❝Después de un mes en un campamento de ciencias con Dustin, Will Byers regresa ansioso por retomar sus partidas de Dungeons & Dragons y pasar tiempo con sus amigos. Sin embargo, en el sótano de los Wheeler, hay una cara nueva: Jake Blake, un chico q...
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CHAPTER FIVE.
❝Ya te dije que no soy Max...❞ strange things — season three | acto one.
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Gwen se incorporó de golpe en la cama, con los pulmones ardiendo como si hubiera olvidado cómo respirar. Tenía el cuerpo envuelto en un temblor incontrolable y las palmas de las manos empapadas en un sudor frío que hacía que las sábanas se pegaran a su piel. En medio de esa oscuridad asfixiante, el timbre del teléfono estalló desde el pasillo; era un sonido agudo y violento que golpeaba las paredes, rompiendo el frágil silencio de la madrugada como un cristal roto.
Un escalofrío, cargado de un mal presentimiento, recorrió su columna vertebral de arriba abajo. Se deshizo de las mantas con torpeza y se sentó al borde del colchón. En cuanto sus pies descalzos tocaron el suelo, el frío del piso de madera se le filtró por cada centímetro de su cuerpo, mientras su corazón golpeaba contra su pecho con una fuerza intentando escapar.
Reuniendo un valor que no sentía en lo absoluto, se puso en pie. Sus pasos eran lentos, casi vacilantes, hasta que quedó frente a la puerta de su habitación. Esta se encontraba apenas entreabierta, pero comenzó a ceder poco a poco, chirriando suavemente como si una mano invisible la invitará a salir a la oscuridad del resto de la casa.
Gwen cerró el puño con fuerza alrededor del collar de cruz que colgaba de su cuello, sintiendo los bordes del metal hundirse en su palma como un motivo de reunir fuerza; lo apretaba contra su pecho buscando un escudo invisible contra lo que fuera que la acechaba.
Al cruzar la puerta y salir al pasillo, un vacío repentino en el pecho reemplazó su miedo: Jonathan y Jake no estaban. Los sofás, donde hasta hace unas horas descansaban, se veían ahora desolados, con los cojines fríos y las mantas ausentes, como si nadie hubiera estado allí en años. La casa de los Byers estaba sumida en una oscuridad pesada, una sombra antinatural que parecía devorar la escasa luz de la luna que intentaba filtrarse por las ventanas.