuesen yo, y yo y solo yo. Aunque de todas formas mis padres están separados, y vivo con mi padre y la que llamo mi "brujastra". A mi madre la veo poco, ya que al divorciarse se marchó a vivir a otro estado. Al llegar a mi cuarto, veo a una chica de rasgos orientales, y aunque me cuesta, la saludo:

-Hola, soy Beca–. No recibo respuesta, tan sólo una mirada de desdén por parte de esa chica. ¿Pero quién se ha creído que es? ¡Qué zorra!

Después de instalarme, decido dar una vuelta por el campus, a ver si veo algún club de música, pero no de cualquier cosa, no... De DJs, que es lo que realmente me apasiona y a lo que aspiro ser. Sí, algún día me mudaré a Los Ángeles y me convertiré en una famosísima DJ. Paseando entre los clubes, me doy cuenta de que hay muchísimos más de los que imaginaba. Unos tienen más popularidad que otros. Por ejemplo, el de ajedrez está vacío, y no me extraña. ¿Acaso esperan que haya mucha gente que quiera pasar su tiempo con partiditas de ajedrez? Pff... yo creo que no.

De pronto, veo a dos chicas a mi izquierda, que tienen panfletos en sus manos, y parecen bastante desesperadillas, a decir verdad.

-¡Hola! ¿Te gustaría formar parte de nuestro club? –pregunta una chica pelirroja con una amplia sonrisa–. Ah, y, ¿cómo te llamas?

-Beca. ¿De qué es? –pregunto, algo abrumada, no sé si por el que me haya preguntado directamente o por el hecho de ver a una chica tan guapa hablarme.

-Somos un grupo de cantantes a cappella, cada año participamos para ir a las finales, y necesitamos a chicas para completar el grupo –responde la rubia que está a su lado–. Cantamos canciones de... -nombra gente que es del año la pera.

-Lo siento, yo no canto.

-Pues vale –la rubia se mosquea. ¡Como si me importara su estúpido grupito de niñatas cantarinas de canciones anticuadas!

-Las audiciones serán mañana a las cinco en el salón de actos, por si cambias de idea –dice la pelirroja.

-Vale –respondo, y enseguida me doy la vuelta. Después, me dirijo a la emisora del campus, para trabajar allí. Pero yo creía que pondría canciones, no que me tocaría ordenar los discos. Además, el otro ayudante está interesado en mí, y aunque es majo, no me gustan los chicos. ¡Que corte el rollo un poco!

Sigo estando algo huraña el resto del día, hasta que, después de clase, me voy a duchar. Voy cantando Titanium de David Guetta, hasta que entro en una de las duchas. Y sigo cantando, porque no hay nadie ahí para oírme, si no, sería incapaz. Me pone de los nervios estar rodeada de gente, y más que me oigan cantar, es un don que tengo pero que no me apetece compartir con el resto del mundo, al contrario que mi música.

Abrí el grifo. ¡Qué agradable sensación la de sentir el agua caliente recorrer mi cuerpo! Me ayuda a olvidarme de mis preocupaciones, es como quitarme un peso de encima. Sigo cantando, en voz más alta.

-¡Lo sabía! –dice una voz a mis espaldas, lo que me hace gritar y darme la vuelta bruscamente, se me cae hasta el gel que iba a usar, y mi corazón late a mil por hora.

-¡¿Qué...!? –voy a replicar, cuando veo que quien está ahí era la pelirroja de antes. ¡Me has asustado! –me fijé en que ella no llevaba nada puesto. Y cuando digo nada, me refiero, literalmente, a nada, y me pongo roja, y entonces me di cuenta de que yo tampoco llevo nada, así que cierro el grifo y me pongo la toalla encima como puedo–. Estás... estás...

-No me importa, yo no me avergüenzo de mi cuerpo –dice, como si nada.

-No me extraña –digo, sin pensar–. ¡Quiero decir, pareces muy segura de ti misma! –upss, por los pelos. No la iba a decir que es porque está buenísima.

Más Allá de las Notas (Bechloe)¡Lee esta historia GRATIS!