❝Después de un mes en un campamento de ciencias con Dustin, Will Byers regresa ansioso por retomar sus partidas de Dungeons & Dragons y pasar tiempo con sus amigos. Sin embargo, en el sótano de los Wheeler, hay una cara nueva: Jake Blake, un chico q...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
THIRTY FOUR. ❝ Necesito que el ruido pare. Por favor, haz que pare❞ strange things — season four | acto two.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Para Finney, los últimos cinco meses habían sido un calvario constante. Sentía un dolor punzante que le quemaba el pecho, una opresión que lo arrastraba hacia abajo, ahogándolo en las profundidades de sus propios miedos.
Estaba atrapado en un laberinto de pensamientos oscuros, convencido de que la felicidad le estaba prohibida. Se repetía a sí mismo que ese era su único destino: una vida de soledad donde nunca podría ser amado, ni se atrevería a amar a nadie más.
Después de todo, ¿cómo podría aspirar al amor alguien que se veía a sí mismo como un asesino? Se sentía pequeño, un simple miedoso esperando que su propia sombra terminará por consumirlo.
A pesar de la oscuridad que lo habitaba, Finney sentía un impulso débil de esperanza: alguien lo necesitaba. Will. Su Will. Él seguía allí, firme a su lado, ignorando los secretos atroces que él le guardaba, pero con una disposición tan pura para entenderlo que resultaba dolorosa. Después de la conversación que habían tenido esa tarde de miércoles, una certeza se instaló en su pecho. Byers lo esperaría el tiempo que hiciera falta. Will era su luz.
Qué podía apagar.
Sin embargo, el pánico volvió a reclamarlo esa misma noche. En cuanto se despidió para volver a casa, la realidad comenzó a deformarse. No era una simple alucinación; era una presencia física que lo hacía dudar de su propia cordura. Por tercera vez, la misma visión se materializó ante él: una cabina telefónica solitaria bajo la luz suave de la calle, con un teléfono que repicaba con una insistencia frenética, rompiendo el silencio de la noche de forma insistente.
Finney trató de pasar de largo, obligando a sus piernas a avanzar, pero el espacio parecía plegarse sobre sí mismo. Sin importar cuánto caminara, la alucinación lo devolvía siempre al mismo punto de partida, atrapado en un bucle infinito donde el único escape parecía ser contestar a esa llamada que no debería existir.