Maratón 3/3

Camila se encontraba llorando mientras acariciaba su yeso. Su madre la abrazaba a un costado.

Vaqui, quemo maniquis con geral bonita sollozó.

—Seguro...

No le salían las palabras, simplemente no podía.

~•~•~•~•~•~

La noche anterior, Sinuhe había preparado la cena de su hija y se dirigía a entregarsela.

Apoyó la bandeja en su mano izquierda y con la derecha se posicionó a abrir la puerta del sótano, pero alguien lo hizo antes que ella, desde abajo.

La madre de Camila se sorprendió y espantó al ver a su hija enyesada tratando de salir del sótano, tanto que tiró la bandeja al césped, quebrando los vasos con jugo que éste tenía.

—¡Camila!

¡Vaca! ¡La mochila!

Su hija miró con dificultad a su alrededor, la noche asechaba el patio de la gran casa.

Su madre, automáticamente, sacó un pañuelo de su bolsillo y una botellita de cloroformo para emergencias como ésta.

Bañó el pañuelo en esa sustancia y rápidamente lo colocó en la nariz de Camila, haciendo que la aspirara y en segundos se desmayara, con su cuerpo dentro y su cabeza afuera.
Con los pies en el sótano y los ojos en el cielo.

Sinuhe se adentró al sótano y cargó a su hija consigo.

Éra así de fácil, si Camila hacía algo así, la dormía.
Su hija vagamente solía recordar lo sucedido, pero si así pasaba, le aseguraba que todo fue un sueño.

No tenía ningún cargo de conciencia. La verdad, a Sinuhe le gustaba dormir a la gente. Éra un hábito usado desde su adolescencia, con novios, padres, gente que no le agradaba, etc.

Como ésa vez que había dormido a sus padres con unas gotas para salir a encontrarse con su loco amor no tan adolescente...

Sinuhe era una joven rica, que se enamoró de un hombre casado. Nunca supo si fue amor de verdad o sólo un capricho, pero ella lo quería consigo a toda costa.

»—¿Cuándo te divorciarás, amor?

Sainu... Ya te lo he dicho, no es fácil. Debo persuadir a Rebecca de hacerlo y eso tan siquiera pasa por su mente. A parte, sabes que si lo hago puedo perder las acciones en la empresa.

¡Eso no importa! —se levantó de al lado suyo, en la cama—. Mi amor, sabes que lo mío es tuyo. ¿Recuerdas mi herencia? Es más de lo que tendrá Rebecca en toda su vida con la empresa. Divorciate de ella, por favor —besó sus labios—. Divórciate, quiero estar contigo siempre.

Veré que puedo hacer.

Sinuhe acomodó bien las sábanas que tapaban su desnudo cuerpo.

¿De verdad? —hizo un puchero.

Yo nunca miento.

Ella se abrazó a su lado.

Te amo, Simon«.

Su hija estaba deprimida por primera vez en su vida, ya no quería hablar y dejó de jugar con su muñeca y de ser esa chica que sonreiría aunque todo a su alrededor este mal.

Camila dejó de ser la gota de color en un mundo gris.

—Cami, por favor, come -suplicó su madre.

Ojos Alegría (La chica del sótano) - Camren.¡Lee esta historia GRATIS!