❝Después de un mes en un campamento de ciencias con Dustin, Will Byers regresa ansioso por retomar sus partidas de Dungeons & Dragons y pasar tiempo con sus amigos. Sin embargo, en el sótano de los Wheeler, hay una cara nueva: Jake Blake, un chico q...
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TWENTY —ONE.
❝¿Buena vista, Byers?❞ strange things — season three | acto one.
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Varios golpes secos resonaron en la puerta de la casa Blake, rompiendo el silencio de la noche. Tras unos segundos de espera, la madera crujió al abrirse, revelando a Gwen. Tenía el cabello revuelto y los ojos entrecerrados, con esa apariencia sonámbula de quien acaba de ser arrancado de un sueño profundo. Su mirada vagó por el grupo de forma ausente hasta que se detuvo en seco al ver a Jake. El impacto la despertó de golpe: su hermano estaba cubierto de hematomas, apenas logrando mantenerse en pie.
—¿Qué sucedió? —logró articular ella, con la voz teñida de preocupación.
—Es una larga historia —respondió Zach.
Gwen se hizo a un lado rápidamente, permitiéndoles el paso. Los tres avanzaron con torpeza hasta la sala, donde ayudaron a Jake a dejarse caer en el sofá. Un quejido agudo escapó de sus labios cuando el respaldo golpeó las heridas de su espalda; el dolor era evidente en cada facción de su rostro.
—¿Tienes un botiquín? —la voz de Will cortó el aire con una firmeza inusual, aunque el ligero temblor en sus palabras delataba la ansiedad que le oprimía el pecho desde hace rato.
Gwen asintió rápidamente, con la mirada perdida en los moretones de su hermano como si intentará despertar de una pesadilla. Salió disparada hacia la cocina, donde el eco de los frascos de vidrio chocando entre sí delataba su urgencia mientras rebuscaba entre las repisas.
Will dejó escapar un suspiro pesado, tratando de liberar la tensión acumulada. Se quitó la chaqueta y la arrojó sobre el brazo del sofá sin mirar dónde caía. Con una mezcla de cuidado y atención, se hizo espacio justo entre las piernas de Jake, quedando un poco más alto, obligandose a bajar la mirada un poco. En ese instante, la castaña reapareció y le extendió la pequeña caja metálica; sus manos temblorosas hacían que el metal tintineara.