❝Después de un mes en un campamento de ciencias con Dustin, Will Byers regresa ansioso por retomar sus partidas de Dungeons & Dragons y pasar tiempo con sus amigos. Sin embargo, en el sótano de los Wheeler, hay una cara nueva: Jake Blake, un chico q...
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CHAPTER THIRTY —THREE. ❝A veces el amor no es suficiente, pero contigo siempre es todo❞ strange things — season four | acto two.
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La cantera estaba silenciosa.
Aun así, no lo estaba por completo. Se seguía percibiendo el murmullo de las aves ocultas en las copas de los árboles y el leve susurro de las hojas al desprenderse hacia la tierra. El agua de la laguna respondía con un chapoteo ante cada roca lanzada, rompiendo la superficie en ondas rítmicas. Pero a pesar de la aparente comodidad del paisaje, el silencio que quedaba entre los dos resultaba asfixiante.
Estaban sentados el uno al lado del otro, bajo la sombra de un árbol que los protegía de los pocos rayos de sol que lograban filtrarse. Will permanecía recostado sobre el hombro del pelinegro, sintiendo la calidez de su postura. Sus rodillas apenas se rozaban con un contacto ligero, casi accidental; no había más cercanía que esa, ni más gestos que compartieran.
Se habían mantenido así desde que llegaron: sin compartir una sola palabra, entregados por completo al silencio. Solo fingían disfrutar de la calma, aunque la rigidez de sus cuerpos dictaba lo contrario.
Finney, sumido en una distracción, lanzaba pequeñas piedras que se hundían en la laguna con un eco sordo. Mientras su mirada seguía el rastro de las ondas en el agua, su otra mano buscó a ciegas la rodilla de Will. La apretó con una suavidad deliberada, un gesto cargado con cariño que parecía un intento débil para sentir más su presencia.
—Me gusta estar así... —murmuró finalmente, rompiendo la densa quietud del bosque con una voz teñida de confesión— Contigo... a solas.
Will esbozó una pequeña sonrisa. —Este lugar es muy tranquilo —dijo, dejando que sus palabras flotaran en el aire— Pero con tu compañía es mucho mejor... el silencio ya no se siente tan incómodo —admitió, permitiéndose por un instante creer que esa paz sería permanente.
—No, no lo es —coincidió él, con voz baja.
Un nuevo silencio se extendió entre ambos, prolongándose por varios segundos que bien pudieron ser minutos. Will perdió la noción del tiempo; su mente se inundó con el peso de la fecha, recordando que ese día era vital para los dos. No todos los días se cumplen ocho meses con alguien, y mucho menos con el chico que había sido su primera vez en casi todo.